DUELE, TODAVÍA HOY, una semana después, escribir sobre los efectos de la DANA. Singularmente en la provincia de Valencia, epicentro de la devastación, con más de 200 personas fallecidas y 845.000 afectados en 65 municipios; también en el pueblo albaceteño de Letur, en una zona no tan recurrentemente vulnerable como la valenciana, pero igualmente devastado. Y, si duele escribir sobre las consecuencias de esta apocalipsis, no quiero ni pensar lo que estarán pasando, y pasarán todavía durante mucho tiempo, los directamente afectados. Su angustiosa situación, el inenarrable dolor por las pérdidas humanas y materiales, merecen toda nuestra solidaridad y afecto, ahora y cuando el foco de los medios se vaya apagando. Rabia e indignación El malestar, la rabia y la indignación de los damnificados es perfectamente comprensible. Los vecinos de Paiporta estaban en su derecho de aprovechar la visita de los Reyes, el presidente del Gobierno y el de la Comunitat Valenciana para expresar sus quejas, sin necesidad de ningún estallido de violencia verbal o física, que en nada ayuda. Lo han perdido todo, y han perdido a muchos de los suyos en unas circunstancias tal vez evitables. Cualquiera de nosotros, en estas mismas circunstancias, tendríamos ese mismo sentimiento, una […]
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