El "cristianismo cultural" de Richard Dawkins, o la noticia que no es noticia

Por Daniel_galarza

Notición para los cristianos y todos aquellos que han criticado el nuevo ateísmo: el santo padre del ateísmo, el biólogo Richard Dawkins se ha "reconvertido" al cristianismo cultural. Sí, así como lo oye, Dawkins, el "rottweiler de Darwin" y autor de la "Biblia atea" El espejismo de Dios (2006) se "reconvirtió" al cristianismo, aunque sea con apellido. Un ateo que cambia de religión, ¿no es sorprendente? Bien, suficiente sarcasmo, hora de ponerse serios (más o menos).

La sorprendente noticia se origina en una entrevista del 31 de marzo a Dawkins en el canal británico LBC que en YouTube se encuentra con el título nada sugerente "I'm a Cultural Christian". La entrevista hizo que el tema se volviera noticia de último momento, con portales cristianos orgullosos de compartirla ( aquí otro, otro, otro, otro, otro, otro, otro más, uno de pilón) y comentaristas ansiosos por demostrar cómo el nuevo ateísmo sencillamente ha sucumbido ante "La" verdad del cristianismo, aún cuando todas las notas aclaran, en un renglón corto perdido entre los párrafos que la mayoría de sus lectores no leerán en realidad, que Dawkins no ha dejado de ser ateo.

Lo cierto es que todos estos portales cristianos se vienen enterando Richard Dawkins es un cristiano cultural... con poco menos de 17 AÑOS de atraso.

Ateísmo y cristianismo cultural

Hay que admitir que la entrevista a Dawkins sí trae consigo un mensaje que vale la pena discutir y analizar con mayor detenimiento, uno que otros comentaristas relacionan a su vez con la conversión al cristianismo de Ayan Hirsi Ali, la ex-musulmana y también admirada autora del nuevo ateísmo, pero dejemos ese punto para el final. Lo primero que habría que aclararle a todos nuestros amigos cristianos es que Richard Dawkins no se ha "reconvertido", como algunos aseguran gustosos. Lo que Dawkins aseguró en LBC es exactamente lo mismo que lleva diciendo, por lo menos, desde 2007, como lo muestra este artículo de la BBC de aquel año:

No soy de los que quieren detener las tradiciones cristianas. Este es históricamente un país cristiano. Soy un cristiano cultural de la misma manera que muchos de mis amigos se llaman judíos culturales o musulmanes culturales.

Dawkins también aclaraba a su entrevistador de ese entonces que, si es que hay alguien interesado en socavar la herencia cristiana, lo más seguro es que los encuentre en religiones rivales, no entre los ateos. Sus comentarios eran una respuesta al político conservador Mark Pritchard, que aseguraba que había una campaña para minar los valores cristianos de la navidad. Como se puede leer dentro de la nota, el debate sobre la cristianofobia anti-navidad fue algo que mantuvo la atención de sectores completos del gobierno británicos, cuando políticos como Pritchard aseguraban que eran los funcionarios seculares los responsables de tal asalto a la tradición.

Más sorprendente aún para muchos que siguen sin enterarse: el cristianismo cultural es una postura obvia, defendida por otros autores célebres de la no-creencia en dioses, como el filósofo Bertrand Russell, quien aseguró en su célebre obra Por qué no soy cristiano (1927). Para iniciar su legendaria conferencia, Russell explica que "quizás convendría intentar, ante todo, aclararles qué se quiere decir con la palabra 'cristiano'. Hoy en día se usa en sentido muy amplio por mucha gente." Entre esas varias definiciones,

puede encontrarse en el Whitaker's Almanack y en los libros de geografía, donde la población del mundo se dice que está dividida en cristianos, mahometanos, budistas, fetichistas y demás; en ese sentido, todos nosotros somos cristianos. Los libros de geografía nos incluyen a todos, pero eso es un sentido puramente geográfico, del que, supongo, podemos desentendernos. (Subrayado en negritas es mío).

Russell en efecto se desentiende de esta definición el resto de su obra, pero nosotros debemos retomarlo para mirar lo que hoy es un punto importante, mientras él lo usaba como ejemplo de trivialidad: que todos nosotros, por el hecho de estar en una cultura inherentemente cristiana, somos por definición cristianos, en el sentido de pertenecer a esa cultura, y en el mismo sentido en que englobamos comunidades y civilizaciones enteras de otras culturas en "budistas", "hinduistas", "judías" o "musulmanas".

Así que sí, Dawkins es un cristiano cultural, yo lo soy también y probablemente usted también, aún cuando nunca haya recibido una educación religiosa en el hogar, puesto que costumbres que nos parecen tan normales y hasta seculares, están culturalmente enraizadas en tradiciones y valores cristianos. Esta es una definición tan trivial de cristianismo, que solo en el contexto de las llamadas "batallas culturales y de identidad" podría tener alguna relevancia.

