El Partido Único
Me vino la idea de repente. Me pregunté cómo no lo había visto antes. Mucho antes. De tan sencillo y evidente, se escapaba de mi percepción. En toda Europa, en todos los países, y en USA, Canadá y Australia, hay un solo partido político. Así que cuando vamos a votar, siempre votamos el mismo partido. En el vivir, todo son ilusiones.
Ahora hay otras elecciones en España. Perfecto. La gente se discute. Algunos resultan agrios, peludos, malsonantes. Que si las derechas, que si las izquierdas, que si el Nuevo Frente Popular. Pobrecillos. Todos viajan por el mismo canal, el mismo caudal, para desembocar en el mismo lago.
¿Me estoy equivocando? ¿Me he vuelto loco? Todos, en todos los países, defienden a sus élites, las que pocas veces se muestran públicamente. Unas élites que cada vez están más enlazadas (bueno para la paz), aunque a veces se enzarzan para apropiarse de trozos del pastel mundial. Entonces hay una guerra (Irán, Ucrania, Yemen, etc.). El caso más estúpido y trágico que recuerdo es la Primera Guerra Mundial, con millones de muertes que no pertenecían a las élites.
Aquí en Catalunya la gente se queja de la vivienda y de los trenes. Los trenes no van desde hace 25 años. Falta vivienda desde que tengo uso de razón. Solo viendo cómo crece la población y de qué manera (acude a tu IA de confianza…) se entiende perfectamente. Es un crecimiento de población que hace los ricos más ricos, aquí, en USA y en Suecia. Los trenes no funcionan porque no se invierte. Los autobuses y el metro, la energía, las bases financieras, la Defensa, etc., lo mismo. Se crece pero no se gasta en la sociedad. Oye, así también hago yo de presidente de lo que sea. El país está sobrecargado de deuda, este y todo Occidente. La deuda es un juego de suma 0. Hace débil al deudor. El poseedor de la deuda se lo va a quedar todo. Ningún partido habla de eso, por supuesto. El amo es el amo. Te entretienen, te despistan con temas menores, se discute sobre el color de las farolas. Que si los árbitros, que si los pantanos, que si los derechos de no sé quién. No, no va de eso. Va de que ni vemos las vallas del corral donde masticamos hierba.
Creer que un cambio va a mejorar las cosas es no recordar lo ocurrido en las tres últimas décadas. O los últimos 30.000 años, cuando con el Neolítico aparecieron los primeros excedentes y con ellos las primeras jerarquías entre los grupos humanos. El bueno de Tomasi di Lampedusa lo decía en el Gattopardo, «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Ve a votar, pero con la conciencia de que votas a una de las familias de un mismo partido. A un simple lobby. Sé alegre, no te quejes. La libertad individual y tus derechos sin repercusión son lo primero. ¿Te gustan las bufandas azules o prefieres las verdes?
Vota, no te cortes, vota. Pero recuerda. Y mira en qué gasta el Estado. Es información pública. Y pregúntate porque es No Pública los poseedores de deuda española. Y no está de más preguntarse porque hay más multimillonarios hoy que a principios de los 90’, cuando el PIB de Europa estaba en lo alto.
¿Cuál es la solución? Aquí la cosa se pone muy jodida. Nuestro sistema ha dejado de funcionar bien. Hace mucho tiempo. Los datos lo están demostrando desde hace más de treinta años. Se va a hacia un eterno estancamiento sin oportunidades para la inmensa mayoría de la gente. Cualquier solución viene por recetas muy drásticas, imposibles de aplicar hoy. ¿La vivienda se arreglará, los trenes funcionarán, podrás pisar un hospital y ser bien atendido? No, claro que no. Lo contrario es engañarse, no reconocer que estamos enfermos.
Y como esto es un blog de literatura y ya he citado a mi amigo di Lampedusa, os dejo otra cita. «La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes; en la dictadura no tienes que gastar tu tiempo votando». ¿Sabéis de quién es? ¿Quién dijo esto?