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El rincón de los proscritos: ‘El Reino de los Cielos’(Director’s cut) de Ridley Scott

Publicado el 23 noviembre 2013 por Cinefagos

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“…Yo no creo en la fe. En nombre de ella, he visto a miles de fanáticos de todas las confesiones cometer atrocidades. La santidad está en los buenos actos, en el valor de proteger a aquellos que no pueden defenderse. Es lo que decidáis hacer cada día lo que os hará un buen hombre, o no…”

-Hospitaler(David Thewlis)

Estamos en el Siglo XII, en la oscura y triste época de las Cruzadas. Godofredo de Ibelin (Liam Neeson), caballero templario amigo íntimo del Rey de Jerusalem, y un ferviente y comprometido defensor de la paz en Tierra Santa, emprende la búsqueda de su hijo ilegítimo Balian (Orlando Bloom), un joven herrero que ha perdido la fe traumatizado por el fallecimiento de su mujer y su hijo. Godofredo viaja a Francia con el fin de convencer a su hijo  para lo acompañe en sus cruzadas en Tierra Santa. Pero Godofredo muere en una contienda por defender a su hijo. El triste Balian heredará las tierras y el título de su padre, Caballero en Jerusalem, ciudad en la que cristianos, musulmanes y judíos han conseguido convivir pacíficamente durante la tregua entre la Segunda y la Tercera Cruzada. Con una fidelidad inquebrantable, Balian sirve a su rey y, además, se enamora de la princesa Sibylla (Eva Green), la enigmática hermana del monarca.

Vaya por delante que creo que este grandioso filme de Ridley Scott no debería estar en este Rincón de los proscritos. ¿Por qué? Pues porque este brillantísimo filme no es un placer culpable, es un placer a secas. A pesar de que la crítica lo despedazó en su momento, es un peliculón en todas y cada una de sus facetas. Aunque entiendo que la  película que se estrenó en las salas de cine no acabara de gustar; ya que era una versión salvajemente mutilada(se recortaron casi 50 minutos de metraje) que nos dejaba tan sólo saborearla a medias, repleta de cabos sueltos, subtramas perdidas por el camino, y que nos ofrecía por doquier diálogos que-comprendo- al pobre espectador le pudieran parecer absurdos e inconexos.

Y es que amputar 50 minutazos de una obra para que ésta sea más comercial y digerible es poco menos que un acto de vandalismo, vamos, lo que sería  una atrocidad en toda regla. Y antes de empezar a analizar ‘El Reino de los cielos’ quiero y debo proclamar-para quién no lo sepa- que la versión Director’s Cut de este épico filme de Ridley Scott es una película completamente diferente a esa incoherente y deslavazada producción que nos brindaron en los cines. Dicho sea de paso que el bueno de Scott está desde hace unos años en el punto de mira de la crítica, algo que sinceramente no entiendo ya que es uno de los realizadores que más alegrías ha dado a los amantes del séptimo arte en los últimos treinta años. Qué no es moco de pavo. Y me parece una injusticia brutal que este grandísimo director-al que debemos tanto- tenga que recibir hostias a diestro y siniestro. ¿No tenemos memoria? Señores, este tío al que menospreciáis día sí día también, es la misma persona que nos regaló maravillas como ‘Los Duelistas’, ‘Alien, el octavo pasajero’, ‘Blade Runner’, ‘Black Rain’ o ‘Gladiator’, por nombrar unas pocas, porque si os soy sincero a mí me gustan todas las películas del señor Scott, incluso ‘Robin Hood’, que me parece entretenidísima.

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Parece ser que a Scott siempre le han seducido las historias épicas, “transformadoras” y de superación personal, para darnos cuenta de ello tan sólo tenemos que echar una ligera ojeada a algunos de los filmes más emblemáticos del director de ‘Blade Runner’: Esa bella y -aparentemente-”frágil” fémina que al verse perseguida por una letal y ácida criatura de otro mundo no le queda otra que convertirse en una implacable cazadora de extraterrestres(Alien, el octavo pasajero), o esos policías fracasados, alcohólicos, solitarios, mujeriegos y díscolos que para redimirse se aferran como a un clavo ardiendo al caso de sus vidas(Black Rain, y American Gangster),o esas dos gráciles amas de casa maltratadas por la vida que deciden desafiar al mundo y emprenden un último viaje liberador(Thelma y Louise), o esa andrógina militar con más huevos que el caballo de Espartero que tiene que armarse de valor para enfrentarse el sempiterno machismo en el ejército(La teniente O’Neil), o ese poderoso, honorable y respetado general romano que, traicionado, acaba convertido en el más bravo gladiador de todos los tiempos(Gladiator), o ese simple arquero que-buscando fortuna- se hace pasar por caballero y acaba convertiéndose en el más íntegro héroe del pueblo(Robin Hood).

Como véis a Scott le encantan las historias protagonizadas por personajes que venidos a menos, ya sea por pasados belicosos, chancullosos, oscuros o trágicos, se crecen con la adversidad, . Perdedores que tocan fondo y en su aciaga travesía hallan un buen motivo para encauzar su camino.O simplemente personas de a pie  que se enfrentan cara a cara con sus demonios y renacen de sus cenizas encontrándose a si mismos-por circunstancias de la vida- en un sendero subrepticio en el que jamás de los jamases se hubieran hallado si en su interior no hubiesen florecido pesadumbres y desasosiegos devenidos por una dolorosa y relevante piedra en el camino. Y de necios-y ciegos- sería no admitir que el bueno de Ridley tiene un talento innato para estremecernos y hacernos vibrar con épicas leyendas tangibles y humanas en las que podamos vernos reflejados todos aquellos “pobreshombres” derrotados por la vida y con ansias de una grandeza que quizá no sea tan grande e inalcanzable como su nombre parece indicar.

