Pedro Muñoz Boj ya adoraba el baloncesto cuando en Murcia aún estaba todo por hacer en este deporte. Aquella vez en que unos entusiastas de la canasta –Pedro Ruiz Morales, Antonio González Barnés y Gregorio Serna– embaucaron al empresario Juan Valverde Alcántara para que invirtiera en un equipo, Muñoz Boj, como figuraba en la espalda de su camiseta, fue de los primeros en incorporarse al plantel, cuya base provenía de los equipos de Maristas La Merced y el Aguas de Cantalar.
Entrenados por un profesor de Matemáticas, Manrique Cos Tejada, el Juver Basket Murcia debutó en octubre de 1985 con una victoria aplastante frente al Salesianos de Cartagena y con el concurso de un joven fornido y espigado, de apenas 22 años, al que ese mismo técnico definió este lunes, cuando le comuniqué su fallecimiento, como “un magnífico escolta y mejor persona”.
Pedro y yo nos habíamos conocido en aquellos años ochenta en La Manga del Mar Menor. Las familias de su novia y de la mía eran vecinas de la misma urbanización. Supe ya entonces, en nuestras conversaciones estivales, de su afición por el baloncesto y por eso, en la recta final de la temporada 1985/86 de Tercera División, fuimos a verlo jugar en aquel legendario partido entre el C.B. Cartagena y el Juver, disputado en un abarrotado Pabellón Central de deportes de la ciudad portuaria, con 3.500 hinchas al borde de la asfixia y la extenuación, por una plaza de ascenso a Segunda en juego.
Figuras de la talla del ex del Joventut y Barça, el internacional Luis Miguel Santillana, por los cartageneros, y el estadounidense con el que empezó todo, Randy Owens, por los murcianos, encabezaron los quintetos como estrellas contratadas a golpe de talonario para reforzar las plantillas. Pedro salió como titular aquel día, con el dorsal 14 y unas ganas locas de comerse al rival. Ganó su equipo, pero la renta no fue suficiente para superar el tanteo del partido de ida, disputado meses atrás en el pabellón Príncipe de Asturias y que habían ganado los cartageneros con cierto margen.
Su carrera deportiva, tras abandonar el Juver, lo llevaría a jugar en los equipos de Molina de Segura y Santomera, donde se retiró de la práctica cumplida la treintena. Estudió Biología y trabajó como director de calidad en la empresa de envases metálicos industriales Mivisa. Se había casado con Vicky, aquella novia de los veranos mediterráneos; tuvieron dos hijos. Este lunes nos dejaba tras bregar contra la enfermedad, a los 63 años, no sin antes haber sacado fuerzas suficientes para acudir, hace apenas dos semanas, al homenaje a Randy Owens, fallecido en 2015, y recoger una camiseta alusiva a la efemérides, junto a un puñado de compañeros históricos –Luis Gonzaga ‘Chaga’, Javier Arnal, Pepe Torralba y Marcial Domingo-, con la que el UCAM les obsequió como gesto de eterno reconocimiento al conmemorarse los 40 años de la fundación de la Agrupación Deportiva Juver Basket Murcia.
El cuerpo de Pedro Muñoz Boj, ese magnífico escolta en la cancha pero mejor persona en la vida, está siendo velado en el Tanatorio de Jesús, en Espinardo, donde este martes, a las 19 horas, se celebrará su funeral.
Descanse en paz.