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El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)

Publicado el 27 febrero 2014 por Juanjo85
El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Contra la tradicional connotación peyorativa/despectiva del concepto de “secuela”El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
El padrino (The godfather, 1972) fue una magnífica revisitación del más clásico cine negro pasada por el filtro europeo tan de moda en los realizadores estadounidenses que surgieron en esa época (finales de los 60 del siglo pasado), en este caso, el melodrama familiar neorrealista italiano, personificado en la figuras de Lucchino Visconti y Federico Fellini. Realizada por un cineasta en ciernes, Francis Coppola, en quién la Paramount no tenía mucha fe, y que aceptó a regañadientes el encargo (así fue como la encaró siempre) de plasmar en imágenes la novela negra de Mario Puzo para poder emprender empresas no ya mayores (fue una producción de un presupuesto tirando a elevado para la época), sino más personales. Pero, por suerte para el aficionado, y por suerte y por desgracia para el director, quedaría marcado para siempre como el director que nunca pudo escapar de la sombra de sus padrinos. No excesivamente celebrada en su momento, hoy es un día es un clásico respetadísimo. Fue la última gran interpretación de Marlon Brando-  junto a la que creó, ese mismo año, para Bernardo Bertolucci en su El último tango en París (Last tango in Paris), ya que diez minutos de Superman (Richard Donner, 1978) no cuentan o no deberían contar, así como tampoco su labor en Apocalypse now (Francis Ford-Coppola, 1979), por significativa que fuera-, lanzó al estrellato a multitud de jóvenes intérpretes como James Caan, Robert Duvall, John Cazale o Al Pacino, convirtiendo en leyenda a éste último. Comercialmente fue un éxito atronador, así como también culturalmente, con un tema- la organización criminal conocida como la mafia siciliana- bastante olvidado en el cine desde los años 30. Su recaudación dotó a su realizador de un prestigio que, durante cierto tiempo, le permitió hacer lo que quisiera, como la extraordinaria La conversación (The conversation, 1974), un film de esos personales que Coppola ansió realizar durante toda su carrera y quizás, para los exégetas de su cine, puede que hasta el mejor de su carrera.El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Vistas las cosas, la continuación de El padrino era inevitable. Sólo cuestión de tiempo. Y tuvo un esplendor y una exquisitez que pocas veces se ha visto en un follow-up. Coppola y Puzo volvieron a estar a los mandos del guión, sacándose de la manga un as que se ha convertido en historia del cine por méritos propios: incluir los orígenes del patriarca de la familia, presentes en la novela original pero ausentes en el film original, incluyéndolos en forma de contraste entre el ascenso (los orígenes del patriarca) y la caída (el trágico porvenir que consigue dejar su hijo, un Al Pacino en tal vez el mejor papel de toda su carrera). El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Pero antes de nada, debatamos sobre el concepto de “secuela” en el cine, vista esta como la segunda y sucesiva parte de una película, y en el diccionario simplemente como “consecuencia o resultado de algo”. En la industria cinematográfica este concepto puede tener una connotación peyorativa, ya que puede tener parte de aprovechamiento de un filón económico (la gallina de los huevos de oro que fue el film anterior) y parte de una frecuente inferior calidad debido a la naturaleza de calco del original, no aportando nuevos elementos de interés al producto. Pero la continuación de El padrino tiene más bien poco de secuela; si acaso, e inevitablemente, el muy superior respaldo económico y una libertad creativa para sus responsables también bastante elevada. Dejando a un lado estas dos características a toda continuación, nada más soporta esta película la consideración despectiva de “secuela”, pues hoy en día no queda ningún aficionado al cine que se niegue a admitir que su continuación es superior al film original, por más que en el imaginario popular lo que ha quedado en la retina del espectador de varias generaciones