... Antes casi no había filtraciones porque cada caso se escribía a mano o máquina y quedaba enterrado entre legajos de papel a los que sólo accedían el personal judicial y los afectados por la causa.
Ahora todo está en ordenadores interconectados a los que innumerables personas, incluidos los piratas, pueden entrar anónimamente y obtener datos en los rincones más secretos de cada asunto para después repartir infinitas copias.
Se acabó el secreto judicial. En España y en todo el mundo libre. Finish. C’est fini. Finito. Ende.
Y cualquier esfuerzo por revivirlo es vano, aunque una de las grandes las garantías prometidas por las constituciones de todas las democracias sea mantener ese secreto sumarial para preservar la intimidad y el honor de los ciudadanos.
A la “pena del telediario” que pasaban los famosos cuando acudían al juez, en especial los políticos, se suma la de la informática: llega la libertad de divulgación de bits.... Lea la crónica completa y vea a Salas pinchando abajo...