En ocasiones posteriores tuve la oportunidad de observar casos parecidos, en los que personas bilingües utilizaban su segundo idioma con soltura pero cambiaban automáticamente a su lengua materna cuando necesitaban expresar determinados pensamientos o sensaciones con una carga emocional intensa. Parecía que a pesar de que conociesen las palabras y expresiones necesarias para expresar sus emociones en su segundo idioma, este no era suficiente. Es decir, para expresar determinadas sensaciones e intenciones no bastan las palabras, sino que son necesarios también los sentimientos y la emotividad que van asociados sólo a la lengua materna. Y si esto me parecía interesante, más aún me fascinaba el caso contrario, es decir, el hecho de que expresar ciertas ideas o pronunciar ciertas palabras resultara más fácil en el idioma extranjero que en la lengua nativa. Me refiero concretamente a las “palabrotas” y las expresiones malsonantes en general.Estas palabras tienen una gran carga emocional, moral y cultural; no son cualquier cosa, no las utilizamos en cualquier contexto ni en cualquier ocasión. Por eso mismo, pensaba yo, debía de resultar más fácil, menos comprometido, utilizar sus equivalentes extranjeros, porque nuestra conexión con esas palabras extranjeras es mucho más débil, mucho menos profunda o íntima, y por lo tanto nos parece que tienen menos significado, menos potencia emocional. Esta era la sensación que yo tenía, la teoría inarticulada que daba vueltas en mi cabeza como un trapo en la lavadora, y que no me habría atrevido a compartir con nadie.
El lenguaje es portentoso y espectacular. Ya hemos dicho aquí otras veces que el lenguaje es el verdadero motor del mundo, lo que hace que funcione y lo que ha hecho posible la evolución del ser humano, las sociedades y las civilizaciones. Pero lo más admirable de todo es que esta capacidad nuestra para expresarnos mediante unos pocos sonidos articulados, siendo algo tan íntimo, tan inherente al ser humano y tan cotidiano, no deja de sorprendernos y de dar nuevas muestras de su tremenda y maravillosa complejidad, y de su influencia no sólo en nuestro pensamiento sino también en nuestros sentimientos.
*http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0081225