Mucho antes de que habláramos de neuroarquitectura, de healing environments o de psicología ambiental, Lluís Domènech i Montaner ya estaba planteando una pregunta profundamente contemporánea:
¿Cómo debería ser un lugar pensado para alguien que está enfermo?
Su respuesta fue el Hospital de la Santa Creu i
Sant Pau, en Barcelona.
Este hospital no fue diseñado como un único bloque, cerrado y compacto a la manera de su contemporáneo Hospital Clínic, de estilo clasicista y ecléctico, terminado en 1906 por Josep Doménech i Estapá; sino que Domènech i Montaner imaginó una pequeña “ciudad” sanitaria: pabellones independientes, conectados entre sí y rodeados de jardines, pensados no solo como un detalle decorativo.
El modelo imperante en esos años en Europa, sobre todo en Francia, era el “higienista” que proponía ese modelo de pabellones independientes rodeados de parques para favorecer la ventilación, el contacto con el sol y el aislamiento de enfermos.
La separación de los pabellones permitía que el hospital respirara. La luz natural, la ventilación, la presencia de vegetación, los patios y jardines introducían algo que hoy sabemos que tiene una enorme importancia para nuestro bienestar: la relación entre el organismo y su entorno.
Esa mirada arquitectónica en lo que a hospitales se refiere,fue sustituida luego de la aparición de la penicilina en la década de 1940. Al cambiar la forma de combatir las infecciones, la arquitectura hospitalaria eligió priorizar la eficiencia, la velocidad y la concentración sobre el aislamiento y el aire libre.
Volviendo a Domènech i Montaner, su diferencia respecto a estas teorías en boga estuvo en no solo introducir la naturaleza en el diseño. También llenó el espacio de color, mosaicos, cerámica, esculturas, ornamentación y símbolos.
Desde la psicología ambiental, podemos leer Sant Pau como un extraordinario ejemplo temprano de cómo el espacio puede influir sobre la experiencia emocional de las personas.
Hoy hablamos de los healing environments (1) como espacios físicos y organizacionales diseñados para reducir el estrés y promover el bienestar integral (físico, mental y emocional) de los pacientes, sus familias y el personal de salud.
Domènech i Montaner no disponía de resonancias magnéticas para estudiar la respuesta del cerebro ante un jardín, no podía hablar de cortisol, ritmos circadianos ni carga cognitiva. Pero era una gran observador.Y quizá ahí esté una de las grandes lecciones del Modernismo.
Antes de que pudiéramos medir cómo el entorno afecta al sistema nervioso, algunos arquitectos ya intuían que la arquitectura nunca es neutral para quien la habita.
Y quizá por eso resulta tan fascinante mirar un edificio modernista. Con los ojos de la neuroarquitectura descubrimos que algunas de las intuiciones de aquellos arquitectos siguen conversando, más de un siglo después, con lo que hoy sabemos sobre el cerebro y el comportamiento.
Porque las preguntas no han cambiado tanto como parece a primera vista:
¿Qué hace un espacio con nosotros mientras nosotros creemos simplemente estar dentro de él?
¿Cómo influye el espacio en la forma en que transitamos la incertidumbre de estar en un lugar desconocido, sin control de lo que sentimos física y emocionalmente?
¿Qué impacto tiene el ambiente en el personal de salud?
Lluís Domènech i Montaner (1850–1923) defendía una arquitectura profundamente vinculada a la cultura catalana, pero también abierta a la innovación técnica y a la recuperación de las artes decorativas. Fue profesor de Gaudí en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y compartió su entorno académico e intelectual.
En 1878, cuando tenía apenas 28 años, Domènech publicó el artículo “En busca de una arquitectura nacional” en La Renaixensa(11) Allí defendía que Cataluña debía construir una arquitectura moderna propia, capaz de combinar:
tradición + tecnología + artesanía + estructura + identidad cultural.
