'el hacedor de sueños'

Por Trotacamino

Abrazando el Pico de la Miel

Existe una gran variedad de sueños. Sueños irrepetibles, sueños irrealizables, sueños balsámicos, sueños lejanos, sueños soñados… y los sueños que en estado de vigilia inocula “el hacedor de sueños”, Narciso de Dios Melero, protagonista de esta historia.

Narciso de Dios Melero

Narciso es un experto guía de alta montaña, valiente escalador, magistral esquiador, crítico conferenciante, tertuliano de radio y escritor, pero sobre todo es un “Mago de la montaña” que tiene la habilidad de transformar lo difícil en fácil, lo imposible en posible.

Su vocación docente rebasa la enseñanza y se convierte en una forma de ser, estar y hacer. Cuando Narciso aparece en tu vida se instala para quedarse, la desbarata, la desdibuja, la transforma y llena de color, serán cosas de la magia. Lejos de intentar comprender, con Narciso hay que vivir experiencias en la montaña, sueños únicos y personales, que “El hacedor de sueños” regala en un acto de extrema generosidad.

Comienza la aventura…

 Amanece un caprichoso día estival con amenaza de incesante calor. Todo está preparado y organizado para el encuentro. La joven Alba, intrépida escaladora, embargada por la ilusión del momento, ultima los preparativos antes de que pongamos rumbo hacia el madrileño pueblo de La Cabrera ,donde encumbrará junto al maestro el carismático Pico de la Miel.

Pico de la Miel, Sierra de La Cabrera

Yo, doblegada ante la tímida y amenazante roca, pero con la pasión y experiencia que me une a la montaña, ascenderé caminando e inmortalizaré la historia de ”el Mago y la Aprendiz” sobre papel. Pero como casi siempre ocurre, las historias no evolucionan como imaginamos, tienen vida propia y libre albedrio.

Escasos sesenta kilómetros nos separan del lugar acordado para la cita, los dominios de la afamada roca y residencia habitual del maestro cuando no se encuentra en el Valle de Benasque. Llegamos a la hora convenida. Narciso nos espera frente a un café que degusta en pequeños sorbos, quizá para digerir las noticias del diario que invade la mesa y que desprecia de inmediato ante nuestra llegada.

Tras un cálido recibimiento y un inmejorable café, iniciamos una distendida y concisa conversación sobre la ascensión al monolito. Es entonces cuando “El hacedor de sueños” con una mirada firme, segura, abnegada y altruista, pronuncia las mágicas palabras “¿Por qué no escalas con nosotros? Solo hace falta poner voluntad y lo conseguirás”. Comienza a forjarse el sueño.

Como si de un conjuro se tratase, las palabras de Narciso atrapan mi voluntad y lejos de anularla la fortalece. Casi de inmediato me invade una sensación de seguridad que se entremezcla con sentimientos de alegría y emoción que se escapan a mi control. Con la grandeza que imprime la humildad, el maestro sella el pacto con su habitual sonrisa y se dirige a por el material necesario para realizar la escalada los tres.

Iniciamos el camino hacia la base del Pico de la Miel. Narciso abriendo paso, con la agilidad y soltura del experto y gran conocedor del entorno, guía mis pasos y los de Alba, que ansia comenzar la escalada para disfrutar y aprender sin límite. Todos unidos por un objetivo común y distintas vivencias, en un acto que nos unirá para siempre.

Alcanzamos la base tras una corta y angosta subida. Custodiados por la hierática roca, a la que dirigimos nuestras miradas en señal de respeto y admiración, nos liberamos de las mochilas depositándolas bajo la sombra de unas encinas. Extraemos el material en un lento y pausado ritual.

Nos ajustamos los arneses y enfundamos los pies de gato. Narciso observa con la discreción del buen maestro e interviene con indicaciones precisas para evitar algún error, mientras organiza las cuerdas y el resto de instrumentos necesarios para la ascensión.

De manera sencilla, fácil, amigable y divertida “El hacedor de sueños” narra alguna que otra historia de las distintas vías de escalada del afamado Pico de la Miel. Todas las vías con nombre y nombradas, la Espolón Manolín, Ezequiel, Emilio, Bavaresa Blanca, Julito…todas con historia, todas con vida propia.

Llega el momento más esperado, la ascensión. Dos cuerdas nos unen a los tres, un cordón umbilical que alimenta la confianza, la fe, el compañerismo y trasmite la fuerza y el valor necesario para acometer la aventura. El maestro inicia el primer largo. Observo cada detalle, la agilidad de movimientos y firmeza de cada paso, la impecable técnica. Me embarga una inconmensurable sensación de seguridad.

Narciso de Dios Melero -Pico de la Miel-
Tercer largo enlazando con la segunda iterada de la vía Ezequiel

Desde una repisa Narciso grita “Vamos, ahora te toca a ti. Sube”. La cuerda se tensa levemente. Alba espera su momento con impaciencia y emoción. Mis manos buscan los agarres en la roca como si temiera despertarla de un aletargado sueño. “Arriba, tú puedes”, grita el maestro, y como si una invisible polea tirara de mi comienzo a subir, con fuerza y decisión.

Abrazando el Pico de la Miel, sin oprimirlo, a la distancia justa como indica el maestro, trepo por la roca con la seguridad que Narciso infunde con su sola presencia. Llego a la primera reunión, con dilación pero sin duda. La imborrable sonrisa de Narciso es un estímulo, el mejor seguro de toda la ascensión.

