Es cierto que una persona nace con unos rasgos, llamémosles de serie, que vienen marcados por la genética. Pero también es cierto que nosotros, sus padres y educadores, sus propias experiencias y el entorno en el que vive, moldearán esa personalidad de serie que tenía al nacer. El eterno dilema entre el fenotipo y el genotipo.
Después de mi corta experiencia como madre, he llegado a la conclusión que sí podemos incidir en la personalidad, las actitudes e incluso los estados de ánimo de nuestros hijos. Más les abrazo, más lo hacen ellos conmigo, más ordeno, más ordenan ellos. Si estoy triste, ellos están alicaídos y pesados... En estos primeros años de vida hay que aprovechar esa necesidad que tienen los pequeños de querer imitar a los mayores (mamá, yo ya soy mayor, me dice mi gorda de poco más de dos años). Quieren ser nuestro reflejo, quieren verse en el espejo de aquellos a quienes quieren.Educar a un hijo es duro y agotador, pero bien pensado, es también sencillo. Harán lo que vean que hacemos nosotros. Si pegamos, pegarán, pero si besamos, besarán. Así de simple.