El Dorado español

Por Aurora Moreno Alcojor @Alcojor

Un joven inmigrante senegalés revive su viaje en patera y sus primeros años en España en el libro ‘3052. Persiguiendo un sueño’. Un relato en primera persona, en el que Mamadou Dia muestra con toda su crudeza esta aventura hacia un Eldorado español que resultó no serlo tanto.

Portada del libro '3052. Persiguiendo un sueño'.
3052 son los kilómetros que separan Senegal de Murcia

Mamadou Dia llegó a 'tierra española' -como él dice-, a bordo de un cayuco donde vivió una de las peores experiencias de su vida y sin saber una palabra de nuestro idioma. Hoy, seis años después, se ha paseado ya por varias ciudades con su libro, ‘3052. Persiguiendo un sueño’, debajo del brazo y con un perfecto español con deje murciano, el lugar donde ha vivido todo este tiempo.  
Un libro que había sido una idea fija en su cabeza desde que comenzó este largo viaje, porque así se lo había prometido a sus amigos; algunos de los cuales emprendieron el camino unos meses después que él pero que nunca llegaron a su destino. 'Al principio era una promesa, luego se convirtió en mi forma de despedida para ellos'. Durante el viaje lo apuntaba todo, y así siguió haciendo en sus primeros años en España. 'El viaje en cayuco es durísimo, pero cuando llegas a España te das cuenta de que no ha acabado. En realidad, acaba de empezar. Es entonces cuando empiezas a ser consciente de todo lo que tienes que hacer: luchar por encontrar un trabajo, por conseguir los papeles, por un lugar donde vivir…'.

Era un 11 de mayo de 2005 cuando subió a la patera, comenzando así 'la aventura más larga, más peligrosa y más dura de mi vida', como escribe en el libro. 'Mucho más duro de lo que yo pensaba, porque en mi vida me había subido a un barco. El viaje está grabado en mi mente, al igual que en la de todos los que lo han hecho. Éramos 84 pasajeros en una embarcación de 12 metros, y no había plan B; no había otra solución. En wolof tenemos un dicho, que se puede traducir como O vivir dignamente o morir intentándolo, y creo que eso es lo que estaba en la mente de todos. Porque este viaje no lo hacemos por gusto, que no hay ningún sitio mejor que casa ni comida mejor que la de la abuela. Simplemente, es que era la única salida. No había otra opción para nosotros'.

Mamadou Dia, con las camisetas para ayudar
a financiar el proyecto en Gandiol. Fuente: Proyecto3052km 

Fueron ocho días enclaustrados en esos 12 metros 'y a partir del quinto día, supimos que estábamos perdidos. No veníamos ninguna señal en el radar. Además, a la mañana del sexto día desapareció Ibu, uno de nuestros compañeros. Supimos que no había aguantado más'. La esperanza era tan débil que Dia pensó que, si realmente escribía su libro, lo llamaría Los sueños perdidos, en recuerdo a los de tanta gente que quedaron en el camino.

Pero al llegar el octavo día, cuando no les quedaba apenas fuerzas, alimentos ni gasolina, vieron aparecer un helicóptero sobre sus cabezas. 'Fue increíble, los que estaban tirados en el suelo, los que ya no podían más, revivieron al momento, fue una fuerza inmenso que salió de dentro'. Volver a caminar, después de más de una semana al vaivén de las olas, el sol, y la deshidratación, no fue fácil, y Mamadou recordará siempre el apoyo de los voluntarios de Cruz Roja y aquella botella de agua que le ofreció una de ellas. 'Le quería decir que no, que no me llamaba 'agua' –un nombre de mujer, en Senegal-, hasta que comprendí que  'agua' se refería a la botella'-.

Aquella primera mano amiga tras tantos días de viaje le dejó una profunda huella. 'En ese mismo momento decidí que, en cuanto pudiera, yo también sería voluntario en la Cruz Roja, como aquella chica'. Y así ha sido desde hace ya varios años: 'he dado clases de español, he colaborado en clases de acogida... y es una de las mejores cosas que me han pasado en España'. Y lo mejor, que ha conseguido integrarse: 'Aquí tengo amigos, trabajo y un lugar donde vivir, que es lo que hace falta', pero no olvida que durante muchos años tuvo que compartir sus días tan solo con esta 'amiga que no terminaba de marcharse nunca, la soledad'.


¿Y ahora? Ahora el futuro está lleno de proyectos, para él y para Gandiol, su pueblo natal, en Senegal. 'El año pasado, al volver por fin a mi tierra, me di cuenta de que todo seguía igual. La misma situación que me ahogaba a mí, sigue presente en los niños y jóvenes de ahora. Las cosas no han mejorado y yo quiero hacer algo para ayudar”. Por eso ha decidido que todos los beneficios obtenidos con la venta del libro irán a parar a Senegal, donde prevé poner en marcha un interesante proyecto. Mi objetivo es que el dinero vaya destinado a la educación, que es el futuro y lo más importante. Pero quiero que sea algo sostenible, que dure en el tiempo. Así que lo que haremos será crear una granja, que pueda producir alimentos para vender y que dé trabajo a la gente. Y que los beneficios se dediquen a la educación de los niños'.