“Solo existe una manera de hacer frente a la vida: tener siempre una tarea que cumplir” (Palabras pronunciadas por Harvey Cushing, el mayor especialista de cirugía cerebral de todos los tiempos)(1)
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Se entiende, desde esta perspectiva, que la vida no es un simple azar, sino el resultado último de una intención, de una búsqueda que lleva a cabo el universo, que persigue la Creación. Schopenhauer decía que la vida y el universo eran consecuencia de una “voluntad ciega”. Pero desde esta otra forma de verlo, esa voluntad no es ciega, sino que se mueve en la dirección que lleva hacia mayor complejidad, mayor belleza, mayor perfección… Es decir, en la dirección que marca el sentido, aquella finalidad. La conciencia es el último resultado, el más acabado, de la evolución hacia esa finalidad. Por tanto, la conciencia, y la mente que la aloja, serían la función y el órgano que respectivamente surgieron para dar cumplimiento a esa intención, a ese sentido.
[1] Citado por Viktor E. Frankl: “Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia”, Barcelona, Herder, 1980, pp. 88-89.