El tiempo siempre está de nuestra parte, pero a veces repara uno en su velocidad, en el trasegar de las horas, en el fluir de las noches, en el bálsamo de la memoria, que es un cuaderno de viaje en el que no siempre escribe quien la tiene en propiedad, sino los otros, los que entran en nuestras vidas y nos confortan o nos hieren, da lo mismo, no se puede gobernar el trajín de los días, sólo sentir agradecimiento. Hoy cumple 50 años (me lo dice la página de Blue Records) el disco, uno de ellos más bien, con el que empecé a amar el jazz. Era una época dulce, inocente, crédula. Debía ser principios de los ochenta. Compraba discos con el entusiasmo de quien empieza y ama con plenitud, ardorosamente también, y entrega su amor sin pedir nada a cambio. El jazz es un amor fiable y duradero. El señor Smith es la imagen de un jazz imperecedero. Anda por ahí una cinta de cassette, debe estar en una caja. Luego compré el CD, hace un escándalo de años que no lo pongo. Me sirvo una cerveza bien fría y me lo despacho antes del almuerzo. En la siesta, un órgano Hammond B3 iluminará el viaje.
El tiempo siempre está de nuestra parte, pero a veces repara uno en su velocidad, en el trasegar de las horas, en el fluir de las noches, en el bálsamo de la memoria, que es un cuaderno de viaje en el que no siempre escribe quien la tiene en propiedad, sino los otros, los que entran en nuestras vidas y nos confortan o nos hieren, da lo mismo, no se puede gobernar el trajín de los días, sólo sentir agradecimiento. Hoy cumple 50 años (me lo dice la página de Blue Records) el disco, uno de ellos más bien, con el que empecé a amar el jazz. Era una época dulce, inocente, crédula. Debía ser principios de los ochenta. Compraba discos con el entusiasmo de quien empieza y ama con plenitud, ardorosamente también, y entrega su amor sin pedir nada a cambio. El jazz es un amor fiable y duradero. El señor Smith es la imagen de un jazz imperecedero. Anda por ahí una cinta de cassette, debe estar en una caja. Luego compré el CD, hace un escándalo de años que no lo pongo. Me sirvo una cerveza bien fría y me lo despacho antes del almuerzo. En la siesta, un órgano Hammond B3 iluminará el viaje.