Seguían los conciertos y era el momento de La Maravillosa Orquesta del Alcohol que para nosotros fueron lo mejor de la noche; no es solo por el cariño que podemos tener a los de Burgos, sus conciertos siempre son casa, la escenografía y su forma de entender los directos, buscando lo orgánico y haciendo que todo sea una familia (se sume quién se sume como así pasó en este concierto). Pero lo que quedó claro en el Auditorio Miguel Ríos es que suenan a una banda de sala, su esencia folk sigue tan fresca como siempre; para festivales no dejan fuera ninguno de sus clásicos, hacen que los temas lentos tengan el peso necesario, hacen que cantar y disfrutar sea algo que está permitido, en estos conciertos hermanarse con los de al lado es algo que pasa y anoche pasó. San Felices, 1932 y el resto de sus canciones sonaron a verano, amistad y a nostalgia a partes iguales.
En el tercer escenario encontramos sorpresas. Machaka abrieron la jornada del escenario mostrando esa propuesta que llegaba del otro lado del charco y curiosos. Juventude fueron la sorpresa de este escenario, mezclando esa esencia de rock andaluz y a la vez instantes de psicodelia en las canciones del repertorio, basados en el disco que están presentando. Louta era el encargado de cerrar este escenario, una mezcla de esencia urbana y electrónica perfecto para cerrar la jornada, mostró esa personalidad con un repertorio de canciones muy coreables.
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