Revista Historia

El desvelado misterio de las enigmáticas piedras deslizantes del Valle de la Muerte

Por Ireneu @ireneuc

Cuando uno se da una vuelta por los grupos de Facebook llama poderosamente la atención la gran cantidad de gente que atraen los foros dedicados al ocultismo y a lo paranormal. Esto, que pudiera pensarse que es una estrambótica afición más de tantas que rondan por el ciberespacio, no lo es tanto, en tanto que simplemente mirando los comentarios y reacciones te das cuenta que el nivel intelectual de quien los sigue son, en muy alta proporción, de nivel medio, por no decir bajísimo. O lo que es lo mismo, una legión de gente a la cual la ciencia y su método racional simplemente no ha llegado. Esta situación, aunque choque, no es nueva y está desde la noche de los tiempos en la base de mitos, leyendas y oscurantismos varios fruto de la imposibilidad de una explicación racional del mundo que nos rodea ( ver El Tiempo del Ruido, el fenómeno inexplicado que atemorizó Bogotá). Hoy, un volcán se sabe como funciona, o los terremotos o el silbido del aire en una ventana mal cerrada y, aunque no se sabe todo, cada día se avanza en el conocimiento y se da luz a fenómenos extraños que no tienen explicación aparente. Y uno de esos fenómenos "paranormales" descifrados hace poco es el de las misteriosas piedras deslizantes del Valle de la Muerte.

Situado a caballo de los estados de California y de Nevada, los 13.518 km2 que ocupa el inhóspito y desértico parque nacional del Valle de la Muerte -Death Valley, en inglés-, forman uno de los puntos más áridos del planeta donde, a pesar de lo que pueda parecer, incluso existen peces autóctonos que se empeñan en vivir en los lugares más increíbles que puedan pensar ( ver El pez que nada entre el Diablo y la Muerte). Esta cubeta tectónica, formada por un conjunto de valles endorreicos (sin ríos de salida) de los cuales el más conocido es el Valle de la Muerte propiamente dicho, tiene su origen en lagos interiores que se secaron después de la última glaciación. Unos lagos que, debido a la falta de lluvias y a evaporar más agua de la que reciben, no son capaces de mantener una capa de agua permanente, dejando en su fondo grandes depósitos de sal que hacen el paisaje más yermo si cabe.

Fue justamente en uno de estos valles, en el conocido como Racetrack Valley, que los primeros exploradores, allí por el siglo XIX, descubrieron que, en la superficie seca del lago, habían piedras que tenían tras de sí trazas como de haber sido arrastradas durante centenares de metros. Pero... ¿qué o quién se podía entretener a mover piedras de varios kilos por el suelo en medio de un salar perdido en la inmensidad del desierto? Pese a las investigaciones efectuadas durante todo el siglo XX, no se llegó a ninguna conclusión, quedando en la zona de lo desconocido y lo paranormal.

Las explicaciones que se le dieron al fenómeno eran de lo más variopinto. Desde vientos fuertes capaces de mover las piedras, pasando por pequeños tornados, variaciones del campo magnético o actividad de fantasmas incluidos, el caso de las rocas deslizantes se mantuvo durante décadas en el más oscuro de los misterios. Sin embargo, a principios del siglo XXI, con el desarrollo de las técnicas del GPS y de las cámaras de seguimiento, los investigadores pudieron ver que las piedras se movían en épocas muy concretas, básicamente en invierno y no todos los años, aunque faltaba el testimonio de verlas moverse en vivo y en directo. Testimonio que acabó llegando en 2014 cuando unos investigadores obtuvieron pruebas fotográficas de cómo algunas piedras se movían muy lentamente por encima de la superficie del salar, desvelando el secreto que las empujaba a darse una vuelta de vez en cuando.

Como es sabido, los desiertos son espacios en que el calor es insoportable -de hecho, el Valle de la Muerte tiene el récord de la temperatura del aire más alta registrada en el planeta, con 56,7ºC - pero igual que se calienta, se enfría, por lo que puede llegar a helar por las noches ( ver La explosión de belleza de un desierto florido). En el caso del que estamos hablando, el salar de Racetrack Valley es un típico ejemplo de este bestial contraste térmico fruto de la falta total de cualquier tipo de cobertura vegetal. Contraste térmico que se acrecienta en llegar el invierno.

Es en invierno con la llegada de las escasas lluvias anuales a la zona, que el antiguo lago se llena con una capa de agua líquida de unos pocos centímetros de profundidad que malamente cubre las piedras del fondo. Un agua que, al llegar la noche se congela, pero que al salir el sol al poco rato se deshace. No obstante, en medio de este proceso de deshielo, se forman finas capas de hielo que flotan en el agua líquida y que, empujados por el viento, se acumulan en las piedras que sobresalen. De esta forma, las placas de hielo, favorecidas por la acumulación y por el pequeño oleaje, ejercen presión sobre las piedras, superando la fricción y arrastrándola lentamente por el fondo durante el breve tiempo en que las condiciones favorables se mantienen. Este efecto, llamado ivu o "tsunami de hielo" se sabe que se da en las orillas de algunos lagos grandes causando fuertes daños a las infraestructuras, si bien se desconocía que pudiera producirse a pequeña escala; fenómeno raro que estaría detrás de los misteriosos " racetracks".

En conclusión, que cada vez que las luces del conocimiento progresan, las sombras de la ignorancia y la superstición desaparecen. Mucho se ha adelantado desde que se pensaba que los truenos eran producidos por Zeus o Thor pero, por desgracia, con la moda de las " fake news" y las posverdades, la gente está ciega por fatuas luces de artificio que visten de conocimiento lo que en el fondo no es más que una burda manipulación. Triste el mundo que nos rodea, en que somos capaces de descubrir misterios insondables, pero en que la gente, a pesar de todo, sigue creyendo que la Tierra es plana.


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