En la tercera parte el autor intenta cambiar de registro e introduce elementos de intriga y de policías, pero demasiado previsibles.
La novela nos proporciona todo un recorrido por los grandes temas de nuestro tiempo, con una escritura intensa, inteligente; eso sí, el pesimismo que destilla puede ser contagioso, aunque la lucidez y la inteligencia son los mejores antídotos a la inconsciencia rampante.