Como profesional, pero también como erudito y político, sostenía la necesidad de crear una arquitectura que representase a su nación con un sistema propio constructivo y ornamental, en un intento de modernizar la cultura catalana, rompiendo con el academicismo y el tradicionalismo español pero respetando los antecedentes históricos de su tierra.
Esa es una de las diferencias más importante con Gaudí, quién no tuvo una trayectoria política organizada, a pesar de ser un catalanista convencido. Y esa diferencia es clave en la interpretación que ambos hacen del Modernismo y el tipo de edificios que crean.
Sus lenguajes arquitectónicos terminaron siendo muy diferentes pero ambos compartían una idea esencial: la arquitectura debía integrar estructura, naturaleza, simbolismo y experiencia sensorial. No obstante, Domènech fué uno de los primeros en teorizar el Modernismo catalán, mientras que Gaudí llevó muchas de esas ideas hacia un territorio mucho más personal, filosófico y experimental.
La Pedrera y Sant Pau, son dos formas de mirar la misma realidad….
¿Quién encargó el hospital?
Pau Gil i Serra, era un banquero catalán establecido en París que murió en 1896 sin descendencia directa. En su testamento ordenó que una parte importante de su fortuna —más de tres millones de pesetas— fuera destinada a construir un nuevo hospital en Barcelona. Quería que fuera un hospital moderno, sometido a los principios del higienismo y que incorporara las innovaciones médicas y arquitectónicas más avanzadas. (2)
Pero Domènech i Montaner no fue el primer arquitecto elegido.
Los albaceas de Pau Gil convocaron un concurso en 1900. Se presentaron tres proyectos y el ganador fue Josep Domènech i Estapà. Sí! el mismo arquitecto que diseñó el Hospital Clínic. Su proyecto llamado Salud, fué impugnado por un tribunal formado por tres médicos que lo rechazó porque consideró que no cumplía las exigencias de higiene hospitalaria de un hospital moderno. Y ahí empezó el verdadero conflicto.
En 1901 el encargo terminó recayendo en Lluís Domènech i Montaner, pero Domènech i Estapà, el ganador inicial del concurso, publicó cartas en la prensa denunciando que no se habían respetado las disposiciones de Pau Gil. También hubo médicos que defendieron públicamente el rechazo de los proyectos iniciales.(3) Y , como no?! hubo problemas de dinero, éste es otro punto importante para entender el edificio que finalmente vemos.
Domènech proyectó inicialmente 48 pabellones, organizados como una auténtica ciudad-jardín hospitalaria. Pero el proyecto completo nunca llegó a ejecutarse tal como él lo había imaginado.
Finalmente se construyeron 27 pabellones, de los cuales 16 son modernistas; 12 fueron obra de Domènech y los restantes fueron ejecutados posteriormente por su hijo, Pere Domènech i Roura. Se inició en 1902 y se terminó en 1932.
El modelo de pabellones aislados que Domènech había estudiado en los hospitales europeos respondía a una determinada concepción de la higiene, la ventilación y el aislamiento de los enfermos. Pero los avances médicos y tecnológicos hicieron que algunas de esas soluciones quedaran obsoletas 30 años después.
El hospital que había sido concebido como un modelo de modernidad terminó necesitando un hospital nuevo más acorde con los nuevos tiempos.
La actividad sanitaria se trasladó en 2009 a un edificio contemporáneo porque los edificios modernistas ya no reunían las condiciones necesarias para la asistencia médica actual.
Domènech diseñó un hospital extraordinariamente avanzado para su tiempo. Su arquitectura respondía a la medicina, la higiene y la tecnología de principios del siglo XX. Si bien algunas de sus soluciones quedaron obsoletas, otras, en cambio, parecen sorprendentemente actuales.
Los pabellones, los jardines, la luz, la ventilación, el espacio abierto, la separación entre funciones y la relación con la naturaleza fueron pensados desde criterios médicos y funcionales de su época, hoy podemos volver a leerlos desde la psicología ambiental y la neuroarquitectura.
