El náufrago y la codicia
Había una vez un hombre que había naufragado en una isla en medio del mar. Hacía mucho calor y como tenía sed se puso de rodillas y juntando sus manos comenzó a orar:_Señor, estoy en una isla en medio del mar. Tengo mucha sed. Dame un coco de agua, por favor, Señor, un coco de agua_ Dios le dio el coco de agua._ Señor tengo frío, dame fuego. Por favor, Señor, dame fuego_ Dios le suplió el fuego.
Con tanto peso la isla empezó a hundirse y el náufrago puesto de rodillas comenzó a gritar:
_ ¡Señor, sálvame, sálvame por favor qué me hundo!
Autora: María AbreuSea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque El mismo ha dicho: NUNCA TE DEJARE NI TE DESAMPARARE. (Hebreos 13: 5)&version;