ha sido el rostro de Marlon Brando como Vito Corleone, y no el de su hijo Michael, eje central de toda la trilogía.El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Decía que El padrino. Parte II tiene poco de secuela. Es una continuación hacia adelante y hacia atrás, lo cual da pie a admirar la inmensidad narrativa del film, que, como es lógico y en parte, continúa las andanzas de la familia Corleone unos años más tarde (1956-1961) de los hechos relatados en el film original, pero ilustrando, en montaje paralelo (y con un sentido atroz para el devenir de las tramas) y tomándose su tiempo (más de una hora del metraje del filme corresponde a esta parte, los orígenes de la familia (1901-1919) en Italia, con la posterior emigración a Estados Unidos de Vito Corleone, un Robert de Niro en su primer papel relevante de verdad en el cine, tras la notable Malas Calles (Mean streets, Martin Scorsese, 1973), y su instauración como jefe del crimen en la ciudad de Nueva York (esta parte estaba incluida en el original literario de Puzo, pero desechada para el primer padrino cinematográfico).El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Coppola afronta los dos períodos cronológicos con dos esmeradísimos estilos visuales que más adelante comentaré, que es lo que más destaca dentro de toda la magia arquitectónica que el realizador impregnó a posiblemente su obra más monumental, con un elenco interpretativo a la altura de las expectativas, destacando un Pacino con la expresión más nihilista de su dilatadísima carrera. Además de los Duvall, Keaton, Cazale y Shire, Caan aparece en un breve cameo en el celebrado flash-back pensativo de Michael, y también aparece Lee Strasberg (director del Actor’s Studio y co-fundador del Método). Seguro que me dejo unos cuantos merecedores de mención…El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
La narración comienza en 1901, con unos desafortunados y violentos incidentes ocurridos en Sicilia que obligan a Vito Andolini (más adelante Corleone), un niño de 9 años y con defectos en el habla, a huir a Estados Unidos, convirtiéndose en uno más de tantos inmigrantes que llegaban a esa parte del mundo en busca del American dream entre finales del siglo XIX y principios del XX. Ya vemos que la violencia será parte inerte del padrinoy de su vida. Al crecer, ya interpretado por de Niro, Coppola se cuida mucho de dotar al personaje de cualidades tan humanas como la rectitud moral, la prudencia, el honor, la honestidad y un profundo amor por su familia mientras vemos el control que Don Fanucci (la mano negra) un tirano que ejerce en la zona y cuyo poder acabará en manos de Vito Corleone al asesinarle en una extraordinaria secuencia en montaje paralelo (como todas las secuencias de violencia en la saga) al mismo tiempo que se celebra una festividad local. Así, se remarca el contraste que supone el ascenso de un padrino con el descenso de otro (su hijo en los tiempos modernos).El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Y en estos tiempos modernos las cosas han cambiado. La familia ya no reside ni en la Little Italy que encumbró al patriarca ni siquiera en la ciudad de Nueva York, sino en un impresionante caserón en la orilla del lago Tahoe, en Nevada (estado donde se encuentra Las Vegas, lo que da fe de su progreso en el gambling). Esta parte de la película da inicio con una fiesta: la primera comunión de uno de los hijos de Michael, mientras en el primer film era la boda de la hija de Vito, Connie (Talia Shire, la mujer de Rocky en la saga pugilística) y el cierre a la trilogía daba inicio con una ceremonia religiosa y la posterior fiesta en el apartamento de Michael de vuelta en Nueva York, de modo que vemos otro paralelismo en la saga, más allá de, valga la redundancia, los montajes paralelos en las escenas con contenido violento, y es la celebración familiar al inicio de cada relato. Durante la comunión conocemos la figura de un político corrupto (la política será la forma en la que Michael intentará legitimar a la familia, pero resultará un fracaso, como en la tercera parte fue la religión, fracasando por igual). Más tarde, también durante la fiesta, conoceremos a los secuaces de un gángster judío afincado en el estado de