El ratoncito pérez

Por Pinceladasdeunamicroviajera @microviajera

Esta cuarentena está sirviendo para redescubrir cajones olvidados, al menos en casa de mis padres, y hace una semana mi padre me mandó una joya de cuando tenía cinco años. Se trata de una carta que escribí al ratoncito Pérez y que se encargó de publicar en una revista local de la que él era fundador y periodista. Resulta que él fue mi primer editor y lo sigue siendo porque sus correcciones son indispensables.

A raíz de este descubrimiento me entraron ganas de zambullirme en mis recuerdos y me puse a rebuscar en cajas olvidadas. Entre todo el papeleo y fotografías encontré un antiguo teclado de Casio con el que pasaba horas y horas en la infancia y me acordé de que solía grabarme a menudo. Escuchando estas canciones de voz aguda e ininteligible de pronto descubrí una grabación que no recordaba. Una voz aflautada que en mi vida había oído parecía hablar sin saber que estaba siendo grabado. El miedo del principio fue poco a poco dando paso al estupor según iba escuchando el contenido de la cinta. Aún me parece increíble después de haberlo escuchado muchas veces, como seguro os parecerá a vosotros. No sé porque ha permanecido oculta todo este tiempo, pero haberla encontrado tal día como hoy que cumple años mi padre debe tratarse de un recuerdo a la ilusión que él ayudó a crear durante mi infancia. Bueno sin más os adjunto mi carta al ratoncito Pérez y os relato lo que escuché en esa grabación.

CARTA AL RATONCITO PÉREZ

Ratoncito Pérez, lo siento porque se me ha perdido el diente en el colegio, ¿te da igual?, ¿me vas a traer un regalo esta noche? Porque no me he dado cuenta; si tú puedes entrar al colegio, mira en la clase o en el patio, en la hierba en un agujerito mágico. Si lo encuentras te lo regalo para tu casita y para tu primo Espiri Gonzalez. Cuando vengas dame un besito a mí y a mi hermana Irene.

5 años. 2º DE PREESCOLAR

Otra que se piensa que soy Papá Noel. Pero vamos a ver si os enteráis, a mí me da igual que seáis buenos, malos o reguleros, que saquéis buenas o malas notas, no me importa de hecho ni como seáis, lo único que me interesan son vuestros dientes porque me estoy haciendo una casa, así que si gustosamente me los cedéis os hago un regalito. Para que lo entendáis, esto es una transacción comercial de dientes a cambio de regalos, en la que nadie deja debiendo nada al otro, cada cual con su regalo o su diente y todos en paz. Si además podéis dejarme el pequeño tesoro más cerca del borde de la almohada que de vuestras cabezas, agradecido me tendréis para toda la vida, porque he tenido experiencias de todo tipo y en algunas me las he visto y deseado para lograr mi objetivo.

En cuanto a ese otro ratón que se nombra en la carta, por donde empiezo. En primer lugar, se llama Speedy González, no eso que has escrito. En segundo lugar, no es primo mío ni lejano, de hecho juraría que es mexicano. ¿Qué pasa que por ser ratón tengo que conocerle? ¿Acaso os conocéis todos los seres humanos? Por último, no le doy mi diente ni en bromas, entre otras cosas porque dudo que haya tenido la misma genialidad que yo de hacerse una casa de dientes. Hay que reconocer que tuve una buena idea, un material resistente y más barato imposible, pero al ritmo que llevo no termino la casa en este siglo, entre los perdidos y los rotos no hacemos negocio, si además empiezo a regalarlos mal vamos.

Al menos esta carta me indica donde tengo que buscar que otros ni siquiera eso y vete tú a saber por dónde han correteado. Contra todo pronóstico, me he acercado al agujerito mágico que se nombra y allí estaba junto a una pintura verde, una goma de pelo con forma de mariquita y tres palos, así que con gusto y como ratón de ley que soy, le he traído un regalo. Aunque otro gallo habría cantado si en la cartita se hubiera hecho alusión a la circunstancia de vivir en un tercero sin ascensor, por suerte me ha pillado de buen humor y no tendré en cuenta las tres horas que le he dedicado a subir hasta aquí.

En otro orden de cosas, qué manía con llamarme por mi apellido como si fuera yo un gran empresario, si lo fuera iba a estar rogando por dientes mundo arriba mundo abajo. ¿Os gustaría que os llamaran Humanita Gómez? Por favor, llamarme…

De pronto un ruido interrumpe la voz del ratón.

¡La virgen, qué susto! Pero a santo de qué se asoma este hombre ahora a ver si están dormidas estas niñas, si llevan horas soñando. Menudas penurias tiene que pasar uno por hacerse la casa sus sueños, menos mal que estaba esa pepona en el suelo y me he podido esconder entre su vestido. Dejo el regalo y me las piro que ese era el padre y a estas alturas ya todos sabemos lo peligrosos que son para nuestra especie esta categoría de humanos y sobre todo si van cargados de escobas.

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