Revista Opinión

El drama de eloísa

Publicado el 03 agosto 2013 por Canchimalo @desembuchadero

EL DRAMA DE ELOÍSAELOÍSA es una colombiana de Etnia Negra que trabaja como operaria en una empresa donde fabrican zapatos, en Bogotá. Un día se le presentó una calamidad doméstica: Al trabajo, llamada que precisamente recibió el dueño del negocio, la telefonearon desde Quibdó para informarle de la muerte de su madre. Ella, que ya llevaba siete meses de trabajar con él, le dijo esto a su empleador: “Señor Pablo, ya usted sabe la emergencia que se me presentó, así que le ruego que me colabore adelantándome algo de los días que llevo de esta quincena”. Él le contestó: “Pero, Eloísa, usted de esta quincena apenas lleva tres días”.
Ella le manifiesta: “Sí, señor, y eso no me alcanzaría para nada; así que le pido encarecidamente que me pague lo de esos tres días, y que me adelante lo de otros cinco días más, que ya con eso me defiendo al menos para el transporte de ida, pues yo allá en Quibdó veo cómo consigo el pasaje de regreso, y esos días que me adelante me los descuenta de los otros días que trabaje cuando yo regrese del entierro de mi vieja”.
El jefe se queda mirándola de manera perpleja, y le expresa: “Usted debe entender que no es fácil que a uno le adelanten sueldo por unos días que no se han trabajado, cosa que para mí es más complicada hacer cuando no tengo la seguridad de que usted vuelva; de pronto regresa a Bogotá, pero nadie me da la certeza de que usted regrese a trabajar acá para pagarme el tiempo que le pague por adelantado. Déjeme pensar esto un rato, y ahora le doy la respuesta”.
Al cabo de media hora de cavilaciones, el jefe le dice a Eloísa: “Yo sé que usted podría empeñar algo de su casa; pero, para colaborarle al máximo, evitando que tenga que pagar intereses, creo que sería mejor que usted me deje algún electrodoméstico como garantía de que sí va a volver a trabajar acá. Me puede traer el equipo de sonido, el televisor, el betamax o cualquier otro aparato de valor, que yo sé lo devuelvo tan pronto usted regrese y haya trabajado los días que yo le pague por adelantado. No es que quiera ser desconfiado con usted, negrita, sino que en este país hoy en día uno debe desconfiar hasta de la propia sombra”.
Eloísa, presa de la angustia por la muerte de su progenitora, y llevada por la ansiedad de viajar lo más pronto posible, accedió a la insinuación de su jefe, y le llevó un televisor a color; emprendiendo el viaje a Quibdó con los $80.000 que le entregó su jefe, de los cuales $30.000 eran de tres días ya trabajados. El viaje se le hubiera complicado a Eloísa si con ella estuvieran viviendo los dos hijos que tiene en Quibdó, bajo el cuidado de una hermana, pues tendría que haber buscado con quién dejarlos en Bogotá, y habría tenido que dejarle plata a la persona que se encargara de su cuidado.
¿Y qué tal si viviendo los dos niños con ella en Bogotá hubiera tenido que llevarlos a Quibdó, teniendo en cuenta la precariedad de sus recursos económicos para el transporte y gastos de comida durante el viaje?, nada fácil. Eloísa regresó a Bogotá a los tres días del entierro de su madre, y cumplió el compromiso hecho con su jefe, quien efectivamente le devolvió el televisor sólo al día siguiente de haberse cumplido los cinco días que él le había pagado por adelantado.

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