Florida (interpretado por el veterano Lee Strasberg), y también a Frankie Cinco Ángeles (personaje clave en el devenir posterior de la trama, que viene a ser el Clemenza del primer filme, el cual no participó en esta segunda parte), quejándose del trato que recibe por parte de la familia, ya que él todavía continúa en Nueva York. Quedan definidos pues los enemigos de los Corleone en este primer acto, el de planteamiento, de la continuación.El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Tras la fiesta, Michael sufrirá un atentado frustrado en su casa, cuya autoría el Don pronto atribuirá al gangster judío, pero que mantendrá las apariencias por negocios (un trato con el gobierno cubano y otros capos para una fuerte inversión en casinos de La Habana, de modo que se convertirían en los amos de aquél pequeño país. Así, Michael sigue el consejo que le dio su padre en el primer filme: “mantén cerca a tus amigos, pero más cerca aún a tus enemigos”. Antes de partir hacia Cuba, deja la familia a cargo de Tom (su hermanastro de origen irlandés, interpretado por un genial Robert Duvall). Aunque todo se iría al traste con el golpe de estado comunista promovido por Fidel Castro en el Año Nuevo de 1959 (hecho real que incluye Coppola de forma magistral en la trama, como en la tercera parte incluyó la muerte, natural o no, del papa Juan Pablo I), una parte de la película de una intensida dramática descomunal, pues Michael “sentencia” a su hermano Fredo (John Cazale), tras descubrir, por un descuido de Fredo, la traición de su hermano para atentar contra su vida tras la comunión de su hijo.El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
De regreso a casa tras la aventura cubana, Michael se encontrará con más problemas: a su relación, ya totalmente rota (“no eres nada para mí”) con su hermano, y a quién mantiene vivo por respeto a su madre, la madre de ambos y gravemente enferma (“eres responsable de que no le pase nada a mi hermano mientras mi madre viva “ le ordena a su mano derecha. Además, se entera de que su mujer ha decidido abortar el nuevo bebé que esperaba con Michael, ya que no podía traer a otro niño (varón además, lo que acentúa la ira y deshonra de Michael, de ideología conservadora, lo que le llevará a despechar de forma definitiva a su mujer) al mundo en el que convivía con su marido. Pero el problema más gordo, al menos para el futuro de la familia como empresa, vendrá por parte del político corrupto de la fiesta: se ha abierto una investigación en el Congreso norteamericano contra el crimen organizado, y el estado tiene una baza inmejorable: el testimonio de Frankie Cinco Ángeles, convertido en testigo protegido. Pero Michael hará uso de todo su poder para evitar la prisión secuestrando al hermano de Frankie y llevándoselo al congreso el mismo día que Frankie tiene que declarar. Resulta una escena, una vez más, de una intensidad y de una calidad sólo al alcance de un realizador en la cima de su talento: no hace falta decir nada, sólo un cruce de miradas, primero entre Michael Y Frankie, y luego entre Frankie y su hermano, entre la multitud que abarrota la sala, para que Frankie sepa que no debe hablar.El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
El honor de la familia ante la opinión pública está salvaguardado, y Michael ajustará cuentas con todos sus enemigos: primero con Hyman Roth, el gángster judío, luego con Frankie (por mediación de Tom, en otra bellísima escena, en la que los agentes federales dejan que pase para hablar con él y “aconsejarle” el suicidio como método para limpiar su nombre y servir a su familia del mismo modo que hacían los traidores en el antiguo Imperio Romano, y, finalmente, con su hermano, el hermano débil y tonto de la familia pero de gran corazón ("¡No soy un imbécil! ¡Soy muy listo y merezco respeto!") le grita a Michael suplicando su perdón). culpable de alta traición (ese abrazo, ese beso de rabia, ese "¡sé que fuiste tú Fredo! ¡Me destrozaste el corazón!” en la fiesta de fin de año en La Habana)…El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Los entresijos de los negocios, así como el devenir del histórico, parecen encontrar su parangón en un plano íntimo, que es donde en definitiva radica la auténtica