Revista Cultura y Ocio

El encuentro

Publicado el 04 marzo 2017 por Argos

Desvelada e inquieta, como acontecía su vida cada noche desde hacía ya un año, Lilian se dispuso a recorrer los pasillos de la gran mansión de los McAllan, a la que llegó en calidad de invitada hacía unos días; su intención en aquella desapacible noche era la de encontrar una estancia en la que hubiera una chimenea encendida que aplacara su frío nocturno. Sus pasos la condujeron, quien sabe si por azar o certeza, hasta el comedor.Allí aún ardía el fuego que la señorita Sarah, la criada, se había ocupado de encender para la cena.En sus pensamientos, Broc aparecía ante ella con su acostumbrado atuendo de hombre distinguido, de barón, y la miraba cariñoso y sonriente sin decirle nada de palabra. Creía que había olvidado su cara, pero lo cierto era que aún recordaba cada facción como si las hubiera esculpido ella misma tomándose una licencia divina.De fondo, Lilian parecía escuchar el sonido de unos lejanos galopes de caballo. De pronto, un sonido seco desdibujó sus pensamientos arrojándola súbitamente a la realidad; alguien había entrado en el comedor a aquellas horas intempestivas de la noche y la había arrancado para siempre de su inconsolable nostalgia.
El encuentroÉl apareció tras ella portando un candil que dejó sobre la mesita de la entrada. Se acercó a ella por detrás, lentamente dejando que el sonido de sus pasos quedos delatasen su presencia.Ella escuchó aquellas señales y el roce de la tela de cachemir al moverse.
El encuentro Estando de espaldas a él, sin poder darse la vuelta, los pasos se interrumpieron. Unas manos fuertes y ásperas la agarraron de la cintura rozando su ribeteada muselina. No le hacía falta verle la cara para saber que era él. El roce vibrante de sus manos contra la tela de su vestido le hizo intuir el deseo de él y el suyo propio.La habitación de llenó de las sombras titilantes que el fuego de la chimenea dibujaba en las paredes. A ella le gustaba la sensación de sentirse querida, deseada, cuidada y respetada. Sin embargo, aquella espera comenzaba a hacérsele eterna, pues esperaba algo más.
El encuentro

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