La víspera de "volver a la normalidad" todos pensamos que desde el día siguiente, las cosas nos irán mejor, porque nos tomaremos la vida con otro talante, sin menos angustia, con más orden... y que por tanto tendremos tiempo para ser felices. Y sin embargo, pasado el primer día, mil excusas nos hacen postergar esa búsqueda y el caos, desorden y prisas que nos generaban los niños en casa, ahora nos lo genera el trabajo, el jefe, un nuevo proyecto, el atasco...
Cuenta Alejandro Llano en su "Olor a yerba seca" que Martí, un amigo suyo, estaba haciendo el servicio militar. Asistía a una de las clases impartida por un capitán, al aire libre, a la caída de la tarde. La clase era espesa y Martí, despistado, miraba complacido al sol que estaba a punto de hundirse en el ocaso.
El capitán le interpeló:
- ¡Martí!, ¿por qué se ríe?
- No me río, capitán, me sonrío.
- Y ¿por qué se sonríe?
- Porque soy feliz
- Y ¿por qué carajo es usted feliz?
- Porque calienta el sol y no me duele nada
Y es que este es el mejor momento para ser feliz. Este. Ahora. ¡A por él!. ¡Disfrútalo!