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En el filme que nos ocupa, Orlando Bloom, sin que sirva de precedente se transforma en algo que-si no lo es- se asemeja mucho a un actor obsequiándonos con un personaje carismático,  asequible y palpable con el que todo quisqui puede sentirse identificado; gracias al afán recurrente de Scott en reivindicar la meritocracia, conocemos a un pobre herrero -en la Francia del medievo- que tras el fallecimiento de su mujer y de su hijo atraviesa medio mundo para convertirse en el “caballero perfecto”, un hombre más justo que la vara de Temis,  azote de los fanáticos, de los pérfidos y de los malintencionados; un ser quasi perfecto que siendo tan sólo un herrero domina las artes de la guerra como si del mismísimo Aquiles se tratara. Detalle que-sinceramente- resulta uno de los puntos más risibles del genial filme de Scott.  Aunque a mí, este gracioso punto, no me molesta para nada, al contrario, me parece del todo encantantador y me evoca a otros tiempos en los que el cine y sus cuentos no estaban supeditados a una rebuscada lógica que a veces puede resultar un lastre más que una ayuda para el espectador.

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Centrados ya en el filme y sus atributos-que no son pocos-, me parece muy digno de alabanza la relevancia que tienen en la trama todos y cada uno de los personajes de la cinta, por muy nimios, breves e insignificantes que puedan parecernos muchos de los papeles, todos los personajes -y cuando digo todos quiero decir todos- bajo la agraciada batuta de Scott y  a merced del solvente libreto de William Monahan, están dirigidos de tal modo que por muy sucinta que nos parezca su participación se acaban conviertendo en un necesario Hilo de Ariadna que no tan sólo encañona, acompaña y adorna brillante e imperiosamente a la trama, sino que se convierte en una impresionate Master Class de  cómo orquestar de forma coral y armoniosa un reparto de lujo plagado de grandes interpretes/estrellas sin que ninguno de ellos se sienta sobrante, superfluo o desplazado. Y eso es algo que me parece poco menos que un milagro. De hecho, pocas-muy pocas- veces he podido disfrutar de un ejercicio de “gobierno”cinematográfico que se muestre tan dadivoso con todos sus receptivos y suertudos comediantes.

La última cinta en la que recuerdo una “coralidad” tratada con similar astucia fue en la estimulante y amena ‘Los Vengadores’(2012); una obra que-como muchos- prejuzgué antes de verla, dando por sentado que por muchos gallos que hubiese en el gallinero, la trama se centraría en los carismáticos Tony Stark/Iron Man y Steve Rogers/Capitán América. Algo que hubiese sido tan lógico e irreprochable como cobarde y pusilánime. Pero por suerte para todos Joss Whedon nos brindó-de forma sorprendente- una grandísima película en la que todos y cada uno de los Vengadores no se conformaban tan sólo con gozar de su minuto de gloria sino que gracias a un buen guión y a un avispado realizador podían ser-todos los interpretes- piezas claves en una trama en la que la palabra protagonista se pluralizaba altruistamente para disfrute de todos.

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Aunque de zopencos sería- de entre tantas y tan buenas actuaciones- no destacar el espléndido y difícil trabajo de Edward Norton(Rey Balduino, al que podéis ver en la foto que aparece sobre estas líneas), que a pesar de estar oculto tras una máscara nos brinda-como aquel que no quiere la cosa- una Master Class de interpretación basada en su asombroso talento para modular la voz y en una gestualiadad interpretativa que roza la perfección. Y no menos impresionante resulta el trabajo de ese siempre excelente y camaleónico actorazo que es Brendan Gleeson, que en  este filme tiene la ardua tarea de dar vida a un  “buscabregas” repugnante, psicópata e histriónico templario, que es el brazo ejecutor del infame villano de la función.  Un villano de lo más despreciable interpretado de forma magistral por un Marton Csokas en estado de gracia. Y ya para ir terminando las alabanzas a los interpretes, sería muy descortés e injusto por mi parte no mencionar a la siempre sensual e interesante Eva Green, dando vida a la imprevisible y exótica Reina Sibylla, el alivio romántico de nuestro estimado héroe Balian.

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Dejando ya de lado los méritos interpretativos me dispongo a lisonjear en otros apartados no menos importantes al denostado filme de Ridley Scott como se merece, que todo sea dicho, por sus formas nos evoca a la genial obra de  Cecil B. DeMille y a su brillante ‘Las Cruzadas’(1935), clásico imprescindible  del que bebe descaradamente este fastuoso ejercicio artístico y épico que es  ‘El Reino de los cielos’. Demos gracias también al vistoso y atractivo tratamiento estético de la cinta, del cual máximo culpable es un inspirado John Mathieson(director de fotografía) que se recrea de forma quasi abolutista en exhibir una sobria y mayestática majestuosidad más que coherente con el ultrajado relato dirigido por Scott.

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Impresionates resultan también  la sórdida y fidedigna ambientación, el más que acertado vestuario, la grandilocuente puesta en escena, las épicas y sangrientas batallas, los buenos efectos especiales, la embriagadora y coherente banda sonora de Harry Gregson-Williams y por descontado la recreación casi perfecta de la ciudad de Jerusalem y de los bellos y apropiados parajes elegidos para el rodaje, muchos de ellos en tierras españolas, como el precioso Castillo de Loarre, del que tenemos una imagen en la parte superior de estas líneas.

En definitiva, ‘El Reino de los cielos’(Director’s cut) es una gran película que no merecía, ni mucho menos, ser condenada al ostracismo. Algo que nunca entenderé ya que este épico filme de Ridley Scott me parece una jodida genialidad. He dicho.


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