El exprimer ministro tiene el gobierno de Israel al alcance de la mano, tras unas elecciones marcadas por el auge de los partidos ultraortodoxos y a la debacle de la izquierda, según los sondeos
Por P. J. Armengou. Jerusalén
El retorno del exprimer ministro Benjamin Netanyahu está cerca. Las encuestas a pie de urna, los datos más fiables hasta que empiecen a publicarse los resultados oficiales de los comicios, otorgan 30 escaños a su partido, el Likud, que sumado a los 32 diputados de sus aliados, le otorgarían una mayoría de 62 escaños sobre 120. El bloque de formaciones que se oponen a Netanyahu, entre las que destaca el partido Yesh Atid, del actual primer ministro, Yair Lapid, habrían obtenido 54 diputados. 22 de ellos serían del mismo Lapid, que ha mejorado sus números respecto a las anteriores elecciones (17) pero se ha quedado lejos de lo previsto en las encuestas (26).
Según los sondeos, la gran novedad en estos comicios ha sido el partido ultraderechista Sionismo Religioso, que se presentaba conjuntamente con la formación anti-árabe, nacionalista y racista Otzma Yehudit (Poder Judío), liderada porItmar Ben-Gvir. Esta coalición ha pasado de 6 a 15 diputados y será clave para la formación de un probable gobierno de Netanyahu. Sionismo Religioso, junto con los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, que han obtenido 10 y 7 diputados, son la fórmula mágica prevista por Netanyahu para retomar el cargo de primer ministro.
"Los partidos ultraortodoxos son clave para establecer una coalición. Cualquier coalición. Tanto de derecha como de izquierda. O al menos son necesarios para crear un gobierno "legítimo", que no incluya a partidos árabes que deslegitiman la existencia del estado judío", asegura el profesor de la Universidad Bar-Illan, Asher Cohen. En el pasado, tanto los gobiernos de Netanyahu como la fallida coalición liderada por el exprimer ministro Naftalí Bennett y el mismo Lapid, contaron con ministros de partidos ultraortodoxos. Todo apunta a que la fórmula se repetirá, pero sólo con Netanyahu. "Es difícil pensar en una futura coalición que no incluya a actores políticos ultraortodoxos", sostiene Cohen.
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Origen: Total News Agency