esencia del drama, que no es otra que el sino de Michael Corleone: si en la primera película habíamos asistido al cambio de pensamiento y a su aceptación de heredero natural de Don Vito (pese a que su padre nunca pensó en él como sucesor, ya que quería que fuera alguien con una posición social reconocida y, sobre todo, legal), en esta continuación vemos cómo Michael se va quedando progresivamente más y más solo, y ese hermetismo también se refleja en el nevado paisaje de la mansión de los Corleone en aquel invierno que, en los últimos compases de la película, parece que nunca terminará. Fuma compulsivamente y es adicto a las pastillas. Su relación con Tom es de lo más fría, teniendo éste que capear constantemente los temporales en los que le mete su hermanastro, cuando en el primer filme, él y el consigliere tenían una relación mucho más cálida. La hermana menor, Connie, se ve bloqueada económicamente tras ser una golfa y desafiar a su hermano, aunque finalmente decidirá apoyar a Michael, pero le pide –como sutil moneda de cambio- que perdone a Fredo. El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Pero Michael no está por la labor, Le quema que su propio hermano diera luz verde a su asesinato y decidirá ejecutarle. En la última secuencia de la película, Michael reflexiona en una soledad que sólo sus ojos revelan lo mucho que le está matando, con una expresión de derrota moral, y recuerda cuando, no muchos años atrás (en una escena en la que aparece el último hermano en discordia, interpretado por James Caan, quién iba a ser en principio el sucesor de su padre a los mandos de la familia y que fue asesinado en el primer film) también se había sentido solo por decidir alistarse en el ejército, por no querer seguir los designios de su familia. El alcance de su dolor queda patente en otra secuencia en la que, casi entre tinieblas, habla con la mamma –en la última escena en la que ésta aparece viva- y le pregunta si, tratando de preservar la familia podía terminar por perderla. Su madre le dice, en italiano, que nunca perderá a la familia. El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
Si tomamos en consideración que en 1974, cuando Coppola terminó la película, no se le pasaba por la cabeza la posibilidad de completar una trilogía (su cierre llegaría tres lustros más tarde, en una situación de desesperación económica para su autor) entenderemos que la historia se culmina al modo de una auténtica tragedia griega (y de las más modernas de Shakespeare: no olvidemos que toda la trilogía es un compendio de muchas de las convenciones temáticas que planteaba el dramaturgo inglés en El rey Lear, MacBeth e inclusoHamlet): con las ansias frustradas de conseguir legalizar los negocios de la familia. Pero termina con la familia completamente desestructurada, ya que la madre muere, el hermano asesinado, Michael y Kay se separan, la relación con Tom se enfría (en la tercera parte ya no aparecería, inventándose Coppola su muerte por cáncer) y con la puntilla de asesinar al propio hermano, a la propia sangre, “al hijo de mi madre, al hijo de mi padre”, como decía entre sollozos, Michael al futuro papa en la tercera parte mientras recibía el sacramento de la confesión. Así, podemos decir que en El padrino. Parte II, asistimos tanto al nacimiento como al funeral de la familia Corleone.El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)
La monumental y compleja continuación de El padrino consiguió seis estatuillas, entre ellas la divina trinidad (película, director y guión), pese a que éxito comercial se vio reducido. Además, Coppola fue nominado, en su faceta de director, por partida doble, ya que también competía por su trabajo en La conversación, a la postre mejor película en el prestigioso festival de Cannes. El padrino. Parte II es una película que todo el mundo que valora el cine debería ver, cuyos valor artístico trasciende el puramente cinematográfico, para convertirse en historia del siglo XX, mostrando a la mafia como parte integrante del americanismo, según el cual si algo da dinero automáticamente se convierte en bueno.El padrino. Parte II (The godfather. Part II, Francis Ford-Coppola, 1974)     
        

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