Nieves Alonso – Pico de la Miel-
Segundo largo, junto a la segunda reunión del Espolón Manolín

Alba asciende con soltura, disfrutando cada instante, viviendo su sueño con ilimitada felicidad y una sobredosis de jovial adrenalina. Las reuniones son cortas, el tiempo necesario para hidratarnos, conseguir una instantánea, observar cómo nos distanciamos del suelo y el espectacular paisaje que se magnifica según tomamos altura.

Alba Sánchez -Pico de la Miel-
En la fisura de la segunda tirada del Espolón Manolín

Los largos se suceden y poco a poco el camino se va fraguando. La belleza del recorrido radica en su variedad. Maravillosa combinación de vías que van desde las más sencillas y divertidas hasta otras que casan su dificultad con la grandiosa satisfacción del objetivo cumplido.

Superamos con satisfacción y orgullo los primeros largos de la Espolón Manolín. El maestro, en una clase magistral, nos indica como ejecutar la técnica de la bavaresa, en la cual debemos mantener el centro de gravedad del cuerpo fuera de la superficie de apoyo, en un alarde de valentía y obediencia, la ejecutamos junto a una sensación de desafiar al vacío.

Nieves Alonso y Alba Sánchez-Pico de la Miel-
Primera tirada del Espolón Manolín: movimientos en bavaresa

Enlazamos con la vía Ezequiel en el tercer largo para dirigirnos hacia un nuevo reto, la fisura de la vía Emilio. Narciso guía nuestros pasos y orienta para superar esta placa de unos 15 metros. El factor vertical nos asalta, pero una vez más la pericia y agilidad del maestro impulsa nuestros ánimos.

Nieves Alonso en la fisura de la vía Emilio

Con decisión acometo el desafío, quizá es el tramo más difícil, requiere concentración. El gozo es inmenso una vez superado el reto, siempre con las palabras de ánimo de Narciso que no dan cabida a duda. Alba disfruta, siente la roca, se funde en ella. Avanza, alegre, decidida, observa detenidamente la pared, estudia los movimientos para encontrar la ascensión correcta que le permita alcanzar el siguiente agarre. Nos alcanza y comenta emocionada “sin duda el mejor largo del camino”.

Alba Sánchez en la fisura de la vía Emilio

Pletóricas por haber conseguido dominar ese tramo y en plena explosión de júbilo proseguimos el ascenso. La mañana avanza con rapidez. Los rayos del astro rey inciden sobre la roca como si quisieran herirla de muerte y sobre nuestros cuerpos. Narciso asciende unos metros y en ese momento Alba acusa los efectos del calor, un leve mareo desata la voz de alarma.

El maestro con tranquilidad y determinación destrepa, controla la situación que en escasos segundos domina. La roca se alía con nosotros y ofrece una oquedad donde Alba se recupera tras hidratarse.

Narciso de Dios Melero y Nieves Alonso

Como sucede en la vida, el leve percance nos proporciona equilibrio, al más puro estilo ying y yang, y nos recuerda que las aventuras en la montaña son serias en materia de seguridad. Como dice Narciso “forma parte del juego”. Su figura se engrandece, el experto guía nos muestra los placeres más ocultos de la montaña a la vez que nos advierte de los peligros que en ella reisden. El conocimiento concede libertad en todos los ámbitos de la vida.

 Apenas quedan unos largos para alcanzar la ansiada cima. Retomamos la vía Ezequiel para seguir ascendiendo por una suculenta chimenea plagada de excelentes presas para pies y manos. Narciso con su buen humor inalterable nos grita “Cuidado no tropecéis con los agarres, son como orejas”.

Tomamos el último largo de la Ezequiel y nos disponemos a emprender la trepada final hacia la cima. Las fuerzas, un poco diezmadas, se sobreponen con la emoción del momento. Un ligero tirón de cuerda avisa de que ha llegado nuestro turno. Narciso convoca, es el momento de exprimir las últimas energías.

Alcanzamos la cima. La sensación de estar en lo más alto recubiertos por un techo de nubes es inefable. Saboreando la inmensidad en su máximo exponente, ahí donde no se respira más que libertad.

En la cima del Pico de la Miel
De izquierda a derecha
Narciso de Dios Melero, Nieves Alonso, Alba Sánchez

Dicen que el hecho se consuma una vez tocas el hito que encumbra la montaña. Alba fiel a su ritual, se encarama sobre él, pero para mí fue el abrazo en el que nos fundimos los tres compañeros de aventura, exultantes de alegría. Los brazos cansados se entrelazan y trenzan la unión. Lo hemos conseguido…esfuerzo, superación y compañerismo, una soberbia lección de vida.

El maestro nos confiere una última advertencia: la ascensión es solo el cincuenta por ciento del camino, no se debe desatender la parte restante. Tras un breve receso nos encomendamos al Callejón Soyermo, un camino a pie que nos devuelve a la base del Pico de la Miel.

Narciso nos infunde una última dosis de ánimo, nos esperan unas refrescantes cervezas y el deleite de una agradable tertulia para finalizar la jornada.

Croquis de la vía realizada -Pico de la Miel-
Longitud 250 metros

Al despedirnos el maestro nos sitúa frente a la roca, con un sencillo gesto de su mano dibuja en el aire el desafío. “Mirad lo que habéis conseguido”, esclarece Narciso. Es en ese momento cuando “el hacedor de sueños” nos invita a despertar.

“Gracias Narciso de Dios Melero por enseñarnos que la capacidad de superación del ser humano no tiene límites”.

Narciso de Dios Melero, “el hacedor de sueños”

 Reportaje

Nieves Alonso

Alba Sánchez