Revista Historia

El metro, un pozo escondido y el río subterráneo de la estación de L'Hospitalet-Av.Carrilet

Por Ireneu @ireneuc

Paseando por el barrio del Centro de L'Hospitalet, muy cerca de la Rambla Just Oliveras ( ver Los misteriosos cuernos que habrían asesinado al alcalde Just Oliveras), no pasan desapercibidas una hilera de típicas casas de pueblo de una sola planta cuyos habitantes, en verano, incluso mantienen la costumbre de salir a tomar el fresco con su silla cuando ha caído el sol. Construidas en 1803 y ubicadas en la calle Santa Bárbara, estas vistosas casitas de construcción humilde son un relicto de lo que fue en el s.XIX el pueblo de L'Hospitalet, por lo que llaman mucho la atención. Y tanto la llaman que, justo enfrente de estas casas, pasa absolutamente inadvertida la estructura medio incrustada en la pared de un antiguo brocal de pozo. Un pozo, la historia del cual enlaza con un curioso río que circula entre las vías de la estación de L'Hospitalet- Av.Carrilet de Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya, casi a 1 km más al sur. Sígame y se la explico brevemente.

Si ha cogido alguna vez el " carrilet" en la estación de L'Hospitalet, seguro que le habrá llamado la atención una corriente de agua bastante importante que, noche y día, circula canalizada entre las vías en dirección a Barcelona. Ahora bien... ¿qué puede tener que ver este río con nuestro pozo escondido? Pues más bien todo, porque tanto el pozo de la calle Santa Bárbara, por mucho que en la actualidad esté seco y cenagado, como el riachuelo de la estación son testimonios de una de las principales riquezas tradicionales de L'Hospitalet: su abundancia en agua subterránea.

El hecho de que L'Hospitalet esté situada en la ladera de la sierra de Collserola ha hecho que las rieras que bajan de la montaña hayan depositado sus sedimentos a los pies de este relieve montañoso, justo en la zona donde llegaba a tocar el mar. Estos depósitos, formados por arcillas, arenas y gravas poco trabajadas (tienen poco recorrido erosivo) se encontraron con el avance del delta del Llobregat ( ver El delta del Llobregat, una costa en retroceso), que con sus arenas y gravas alejaron cada vez más la costa de los pies de Collserola. Esta particular geología conformó un substrato muy poroso perfecto para retener grandes cantidades de agua proveniente del río, las rieras y de la lluvia. Un recurso natural básico que el hombre ha explotado desde antiguo.

En esta situación, en que, a falta de agua corriente, la gente excavaba pozos para obtenerla, se hizo uno en la calle Santa Bárbara que obtenía el agua entre 3 y 5 metros de profundidad -de agua buena según testimonio del propietario. Y, efectivamente, así fue hasta principios de los años 80, cuando las obras de construcción de la prolongación del metro de la Línea 1 ( ver El puente de la Torrassa, el metro y el fallido intento barcelonés de anexionarse L'Hospitalet) obligaron a hacer una zanja de casi 10 metros de profundidad todo lo largo de la Rambla Just Oliveras. Ello hizo que el recorrido del túnel fuera por debajo del nivel freático y el agua se filtrara a saco en sus instalaciones, hasta el punto que, para evitar que el metro se inundase, se tuvo que poner una serie de bombas que absorbieran día y noche el agua que se colaba. Un agua sobrante que se vertía, sin más miramientos, al alcantarillado de la ciudad.

La extracción de aguas fue tan bestia (de los pozos ubicados en las estaciones de Rambla Just Oliveras, Can Serra y Torrassa, se extraen 202.500 m3 de agua anuales), que los pozos que aún daban servicio en el barrio del Centro -tal el caso de nuestro protagonista de la calle Santa Bárbara, ubicado a menos de 200 m en linea recta de la zanja del metro- a partir de aquel momento se secaron totalmente, obligando a su tapiado para evitar accidentes. Sin embargo, si el problema con el nivel freático era gordo en el metro, en la estación del "carrilet" ya llegó al culmen.

Efectivamente, si bien el Carrilet llevaba construido desde finales de 1912 con un trayecto que ocupaba la parte plana de la zona de contacto del delta (conocido como La Marina) con el piedemonte de Collserola (conocido como " Samontà "), no fue hasta que se iniciaron las obras de soterramiento de su trazado desde el río hasta L'Hospitalet durante la primera mitad de los 80, que el problema se demostró bastante más peliagudo.

Al transcurrir prácticamente todo por parte deltaica, el agua estaba mucho más somera que en el caso del metro de la rambla (que estaba en la parte del Samontà), con el añadido de que en la estación de L'Hospitalet, el tunel del metro y del carrilet se intersectan perpendicularmente en una zona que, en el año 1977 tenía el nivel freático casi a tocar de superficie. Esta ubicación tan particular hizo que el carrilet pasara por debajo de la zanja del metro y que se chupara todo el agua que procedía del acuífero superficial del delta, con todos y cada uno de los problemas que ello conlleva.

Así las cosas en la estación de L'Hospitalet-Av.Carrilet -a parte de hacer un túnel especialmente resistente a la infiltración- se construyó, al igual que en la estación del metro de la Rambla Just Oliveras, un pozo de 5 metros de profundidad y 95.000 litros de capacidad que recogía el caudal infiltrado y lo bombeara al alcantarillado. Un caudal que, en esta estación solamente, se estima de 174'3 m3/hora (48 litros por segundo) de media o, lo que es lo mismo, que él solito sería capaz de llenar el pantano de Foix en poco más de 2 años. Ahí es nada. Esta importante corriente de agua, recogida en el suelo del túnel -situado a 11 m por debajo de la calle-, correspondería al río que vemos que corre entre las vías, y es el que da continuos problemas de estanqueidad en todo el trazado, obligando a cortar el servicio cada cierto tiempo para reparar los daños producidos por la infiltración... si no se quiere ver convertido el tren en un submarino, claro.

Si bien en su momento este agua freática (tanto la del metro como la del carrilet) se desperdiciaba tirándola a la cloaca, actualmente, con el aumento de la conciencia ecológica por parte de la sociedad (y el precio del agua potable, para qué nos vamos a engañar), se acumula en diversos depósitos repartidos por la ciudad desde los cuales se extrae y se utiliza para el riego de calles, parques, jardines y del arbolado urbano. Una forma inteligente de compatibilizar las infraestructuras urbanas con las características de un entorno geológico particular que, a la vez que proporciona un recurso hídrico necesario, produce el curiosísimo espectáculo de un inesperado río subterráneo.


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