Trabajar con IA da una sensación de poder ilimitado y, a la vez, un extraño vacío. Kierkegaard ya lo nombró en 1844: el vértigo de la libertad.
Trabajar con IA da una sensación de poder ilimitado y, a la vez, un extraño vacío. Kierkegaard ya lo nombró en 1844: el vértigo de la libertad.