Páginas: 448
ISBN: 9788492695072
Precio: 10€
El club de los viernes
Georgia Walker es una treintañera propietaria de una tienda de lanas. Tiene una hija de doce años, Dakota, resultado de una relación con un hombre negro que huyó despavorido al conocer la noticia del embarazo. Al verse sola y sin trabajo, Georgia tuvo la suerte de conocer a Anita, una jubilada que la ayudó a cubrir los gastos del negocio y posteriormente empezó a echarle una mano con la atención de la clientela. Las dos mujeres mantienen una gran amistad y tienen algo en común: ninguna quiere saber nada más del sector masculino. No obstante, el interés de un vecino en Anita y el regreso del novio a la fuga de Georgia pueden cambiar sus vidas de un momento a otro.Georgia, Anita, Dakota, Darwin, Lucie y algunas más se reúnen todos los viernes en la tienda para tejer un jersey a la vez (aunque lo que se dice tejer, tejen poco). En este club ríen y se distraen, la actividad les permite sentirse menos solas y conocer a otras féminas con las que trabar amistad. Jóvenes, adultas y mayores; en este grupo se reflejan diversos periodos vitales y formas de vida. En medio de esta tranquilidad, un buen día aparece Cat, una antipática mujer acomodada que parece dispuesta a fastidiar a Georgia… hasta que esta descubre que es una antigua amiga con la que no acabó demasiado bien.
Impresiones
El club de los viernes me atrapó desde las primeras líneas: su lenguaje ameno y la facilidad con la que los pasajes fluyen en manos de Kate Jacobs me introdujo en la historia sin dificultad. Alterna narración y diálogo, se lee bastante rápido y en ningún momento sentí que el ritmo flojeara. Sin necesidad de hechos trascendentales, consigue mantener el interés del lector por saber cómo se desarrollan las vivencias de este grupo de mujeres.
La novela pertenece al género realista, ese que tanto me gusta (incluso me ha recordado a algunos relatos que he escrito). Supuestamente el tema principal es la amistad, pero yo me quedo más con el carácter verosímil de la obra en su conjunto. Refleja a la perfección las posibles vidas de diferentes féminas en Nueva York (y esto se puede extrapolar a cualquier país desarrollado): la madre soltera y luchadora, la anciana viuda que se siente sola, la esposa mantenida sin aspiraciones en la vida, la joven emprendedora, la mujer con estudios y trabajadora, etc. Me parece un acierto que no se haya limitado a un solo grupo de edad, la variedad le aporta riqueza de contenidos y de este modo la representación social es mayor. A propósito del tema, me daba miedo perderme con tantos personajes, pero la autora los presenta con destreza y enseguida te haces una idea mental de quién es quién.
Por otra parte, me encantan las metáforas entre el punto y la evolución de las chicas en la novela, me parecen un detalle curioso y bien encontrado. Cada parte va introducida por una breve instrucción sobre cómo tejer, que a su vez tiene una lectura aplicada a la vida. Por si alguien temía que fuera una historia de abuelitas que hacen punto, no temáis: la lana sirve de excusa para unir a las mujeres y establecer esos paralelismos, pero más allá de eso no deja de ser algo fácilmente sustituible por otro tema (libros, cocina…), así que nadie debería echarse atrás por este motivo. Hablando del punto, los dibujitos de los ovillos de lana y las agujas son una monada, una bonita forma de adornar el texto.
Sin embargo, no todo podía ser perfecto. Para empezar, la organización de la novela podría estar mejor: a veces se producen cambios bruscos de personaje dentro de un mismo capítulo, y luego tal vez dedica unos cuantos a la misma mujer. Tampoco me ha convencido que no todas tengan el mismo peso; entiendo que una destaque por encima del resto, pero me habría gustado que K. C. y Peri (las únicas que no tienen fragmentos propios y cuyas vidas conocemos solo a través de las demás) hubieran estado al nivel de, por ejemplo, Lucie y Darwin. Si quieres hablar de ocho mujeres, hazlo bien y sin estos altibajos. Tal y como está, El club de los viernes no deja de ser una de esas novelas «para pasar el rato», pues se lee bien pero no consigue dejar huella.
Asimismo, he aborrecido las abundantes moralinas de las abuelas y personajes ancianos en general. Las considero un recurso bastante facilón, las típicas citas cargadas de sabiduría que apuntadas quedan muy bonitas pero entre ellas y la realidad va un trecho. Ese ímpetu por dotar la novela de una atmósfera «agradable», «entrañable», le resta credibilidad a la historia, pues no me creo que con una simple charla un personaje aprenda a ser más feliz (si solo lo hiciera una vez tendría un pase, pero se repite mucho). Digo lo mismo de la táctica de hacer que un personaje irradie felicidad para después arrebatárselo todo: me parece una treta muy vista y la novela resultaría más realista si las cosas se plasmaran de otro modo (ojo, no digo que lo que se narra aquí no pueda ocurrir, pero entre unas cosas y otras, da la sensación de que la intención de la autora era pasarnos unos cuantos mensajes propios de los manuales de autoayuda). El amor también está un poco idealizado, aunque dentro de lo que cabe puede tener un pase.
El final me
Enlaces de interés:
Web de Kate Jacobs
Mi valoración: 7/10