El comunismo requiere abolir la propiedad privada por la fuerza, lo que implica despojar a millones (colectivización), eliminar oposición (purgas), conseguir el control total del Estado (dictadura del proletariado o dictadura real).
El resultado inevitable de esa política es la resistencia de los hombres y mujeres libres y decentes, la represión del Estado criminal. la tortura, el asesinato y el genocidio.
Mas de un centenar de regímenes comunistas han fracasado desde 1917 hasta hoy. Ninguno logró la utopía sin coerción masiva. Václav Havel lo dice con claridad meridiana: "El comunismo tiene 100% de tasa de fracaso en libertad, pero 100% de éxito en crear tiranías".
Nosotros agregamos: "Si el nazismo ha sido prohibido por matar a 17 millones de personas, ¿por qué el comunismo, que ha matado a más de 100 millones, actúa desde gobiernos como el actual de España, sigue gobernando, aplastando, teniendo cátedras, partidos legales y camisetas del Che?"
Inexplicablemente, el comunismo, con el rostro descubierto o disfrazado de socialismo, sigue vivo y saludable, dominando incluso amplios espacios de la cultura y sembrando su maldad siniestra en el planeta, incluso en las democracias, sin que nadie se atreva a cortar la cabeza a la serpiente.
Algunos autores incluyen a Dios entre los asesinados por el comunismo, reflejando así el odio comunista a todo tipo de religión y su macabra afición a violar y asesinar a mujeres y hombres que tienen fe.
El comunismo no es una "idea noble que falló". Es un sistema diseñado para la violencia, la mentira y el control absoluto. Prohibirlo no es "censura": es prevención de genocidios. Y vigilar al socialismo no es paranoia: es memoria histórica.
Porque quien olvida a las víctimas del Gulag, mañana tendrá que explicarlas a sus hijos desde un campo de reeducación.
Para la supervivencia de la libertad, la democracia y la dignidad humana, el comunismo y su heredero camuflado, el socialismo marxista, deben ser prohibidos y borrados de la civilización humana.
Francisco Rubiales