En ella se ve al fondo, del pequeño espacio abovedado, una abertura de traza vertical, ejecutado el conjunto en obra de albañilería muy desgastada, con ladrillos de formato generoso y de posible origen romano. Se desliza el agua desde el fondo de la abertura bajando por un trampolín recubierto de concreciones calcáreas hasta reposar en la poceta que vemos desde el exterior. No se ve mucho más allá, pero parece advertirse que el butrón busca una pequeña cuevita, excavada en la roca de la que mana el agua.
Desborda el agua con suave murmullo los bordes de la poceta para buscar tímidamente donde esconderse de nuevo. Es una maravilla permanecer en silencio en este humilde patio y tocar esa gélida agua que llora el pétreo y aparente seco peñón de la ciudad. Apuntamos en nuestro cuaderno de tareas pendientes ayudar a rehabilitar este edificio de vecinos y recuperar para visita pública este pequeño rincón singular.
Jose María Gutiérrez Ariashttp://www.consorciotoledo.org/manantial-del-cristo-la-luz/