El señor de La Olmeda

Publicado el 02 septiembre 2021 por Monpalentina @FFroi
El señorito Javier

Javier Cortes Álvarez de Miranda, a pesar de nacer en Santander, siempre se sintió saldañés. Era ya famoso en toda la comarca saldañesa mucho antes de descubrir la Villa Romana de la Olmeda en Pedrosa de la Vega, el 5 de julio de 1968. Al señorito Javier, como se le llamaba en la zona, se le conocía en La Vega de Saldaña por los importantes favores, donaciones y ayudas desinteresadas a sus paisanos, que concedió con caridad franciscana y mantuvo en absoluto secreto, hasta el punto de que nunca reclamó a nadie sus pertenencias. Su vida fue una continua práctica del espíritu trapense y cartujano, que afloraba en todo lo que hacía, además de ser un hombre desprendido, sencillo, de una bondad insólita, culto, y austero hasta en su vestimenta. Vestía de tal manera que su ropaje le hacía parecer un humilde labriego que calzaba alpargatas, cuando en realidad era una autoridad mundial en el arte romano.

El señorito Javier era un hombre de intensa fe, cristiano y devoto, tan devoto que quiso ingresar en un convento, y concedió un poder notarial a su amigo y cuidador Jesús Alaíz Fernández. Javier no pudo ver realizada su ilusión de ser fraile, por sufrir, en aquellos años, continuos ataques epilépticos. Fue un gran benefactor de todos los conventos de la zona, y de las parroquias, y regaló molinos y haciendas. Javier lo daba todo, siempre estaba por detrás de importantes donaciones y ayudas a los más pobres, y de muchos e importantes favores, que muchas veces no supieron ni los propios beneficiarios, porque Javier Cortes hacía todo lo posible para que nadie se enterase de que era él el benefactor.

Javier Cortes vivió como un eremita y tuvo la humildad de un criado, con una falta de protagonismo difícil de entender, ya que era hijo de Don Ricardo Cortes Villasana y de Irene Álvarez de Miranda. Su padre fue abogado y llegó a ser diputado electo por Palencia durante la Segunda República, y presidente del Consejo de la Confederación Nacional Católico-Agraria, y heredero universal de su tía Doña Catalina, conocida en la comarca de Saldaña como La Hidalguilla. Javier Cortés también era primo de Fernando Álvarez de Miranda, que fue presidente del Congreso de los Diputados, y Defensor del Pueblo. Javier compartió todo con los amigos de su niñez y de toda la vida, en especial con Jesús Alaiz Fernández (Chuchi), y Avelino Palacios Alaiz, y más tarde con el joven Gerardo León. Javier obtuvo el título de Perito Agrícola en la Universidad de Madrid en el año 1957, y una vez terminada la carrera volvió a Saldaña para dirigir la explotación, las empresas y el gran patrimonio agrícola y forestal de su familia.

La Administración de sus fincas

Una vez que regresó de Madrid vendió alguna finca y fue pionero en la zona en la compra de un tractor. Para ello se presentó con su amigo Chuchi en un concesionario, pero el responsable del establecimiento al ver a Javier Cortes pensó: "Con estas pintas este no me puede pagar el tractor". Javier presentó sus abales, pero el vendedor seguía desconfiando y llamó por teléfono al director del banco, quien le sorprendió al asegurarle que no había ningún problema con ese cliente. Javier no ganaba dinero con la agricultura, ni tenía beneficios porque si necesitaba contratar a 20 operarios, contrataba a 100, entre ellos los más impedidos y tullidos de la comarca, personas incluso ciegas e imposibilitadas para realizar ese trabajo. Por otra parte, algunos labradores, a los que tenía cedidas las tierras, le pagaban muy por debajo, muy poco, o nada por la renta de sus tierras.

El gobernador civil de Palencia, le pidió a Javier Cortes, de quien sabía que tenía una muy buena relación con toda la población, el favor de haber si podía ejercer de alcalde durante un año, hasta que se nombrase a un nuevo alcalde. Javier aceptó el reto, y tuvo como mano derecha y teniente de alcalde a su amigo Chuchi. Javier consiguió como alcalde que se construyese en Saldaña un puente nuevo, y movió muchos hilos para beneficiar al pueblo, sin que lo supiese nadie. Donó a Saldaña la antigua fábrica de harinas, obra del arquitecto Gerónimo Arroyo, que el ayuntamiento rehabilitó años más tarde.

