PREMIO NADAL 2012
Me gusta Álvaro Pombo. Si. Me cae bien. Me parece majete cuando le oigo en entrevistas y me da la sensación de que se lo pasa bien haciéndolas y de que disfruta y le encanta cuando gana un premio, algo que le ha ocurrido varias veces. Es sincero. Ayer, día del libro, si hubiera estado en Barcelona, no me hubiera importado nada hacer la cola para que me firmara el libro. Y mira que yo ya no hago cola ni espero por casi nada. Me transmite vitalidad y ganas de hacer cosas. De lo único de lo que se lamenta es de su artrosis. ¡Lástima! Alguna cosilla hay que tener a los 72 años.
Confieso que lo he descubierto como autor hace poco y lo único que he leído de él ha sido esta última novela y anteriormente La fortuna de Matilda Turpin (2006) que ganó el premio Planeta. Estas dos novelas me son suficientes para afirmar que me gusta su manera de contar las cosas porque él no escribe, relata. Igual tiene algo que ver que dicta sus libros. O no. No lo sé. Tiene una magnífica prosa. Al margen de lo que pueda contar, da gusto leer sus palabras. Y lo que cuenta no es en absoluto banal pero consigue que disfrute del texto sin más. (Esto igual me pasa porque abuso de traducciones que malas o buenas siempre menoscaban la intención y la estética pretendida por el autor).
No voy a hacer un comentario del libro. Se pueden leer sinópsis y opiniones en cualquier parte. Baste decir que me ha resultado una novela con tintes teatrales con un final que hace honor al adjetivo teatral. Son sólo cinco personajes y sus relaciones interpersonales. Es una novela deliberadamente corta. No hace falta más para llevarnos a varias reflexiones sobre la insensibilidad ante el dolor de los demás, la pasividad y la inacción.
¿A alguien le suena el tema?