Un artículo académico publicado en el Journal für Facility Management (4), cuyo autor es Jaap G. Wijnja,se refiere al antiguo Hospital de la Santa Creu i Sant Pau como uno de tres casos históricos de healing environments, junto con el Sanatorio Zonnestraal situado en Hilversum, Países Bajos, construido entre 1926 y 1931 y el Hospital de Paimio, Finlandia, construido entre 1929 y 1933 y, como ejemplo contemporáneo, el St. Charles Medical Centre de Redmond, Oregón.
El artículo analiza la influencia del entorno en tres ejes: Salud, Estado de ánimo y Comportamiento.
En el apartado “Salud«, Wijnja destaca que las habitaciones eran luminosas y coloridas. Además, cada cama estaba situada junto a una ventana grande, la ventilación cruzada garantizaba la circulación de aire limpio.
En el apartado “Comportamiento”, explica que los pacientes normalmente permanecían en cama, pero durante el día, cuando el tiempo lo permitía, eran trasladados al jardín. De esta manera, el propio funcionamiento del hospital los llevaba a tomar el sol y respirar aire fresco.
Esto conecta directamente con la idea central del artículo: un entorno puede influir en el comportamiento de las personas y, a través de ese comportamiento, contribuir a su salud.
Sobre “Estado de ánimo”, refiere que la belleza arquitectónica, colores y esculturas, no eran solo un detalle estético, sino que se creía en su poder de generar bienestar psicológico.
Sant Pau es utilizado por Wijnja como evidencia de que el concepto de “healing environment” no es una invención contemporánea. Muchas de las estrategias que hoy se consideran innovadoras —naturaleza, luz, color, vistas, belleza y diseño orientado al bienestar— ya estaban presentes en este hospital de principios del siglo XX.
Y hay una comparación muy interesante: Sant Pau representa un enfoque histórico centrado sobre todo en el diseño físico, arquitectónico, mientras que el hospital contemporáneo que analiza Wijnja, el St. Charles Medical Centre, incorpora además el estado de ánimo y el comportamiento del personal como variable explícita del entorno terapéutico.
Los jardines y la luz: No solo olor a naranjos y alabastro
La documentación disponible en el Recinto Modernista (5) explica que los jardines fueron concebidos para proporcionar tranquilidad y contacto con la naturaleza, además de contribuir a sanear el aire. Se diferenciaron incluso jardines de invierno y de verano según la sombra y la entrada de sol.
La Fundación Sant Pau señala que llegó a calcular 145 m2 por enfermo, incluyendo los espacios verdes, una proporción excepcional para la época. El proyecto se planteó como una auténtica «ciudad jardín» hospitalaria. Podemos decir que su arquitectura ya utilizaba materiales que hoy investigamos bajo el paraguas de la biofilia y los entornos restauradores.
En el antiguo quirófano la entrada de luz natural tenía una función muy concreta: antes de que la electricidad fuera fiable, la luz natural era fundamental para realizar las operaciones. El alabastro permitía que entrara luz sin comprometer la privacidad.
La luz natural nació en Sant Pau como una necesidad funcional. Hoy sabemos que la iluminación es una variable imprescindible para el equilibrio psicológico y los ritmos circadianos.
Sant Pau no solamente puede ser reinterpretado desde la neuroarquitectura: actualmente el propio recinto se está utilizando como escenario para discutir la relación entre neurociencia, arquitectura, naturaleza y bienestar.
En 2025 se celebró en el propio Hospital de Sant Pau el Mind–Body–Space Global Symposium, (6)dedicado a trabajar sobre la intersección entre neurociencia, psicología y arquitectura.
Dentro del propio recinto existe además el Centro Kālida Sant Pau (7), diseñado por Miralles/Benedetta Tagliabue( EMBT Architects), que fue concebido explícitamente desde la idea de crear un entorno de apoyo para personas con cáncer.
El proyecto incorpora luz natural, vistas hacia el jardín, espacios interiores conectados con el exterior y vegetación, y ha sido descrito en publicaciones de arquitectura como un healing environment.