Descubrimiento de La Olmeda


El descubridor de La Olmeda localizó el valioso hallazgo, en el mes de julio de 1968, cuando era alcalde de Saldaña, a base de perseverancia y ver durante años indicios de que en el subsuelo de sus fincas podía encontrarse algo más que cerámica, tejas y terra sigilata. Ejerció de arqueólogo, aunque sin conocimiento alguno, y sin tener las mínimas nociones en esta materia, y realizó un sondeo por su cuenta en su finca conocida como La Olmeda, sita en la población de Pedrosa de la Vega, contando con la colaboración de su amigo Avelino Palacios. Este sondeo le confirmó plenamente que importantes tesoros arqueológicos estaban a la espera de ser descubiertos, y contrató a jornaleros de la zona, capitaneados por Domiciano Ríos Santos, para sacar la tierra capa a capa y descubrir los primeros mosaicos.

Prolongada excavación

La excavación no fue cosa de un día, ni de un año, y Javier Cortes contrató a más operarios, hasta que aquella incipiente excavación dio lugar al comienzo de una investigación arqueológica, promovida y costeada por el propio Javier, a través de la Universidad de Valladolid, que confió la dirección de las excavaciones al prestigioso catedrático de arqueología Pedro de Palol, que culminarían con el descubrimiento de un espléndido palacio de época imperial romana, que con el tiempo, y gracias a la generosa aportación de su descubridor, se convertiría en uno de los yacimientos más importantes del mundo romano hispánico.

Persona desinteresada


Javier Cortes no tenía ningún interés económico por su yacimiento, ni de lucrarse con el hallazgo, ya que vivía y era feliz con mínimas pertenencias, y tenía una posesiva afición por aprender de los hallazgos, y estudiar La Villa Romana. Le ofrecieron y rechazó cheques en blanco y auténticas fortunas para comprar sus terrenos. Después de doce años costeando la excavación, decidió donar su finca de La Olmeda a la institución provincial, que le permitió seguir con Domiciano Ríos y su equipo realizando nuevas excavaciones, recuperando los mosaicos y poniendo al descubierto el palacio de La Villa. Pedro de Palol fue director de las excavaciones durante 20 años, y le sucedió el catedrático José Antonio Abásolo. En 1984 tuvo lugar la inauguración de la Villa de la Olmeda y del Museo de Saldaña.

Autodidacta


Javier continúo formándose en su propia universidad, la de La Olmeda, y prosiguió su labor didáctica en su casa documentándose y estudiando el arte romano. Era tanta su obsesión por aprender y tanta su capacidad receptora que, después de muchos años, adquirió más conocimientos de este complicado arte que quienes lo estudiaron en la facultad. Con el tiempo Javier, Domiciano Ríos Santos y su equipo se convirtieron en especialistas internacionales y aprendieron a crear mosaicos del mismo modo que lo hacían los romanos. Javier comenzó a publicar trabajos arqueológicos y adquiriendo notoriedad y prestigio en este arte, que parece creado solo para superdotados, capaces de transformarse en eruditos romanos y ser herederos directos de su maravillosa civilización.

Un Guía especial


Era frecuente que los turistas al visitar La Olmeda se encontrasen con las explicaciones de un guía que calzaba alpargatas, y portaba una modestia incomprensible y una sencillez poco común, que sorprendía por su docta alocución y sus conocimientos sobre la villa. Los turistas terminaban la visita sin saber que les había enseñado La Villa ni más ni menos que su descubridor, al que identificaban como "el señor de la Olmeda".

Reconocimiento en vida


Publicó numerosos libros y artículos sobre La Villa Romana de La Olmeda, y sobre el resto de villas descubiertas en nuestra provincia. Fue académico de la Institución Tello Téllez de Meneses, dependiente de la Diputación de Palencia, que le concedió la medalla de oro de la provincia. El Ayuntamiento de Saldaña le nombró hijo predilecto de la villa, e inauguró un parque y un centro cultural con su nombre. Javier siempre se mostró agradecido al Ayuntamiento de Pedrosa de la Vega, por su generosidad y la de sus vecinos, así como a los otros dos municipios que pertenecen a Pedrosa, Lobera y Gañinas, y como no a su querida Saldaña, y a la institución provincial. En 1996, la Junta de Castilla y León declaró Bien de Interés Cultural a la Villa Romana de la Olmeda.