La política de identidad de Richard Dawkins (y compañía)

Ese es el punto importante, además de ser una completa ironía. Intelectuales como Richard Dawkins y Ayan Hirsi Ali, han expresado críticas duras ante lo que entienden por " políticas de identidad" por promover alguna clase de racismo oculto dentro de su discurso "woke" y representar una imagen falsa de lo que debería ser, presuntamente, una política secular, liberal y democrática. Pero Dawkins (y Ali aún con mayor fuerza) está pregonando precisamente una política identitaria conservadora, es decir, de "conservar" la cultura cristiana de su nación y de Occidente. Esto no es una interpretación o una especulación sobre sus intenciones. Dawkins es bastante claro:

No soy creyente, pero hay una distinción entre ser un cristiano creyente y ser un cristiano cultural. Por eso, me encantan los himnos y los villancicos, y me siento como en casa en el espíritu cristiano, siento que somos un país cristiano, en ese sentido. ...Estadísticamente, el número de personas que realmente creen en el cristianismo está disminuyendo. Y estoy feliz con eso.

Pero no sería feliz si, por ejemplo, perdiéramos todas nuestras catedrales y nuestras hermosas iglesias parroquiales. Por eso me llamo un cristiano cultural.

[...]

Ciertamente, si sustituyéramos cualquier religión alternativa, sería realmente terrible.

Y si regresamos al 2007, podemos ver que ese conservadurismo ya estaba presente y era la base de ese énfasis al reconocerse como cristiano cultural:

No soy de los que quieren purgar nuestra sociedad de nuestra historia cristiana.

Si hay alguna amenaza de este tipo de cosas, creo que proviene de religiones rivales y no de ateos.

[...]

Reconozco plenamente la importancia histórica y cultural [del cristianismo] en nuestro país.

Todos deberíamos ser conscientes de ello y celebrarlo.

Dawkins solo ha conseguido dos cosas, según observo: 1) alimentar la arrogancia de los más retrógradas conservadores, que están felices de mirar cómo el mayor ateo de nuestro tiempo "ahora" dice aquello que éstos siempre han defendido, un orgulloso y fuerte nacionalismo cristiano, basado en la necesidad cultural (y moral) del cristinismo por encima de todos los demás. Esto ya lo había hecho Dawkins con sus más que lamentables falsedades sobre la inexistente "ideología trans", dando a los transfóbicos de hueso duro mucho material para compartir y viralizar. 2) Volverse un converso auténtico, pero no uno del cristianismo cultural, que eso (grábeselo, amigo cristiano) ya lo era desde antes de publicar El espejismo de Dios; Dawkins se volvió un converso de la tan criticada política de identidad, aunque una claramente opuesta a la que él dice criticar "en nombre de la razón". En efecto, Dawkins apuesta por una identidad cristiana, tradicional, en contra de la "ideología trans", en contra de lo woke y en contra del Islam que, obviamente, se está colando a Occidente por culpa de los inmigrantes. El mensaje que vale reflexionar, entonces, es político y no religioso.

Algo como lo que más o menos encuentra el periodista Madoc Cairns en " Barbarism and religion", para The New Statesman:

Que los Nuevos Ateos estuvieran igualmente enredados con la política de su época es casi un lugar común: el auge y la caída del movimiento siguen casi exactamente la vida útil de la "guerra contra el terrorismo". Los objetivos del conflicto eran tan indefinidos como la guerra misma: el "eje del mal" se extendía desde la Iraq baazista hasta la Corea del Norte marxista-leninista. La frontera estaba en todas partes. También lo estaban los bárbaros. Gibbon, a lo largo de las 1.200 páginas de Decline and Fall, nunca llega a una definición de barbarismo. Solo sabe lo que los romanos hicieron: los bárbaros, los "gigantes del norte", están en todas partes donde él no está.

Ese fue, se podría decir, el punto: el fracaso de los valores universales para operar universalmente es más fácil de culpar que de remediar. El Nuevo Ateísmo podría, en futuras historias, entenderse mejor como una defensa no tanto del descreimiento, sino de un tipo particular de racionalidad.

Si me preguntan, esta guerra cultural que Dawkins y colegas dicen estar librando solo terminará en otro fracaso y en un posible daño a la democracia, los Derechos Humanos y el correcto entendimiento del pensamiento crítico. Mantenerse en la tradición y el tribalismo no son la opción ante nuevas amenazas (reales o imaginarias) contra la civilización, sino la adaptación y eventual evolución de la cultura, con todo y sus imperfecciones siempre mejorables en tanto se rescate lo que realmente tenemos que rescatar (y que el cristianismo, por cierto, siempre quiso aniquilar), como el pensamiento crítico y la aceptación de los demás sin importar nada más fundamental que su condición de persona. Y eso involucra ceder terreno en ocasiones.

"Oponerse a un dogma irracional promoviendo otro dogma irracional sería una traición a todo lo que amo y defiendo", escribía Dawkins hace no tanto. No se ha dado cuenta que eso es lo que, en gran medida, está haciendo.

SI TE INTERESA ESTE TEMA

* "Dawkins: I'm a cultural Christian", artículo de la BBC del 2007.