El Encierro

Por Desmadreando @desmadreando

La forma más fácil de torturar a una madre es decirle que se quede en casa con dos pequeñas bestias enfermas a guardar reposo, no vaya a ser que la bronquitis se complique y termine usted en el hospital. No ellos, si no yo, internada por la locura transitoria gestada por escasos minutos de sueño que se logran sin que los ataques de tos incesantes interrumpan el descanso anhelado. Esto es lo que se produce en el encierro. La locura.

Algo parecido ocurre cuando llueve. Los días lluviosos son aburridos. Tediosos. Grises. ¡Y no se puede hacer nada más que jugar en casa! Pero aún con todo y todo el tedio está de invitado. Se sienta a tomar galletas de mantequilla mojadas con te mientras uno se esfuerza con todas sus ganas por hacer “algo diferente”. Algo diferente que no sea plastilina, acuarelas, pintar, jugar al escondite, hacer galletas, jugar a la escuelita, bailar al ballet, ver la tele, cantar, ver la tele, volver a pintar y todo vuelve a empezar. Todo esfuerzo es nulo. El Tedio está ahí viéndonos jugar aburriéndose de nuestros esfuerzos.

“Me aburro mamá”. Y todo el esfuerzo del día se va por un tubo.

A estas horas de la tarde yo también me aburro. Ese aburrimiento que pensaba que sólo ocurría en la infancia, pero no, los adultos también somos capaces de sentir esa frustración debida al aburrimiento y al cansancio.

Ataco la alacena buscando en el carbohidrato la energía necesaria para seguir de pie otra noche en vela.

Y sólo me queda abrir la ventana. Sentir ese golpe de frío en la cara mientras que mi cuerpo sigue cobijado por la calefacción de casa.

¡Cierra! se oye a lo lejos ¡El doctor dijo nada de corrientes!

Encierro.

Así que si saben de una madre disfrazada de reno que se ahorco con las luces de un árbol de Navidad háganse una idea de quién fue.

Y me entra la risa floja cuando me volteo y le digo a Critter:
“Ya no me aburro ahora me aReno”.

El Tedio se levanta y se va y las risas y el desmadre ocupan su lugar….

Ilustración de Paula Bonet.