Revista Espiritualidad

El planeta oculto

Por José Luis Cano Gil - Psicoterapeuta

1. Uno de los momentos más importantes de mi vida fue cuando mi viejo psicoanalista (ya fallecido), terminando yo mi formación y mi terapia, me dijo enfáticamente tomándome del brazo:  "José Luis, crea tu propio método". Esa frase me conmocionó. Me hizo ver nítidamente que la clave de un buen terapeuta no es copiar pasivamente las técnicas de otros, sino adaptar creativamente a la propia forma de ser todo lo aprendido de muchas fuentes y  maestros. Sólo entonces el terapeuta no será un autómata, un lorito mecánico, sino un ser humano empático y flexible. Por eso ningún terapeuta es igual. Aunque las ideas psicodinámicas sean las mismas, la forma de entenderlas y aplicarlas será muy distinta según cada profesional. Por eso este oficio es un arte. 

2. Una de las claves de la psicodinámica no son las respuestas, sino indagar a fondo en las preguntas. A diferencia de aquel borracho del chiste que buscaba, en la noche, la llave perdida junto a la farola porque era el único lugar con luz, el terapeuta debe buscar donde, según su experiencia, es más probable que la llave se encuentre. Tales zonas suelen ser, naturalmente, aquellas donde nadie mira. Las áreas  sin luz del paciente. Cuando por fin las llaves van apareciendo, entonces las respuestas -las soluciones, las vías de crecimiento- surgen por sí mismas. Y el terapeuta ya sólo tendrá que acompañar a la persona hacia su realización.

3. Una colega nos dijo: "Tenderse en el diván no equivale a hacer psicoanálisis".  Y tenía toda la razón. La psicodinámica no consiste en hablar, recordar, pensar, dialogar, leer, darle al coco sin descanso... La psicodinámica es sentir, vivenciar, experimentar emocional y existencialmente todos los fantasmas de nuestro corazón. Ninguna cantidad de palabrería nos curará jamás. Sólo quien se lanza al agua fría podrá atravesar el río.

4.

El planeta oculto
La psicodinámica es, por encima de todo, un viaje. Para el cliente, un descenso al interior de sí mismo. Para el terapeuta, un cauteloso avance en un planeta desconocido. Un planeta con sus  junglas, sus abismos, sus desiertos, sus volcanes... En dicho mundo los exploradores descubren no sólo mil paisajes ocultos sino, por extensión, el núcleo secreto de toda la gente, el corazón -herido- de nuestra civilización. Por eso el terapeuta también crece y se transforma con cada paciente. Pues cuando explora cada día, con ojos dolidos y asombrados, lo que no viene en los periódicos, lo que no viene en los libros, lo que nadie sabe ni quiere saber; cuando ha visto tantas "naves en llamas más allá de Orión", no puede seguir siendo el mismo.


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