Mis contactos con Javier Cortés


Tuve la suerte de conocer a Javier Cortes y disfrutar de su personalidad, sencillez, educación, inteligencia y cultura exquisita durante bastante tiempo. Sabía que era una eminencia, pero me quedé asombrado cuando comprobé, con motivo de la celebración en Palencia, en 1989, del I Coloquio Nacional de Conservación de Mosaicos, la alta estima y respeto que le tenían los arqueólogos españoles. Al año siguiente se celebró también en Palencia la IV Conferencia del Comité Internacional de Mosaicos, a la que acudieron inminentes y prestigiosos arqueólogos europeos y americanos, y me quedé atónito al ver como todos conocían a Javier y lo admiraban, como descubridor de La Olmeda y como reconocido especialista internacionalmente famoso, al igual que los mosaicos de su Villa.

Amante de la familia y persona sencilla


Javier Cortes sintió durante su vida un gran cariño por toda su familia y en especial por sus hermanos y hermana, de quienes estaba muy orgulloso. Tuvo muchos y valiosos amigos, aunque para él tan importante era un amigo famoso como cualquiera de sus otros amigos, entre los que se encontraban pastores, personas humildes, y algún pobre de la zona de Saldaña. Esa misma importancia en el trato la daba Javier cuando enseñaba La Olmeda, no diferenciaba nunca la categoría de la persona que visitaba La Villa, y a todos trataba igual. Fue un amante del campo y la naturaleza, y allí conoció a mucha gente, tanto a campesinos, como a ganaderos, cazadores, pastores, guardas, etc.

Fundación Villa Romana de La Olmeda


Cuando se jubiló Javier Cortes, no cesó su tutela por la villa y la generosidad con la provincia continuó con la donación a la Fundación Villa Romana de la Olmeda de 34 hectáreas, que comprendían todos los terrenos adyacentes a la Villa, con el fin de mantener viva la excavación, para que los visitantes pudieran repetir al cabo del tiempo la visita y admirar los nuevos descubrimientos. Este deseo de Javier ha sido olvidado tras su muerte por quienes ostentan la responsabilidad de la villa. Por deseo también de Javier Cortes en Saldaña se encuentra el Museo de la Villa Romana de la Olmeda, puesto en valor recientemente por la Diputación palentina y el Ayuntamiento de Saldaña. La Villa y el Museo dan prestigio y fama a Pedrosa de la Vega, a Saldaña y a su comarca, todo gracias a Javier Cortes un gran y desinteresado mecenas.

Remodelación y nueva inauguración de la Villa


Coincidiendo con la profunda remodelación de la villa romana, cuyas obras duraron más de tres años, Javier Cortes estuvo al pie de obra hasta poco antes de su fallecimiento, el 3 de marzo de 2009, cuando contaba con 79 años. Un mes después de su muerte, el 3 de abril de 2009, tuvo lugar su reapertura, y ocho meses después de fallecer Javier, la inauguración oficial por S.M. La Reina Doña Sofía. Seguro que Javier Cortes se hubiera sentido muy orgulloso de ver a La Reina de España en su Palacio de Pedrosa de la Vega, al que Cortes dedicó toda su vida. (*)

Medalla de oro al mérito en las bellas artes.

En el año 2016, a los siete años de su fallecimiento, el Consejo de Ministros concedió a Javier Cortes la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, galardón impulsado desde la Diputación de Palencia. Esta medalla sobrepasa los límites provinciales y realza aún más la figura de Javier Cortes, su trabajo, tesón y empeño por convertir el yacimiento arqueológico de La Olmeda en uno de los más importantes del mundo.

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(*) Mi agradecimiento a Jesús Alaíz Poza, hijo de Jesús Alaiz Fernández (Chuchi), íntimo amigo de Javier Cortes, por su valiosa aportación de datos, imprescindibles para la elaboración de este artículo.


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