El sacrificio de un ciervo sagrado. Fórmula desgastada.

Publicado el 27 noviembre 2017 por Criticasen8mm @Criticasen8mm

Título original:
The killing of a sacred deer
Año:
2017
Fecha de estreno:
01 de diciembre de 2017 
Duración:
120 min
País:
Reino Unido / Irlanda
Director:
Yorgos Lanthimos
Reparto:
Colin Farrell, Nicole Kidman,  Barry Keoghan, Raffey Cassidy, Sunny Suljic, Alicia Silverstone, Bill Camp
Distribuidora:
Diamond Films
Cuentan las mitologías griegas que Agamenón mató un ciervo consagrado a la diosa Artemisa (diosa de la caza), y además alardeaba de ser el mejor cazador. Esto provocó la cólera de la diosa, que detuvo el viento en Áulide y dejaó a la flota griega varada sin poder acudir a la guerra de Troya. Agamenón consultó a los oráculos y éstos le dijeron que la única forma de apaciguar a Artemisa era sacrificar a su hija Ifigenia. Su devenir final difiere según los distintos escritos.
Yorgos Lanthimos y Efthymis Filippou (su colaborador habitual) se inspiran en este mito para escribir El sacrificio de un ciervo sagrado y poner a Steven (Colin Farrell), médico y padre de familia, en la misma tesitura que Agamenón.

Las veces de Artemisa las realiza el siniestro personaje de Martin (un gran acierto de casting el de Barry Keoghan, visto recientemente en Dunkerque), quien, al igual que su película favorita (Atrapado en el tiempo), no nos explicará el origen del poder divino, aunque sí el por qué del cual. Le acompañan el el reparto el mencionado Colin Farrell (segunda colaboración con Lanthimos tras Langosta), Nicole Kidman, los jóvenes Raffey Cassidy y Sunny Suljic (que completarían a la familia Murphy) y Alicia Silverstone como la madre de Martin. Un reparto cumplidor aunque poco destacado en comparación con Keoghan. Igualmente, no son las actuaciones lo que más destaca en el cine de Lanthimos, siempre carentes de emoción y con personajes un tanto “marcianos” e inexpresivos, sino la historia, esas situaciones estrambóticas que esconden mucho humor negro, moralejas y simbolismos. Y aquí, de nuevo, nos encontramos un punto de partida muy interesante, pero en esta ocasión el devenir no convence tanto. Un Lanthimos menos inspirado que en sus anteriores trabajos. Empezando porque para esta historia en concreto, esos personajes “marca de la casa” no casan mucho con una trama donde se coquetea con el thriller e incluso el terror psicológico. No empatizamos con los personajes como se debiera y esto le hace perder matices a la historia.
Adolece del mismo mal que madre!donde se plasmaba una historia llena de simbolismos y metáforas pero la capa más básica del relato no cumplía, la de la historia que recoge la metáfora, la que abre la compuerta de la reflexión al público. Se revela pronto el quid de la cuestión por parte del personaje (aparte de que quien conozca la mitología que se hace referencia en el título ya sabe a lo que va), y entonces solo queda ver cómo reacciona ante esto el protagonista, pero al no haber empatía con él y la trama avanzar tan despacio, el espectador pierde cierto interés hasta la parte final. Demasiado estirado el chicle. Lo que hacía grandes a los últimos trabajos del director, aquí no funciona. Además, la música es demasiado estridente y por encima del relato, como un director que se erige peligrosamente por encima de su propia película, vanidosamente, tras sus éxitos anteriores.Esperemos no siga por este camino....

Aún con todo, es interesante el planteamiento y los temas que toca: ciencia vs fe, la incapacidad del ser humano de enfrentar sus errores, la apatía y pasividad en el día a día o la normalización y anestesia ante las emociones. Igualmente, se agradece que, pese a no ser satisfactorio del todo, se apueste por historias originales y atractivas, con contenido no sólo a nivel superficial (entretenimiento), sino a nivel reflexivo, con visión propia y no conformándose con fórmulas sencillas. Pero tampoco hay que aplaudir obviando fallos, o se corre el riesgo de la acomodación y el conformismo de autores interesantes.
6,5/10