Revista Salud y Bienestar

El entrañable testimonio de Manuel y Pedro, padre e hijo compartiendo coherencia evolutiva

Por Robertosancheze

Esto es sólo mi opinión, que cambia constantemente. No me creas. Crea la tuya.

El entrañable testimonio de Manuel y Pedro, padre e hijo compartiendo coherencia evolutiva

Manuel, re-aprendiendo a levantar troncos

(Hoy comparto el testimonio de Manuel, de 51 años, y su hijo Pedro, de 16. Encantado de que eventos como este sirvan para reunir y compartir en familia, para que padre e hijo vuelvan a jugar juntos. ¡Gracias Manuel y Pedro!)

No me costó demasiado decidir acudir al fin de semana paleolítico que se organizó en Mas Duran organizado por Soy Manada y Robert. Siempre me ha gustado el deporte y la vida natural, y la propuesta parecía encajar con mis gustos.

De todos modos, esas preferencias suelen ser una suerte de ideología difusa que solemos adoptar muchas personas como una especie de equipamiento de serie. Naturalmente, ¿quien va a admitir que no le gusta el movimiento y la vida natural?

Precisamente, por eso mismo podría pensarse que las actividades físicas y de nutrición que se proponían para el fin de semana podían ser un tanto más de lo mismo, en definitiva un poco de aire puro y algunos ejercicios gimnásticos. Sin embargo, no fue así…

Lo que se me enseñó fue un modelo de actividad humana basado en una concepción tradicional, yo diría casi genética, pero que en este momento del desarrollo humano aparece, sorprendentemente, como muy novedosa.

El entrañable testimonio de Manuel y Pedro, padre e hijo compartiendo coherencia evolutiva

Pedro, practicando travesías

En mi caso, las experiencias del fin de semana me han prestado una nueva visión del ejercicio físico y la nutrición entendidos como un todo que, en gran parte, nos hacen ser como somos. Ejercicios básicos y naturales, simplicidad y orden en lo físico; sentido común, racionalidad y acercamiento a nuestra identidad animal mediante las comidas que pudimos disfrutar durante el fin de semana. Muy acertado combinar ambas necesidades vitales. De ese modo pudimos relacionarnos con dos de las dimensiones más importantes de nuestra identidad como seres humanos. Como dijo Pau Oller, el órgano principal de relación con nuestro entorno es el estómago.

En cuanto a la actividad física, me pareció de esencial importancia destacar la interacción con los elementos inanimados de nuestro entorno: el suelo, las piedras, los troncos y maderas y cómo nos pueden servir para ejercitarnos.

Tampoco se descuidó la relación personal y humana entre todo el grupo y nuestros magníficos anfitriones de Mas Duran con los que pudimos compartir ideas, comida y experiencias. Todo ello nos permitió vivir las actividades con el ánimo y espíritu adecuados en un entorno natural magnífico.

Finalmente, en mi caso, la experiencia resultó más gratificante si cabe en tanto que pude disfrutar de la compañía de mi hijo adolescente que apartó por un fin de semana los juegos de ordenador y los mensajes de whatsapp para acceder a venir al encuentro y disfrutar de las actividades programadas. Creo que, como se dice, la llama ha prendido y uno como padre se siente complacido. Así, padre e hijo, viejo y joven, comimos, saltamos, corrimos, trepamos, cantamos y reímos con el resto de la tribu de un modo que probablemente no difiere demasiado del de otras tantas reuniones fraternales que seguro que se han celebrado, una y otra vez, en el mismo lugar y en la misma época del año desde muchos miles de años atrás, para festejar, sencillamente, la alegría de vivir.

Paz y salud para todos.

Manuel y Pedro Richard. 51 y 16 años.

El entrañable testimonio de Manuel y Pedro, padre e hijo compartiendo coherencia evolutiva

Manuel a punto de levantar a su hijo por los aires, trabajando en equipo con tres cavernícolas más de la tribu


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