Una investigación dirigida por el Centre de Recerca en Epidemiología Ambiental (Creal), con la coparticipación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), esta estudiando los efectos de la contaminación (muestras de orina, saliva y sangre) en el desarrollo neurológico y cognitivo hasta su adolescencia de 102 niños de un colegio expuestos a compuestos organoclorados como el hexaclorobenceno (HCB) o metales como el mercurio, todos de elevada toxicidad. Cuando estos niños nacieron sus niveles en sangre de hexaclorobenceno fueron de los más altos que se han descrito nunca en Europa; cuatro años después se comprobó que su neurodesarrollo estaba tres puntos por debajo de la media en un test de evaluación del desarrollo neurocognitivo, en una escala de 100. Aunque se trata de una diferencia muy pequeña más adelante, cuando los niños crezcan, lo más probable es que los efectos detectados sobre el desarrollo neuroconductual sean irreversibles. Un caso como el de Erin Brockovich pero a la inversa.
Es de admirar esta investigación que aportará mucha luz sobre los efectos de los tóxicos ambientales en el sistema nervioso del bebé, niño y adolescente pero lo terrible es que debe haber mucha más gente afectada que no lo sabrá nunca. A la hora de presentar demandas judiciales, si se hacen, se argumentará que Erkimia ya no existe y no habrá ningún responsable, como ocurrió en el mayor desastre químico de la historia provocado por la multinacional Union Carbide en Bhopal (India)
PS: si tienen interés por la infancia y medio ambiente pulsen aquí y se enterarán del proyecto INMA.y