No es que la experiencia Kālida afirme que Domènech “tenía razón” sino que, más de un siglo después, arquitectos contemporáneos vuelven a intervenir en un entorno sanitario con muchas de las variables espaciales que Domènech había considerado esenciales: naturaleza, luz, relación con el exterior, escala humana y espacios para el encuentro como aporte al proceso médico.
Y de ahí su importancia como precedente histórico de las investigaciones actuales en psicología ambiental y neuroarquitectura.
Domènech no sabía lo que hoy sabemos sobre el cerebro. Pero diseñó un hospital partiendo de una intuición que la neuroarquitectura sigue investigando; el entorno en el que enfermamos también forma parte de nuestra experiencia de estar enfermos.
Actualmente no podemos medir en retrospectiva el impacto que ese entorno podía tener en cortisol, frecuencia cardíaca, estrés, ansiedad o tiempos de recuperación comparando pabellones; no podemos citar como evidencia que los jardines de Sant Pau mejoraran objetivamente la recuperación. Pero sí podemos leer retrospectivamente el edificio desde el marco contemporáneo de los healing environments.
Y precisamente por eso es interesante transitarlo. Sant Pau no es solamente jardín + luz + aire. También es color, ornamentación, símbolos, arte y pertenencia cultural.
Cuando Domènech colocaba las camas junto a grandes ventanales y organizaba los pabellones alrededor de jardines, no tenía ni idea de que cincuenta años después, el Dr Roger Ulrich, PhD EDAC, encontraría que una simple diferencia en lo que un paciente veía desde su ventana podía asociarse con diferencias en su recuperación.(8) (9).
Ulrich no ha podido demostrar que Sant Pau curara mejor, pero sí evidenció que lo visible desde una habitación hospitalaria puede tener efectos medibles en la recuperación de la salud de los pacientes.
Una revisión más reciente (10) sobre diseño biofílico en hospitales,confirma que “ las intervenciones de diseño biofílico y basado en la naturaleza en una variedad de instalaciones, se asocian con tiempos de hospitalización más reducidos, tasas de mortalidad de pacientes más bajas, niveles de dolor disminuidos, recuperación más rápida, ansiedad reducida y experiencias mejoradas para los pacientes, sus familias y el personal de atención médica”.
Esa revisión señala como conclusión la importancia de trabajar en metaanálisis rigurosos y cuantificación de las intervenciones biofílicas, para seguir avanzando en la generación de conocimiento de estos temas basado en la evidencia.-
Domènech no sabía lo que hoy sabemos sobre el cerebro. Pero diseñó un hospital partiendo de una intuición y un contexto histórico. Desde la psicología ambiental concluímos que si el entorno en el que enfermamos también forma parte de nuestra experiencia de estar enfermos, quizá cuidar un espacio sea, en alguna medida, otra forma de cuidar a quien lo habita.
Y tal vez ahí esté la vigencia de Sant Pau, recordarnos que la arquitectura no solo es el escenario de nuestras experiencias, sino parte de ellas.
Referencias
- https://www.sciencedirect.com/topics/nursing-and-health-professions/healing-environments
- https://rutadelmodernisme.com/autor/pau-gil-i-serra-es/
- https://fundaciosantpau.cat/es
- Jaap G. Wijnja, “Healthy Thinking”, Journal für Facility Management, n.º 11, 2015, pp. 55–67. https://journal.ifm.tuwien.ac.at/article/92/galley/92/v
(5) https://santpaubarcelona.org/es/
(6) https://healingspaces.one/symposium/
(7) https://www.fundaciokalida.org/es/como-te-ayudamos/centro-kalida-sant-pau
8) Ulrich, R. S. (1984). View Through a Window May Influence Recovery from Surgery. Science, 224(4647), 420–421.
10) Miola, Boldrini & Pazzaglia (2025)“The healing power of nature. Biophilic design applied to healthcare facilities.”Current Opinion in Psychology, 64, 102049. DOI: 10.1016/j.copsyc.2025.102049. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2352250X25000624
