En 686, murió San Ultan, y Amado fue enviado a Breuil, bajo la vigilancia de San Maroncio (5 de mayo). La leyenda cuenta que cuando iban de camino, Amado quiso cambiarse de ropas en la parroquia de Cambrai y le metieron en un sótano sin luz. Pero Dios acudió a su ayuda y para cambiarse usó un rayo de sol que entraba por la ventanita, colgando en él sus vestidos mientras se cambiaba. Al llegar a la abadía, San Maroncio le recibió de rodillas, pues la fama del prelado le precedía, luego le pidió perdón por ser su captor. En su nueva cárcel, Amado ocupó una celda separada de los monjes, junto a la iglesia, de donde no salía, absorto en la contemplación. De vez en cuando le permitían dirigir exhortaciones a los monjes.
En 690, lleno de méritos alcanzados por su paciencia y mansedumbre, entró en la gloria.
A 13 de septiembre además se celebra a San Maurilio de Angers, obispo.