Revista Opinión

Elecciones andaluzas y masonería: El canario y el grisú

Publicado el 04 diciembre 2018 por Habitalia
Por: Orlando Sánchez Maroto, Maestro Masón de la R.·. L.·. Obreros de Hiram, nº 29, al Oriente de Sevilla (España)
La Masonería tiene como propósito constituirse en centro de unión de lo disperso desde el librepensamiento. Es por eso que busca albergar la máxima diversidad entre sus miembros, y evita generalmente introducir en el taller asuntos tan íntimos y al mismo tiempo tan potencialmente creadores de desencuentros como la religión o la política.

Es por esto que las organizaciones masónicas no se posicionan políticamente. Hermanas y Hermanos de cualquier ideología pueden compartir el espacio masónico y enriquecerse mutuamente sin verse arrastrados a los debates políticos que se establecen fuera de los talleres, quedando liberados para dialogar sobre lo humano con una visión de más amplio alcance y donde el espacio para el acuerdo en los grandes temas es apreciablemente mayor.

A pesar de las amenazas y debilidades que tiene que afrontar, los masones de principios del siglo XXI se encuentran en una posición que seguramente envidiarían sus antecesores de épocas pasadas: viven en un mundo en el que hace décadas que triunfaron las ideas ilustradas, en el que las democracias liberales son un referente con que el resto de regímenes trata de confundirse y en los que los valores de libertad, igualdad, solidaridad (o fraternidad) y tolerancia se consideran supremos en los ordenamientos constitucionales de muchos estados y permiten el surgimiento de una oferta muy amplia, amplísima, de propuestas políticas respetuosas de estos valores, que a su vez permiten al ciudadano participar en la toma de decisiones directamente o a través de sus representantes.

No obstante, nuestras sociedades están vivas, van evolucionando y variando, y sería un error suponer que estos valores se conservarán incólumes por sí mismos, por el mero hecho de que en una ocasión fueran triunfantes.

La evolución social es una partida eternamente abierta, como un infinito juego iterado del dilema del prisionero de la teoría de juegos. Y dar la partida por ganada puede equivaler a comenzar a perderla, porque en una sociedad en continuo movimiento los valores comunes son como la Luna: cuando no crecen es que menguan.

Muchos ciudadanos asisten con preocupación al surgimiento de alternativas políticas que no buscan hacer propuestas desde estos valores y para mantenerlos, sino desde valores de confrontación, imposición y exclusión del diferente.

Es un fenómeno global, que se está dando en multitud de países, donde alternativas de este tenor, que normalmente quedaban relegadas a un papel testimonial o incluso extra-parlamentario, están alcanzando niveles de representación lo bastante alto como para condicionar, influir o incluso participar o liderar gobiernos de países en posiciones muy estratégicas en el concierto de las naciones. E incluso existe una cierta tendencia por parte de las alternativas políticas que beben de los valores ilustrados a la relativización y matización de los principios de libertad, igualdad y solidaridad.

No es objeto de este texto entrar a analizar las causas, las posibles consecuencias ni las medidas a adoptar en estas circunstancias. Eso forma parte del debate político, y en el debate político debe quedar.

Lo que sí debe preocupar a un masón que se precie es el riesgo que este tipo de propuestas supone para los valores ilustrados que tanto apreciamos y que nos hemos comprometido a defender.

Porque, por desgracia, ya hemos estado en un mundo en el que los valores democráticos e ilustrados se dieron por caducos, donde los valores de la fuerza, la dominación, la uniformización forzosa, la represión de la disidencia y el desprecio a las minorías fueron presentados como la solución a muchos problemas, y ya hemos visto donde conduce a nuestras sociedades la desaparición del espacio de tolerancia y diversidad.

Cada ciudadano, desde su ideología particular, debería sentirse llamado a entender y hacer pedagogía a sus conciudadanos sobre estas enseñanzas de nuestra Historia, y a mostrar como el debate y la participación democrática, el espacio de tolerancia y diversidad, con todas sus imperfecciones y dificultades, con sus controles y contrapesos complicados, es el sistema que mayor felicidad, seguridad y prosperidad ha provisto al mayor número de personas en todos estos milenios de existencia humana, y donde la inmensa mayoría podemos convivir en paz y armonía. Y los masones deberíamos sentirnos llamados muy especialmente.

En muchas ocasiones se debate qué fue antes, si la Ilustración o la Masonería, o cuál de las dos dio origen a la otra.

Posiblemente la Ilustración habría llegado a la Humanidad con o sin la Masonería de todas formas. Pero algo es cierto: la Masonería no puede existir sin estos valores. Allí donde caen, la Masonería es perseguida; y allí donde están presentes la Masonería puede germinar y lentamente, con su sólido aunque exasperante crecimiento pausado, ir brotando y floreciendo.

Si pusiéramos dos mapas juntos, uno que representa los países donde la Masonería puede existir sin interferencias y es legal, y otro donde figuren los países que tienen un régimen democrático y de libertades, podríamos ver cómo coinciden prácticamente de forma milimétrica. E incluso cabe la posibilidad de que pudiéramos medir la antigüedad de esas democracias simplemente en función del número de masones respecto de la población total de esos países.

Antiguamente, en la visita al interior de la Tierra que hacían los mineros solían ir acompañados por canarios.

Estas aves se ven mucho más rápidamente afectadas que los seres humanos por la falta de oxígeno o la presencia de grisú (una mezcla de gases que se forma en las minas de carbón, y cuyo principal componente es el metano, un gas inflamable). Si el pobre canario dejaba de cantar o perdía el conocimiento, aún había margen para evacuar la galería antes de que los mineros sucumbieran por la falta de oxígeno o se produjera una explosión.

La Masonería no tiene poder por sí misma, pero promociona el librepensamiento. Por ello, es extremadamente frágil, porque supone una gran amenaza para el autoritarismo, al animar a pensar con libertad, pero no tiene poder alguno para defenderse.

Por tanto, es el primer chivo expiatorio de cualquier gobierno que muestra alguna traza de autoritarismo. Lo hemos podido ver recientemente en Italia, donde los partidos gobernantes han prohibido expresamente la presencia de masones en el gobierno.

La Masonería funciona como el canario en las sociedades. En el momento en que el grisú del autoritarismo medra o la libertad peligra, la Masonería es amenazada, sufre persecución o es reprimida. Los masones que tuvieron la desgracia de vivir en la Alemania nazi, la España franquista o la Francia ocupada son una terrible prueba de ello. Los masones que han tenido la fortuna de vivir y trabajar durante 300 años en Reino Unido o Estados Unidos son prueba de lo contrario.

En un territorio de España, en Andalucía, hemos vivido hace pocas horas unas elecciones que han cambiado notablemente la distribución política de dicha comunidad.

Sobre estos resultados y sus consecuencias, como masón andaluz no tengo nada que decir. Las conversaciones políticas las tendré (con mucho gusto, y más cuanto más diversas las opiniones) en el ámbito profano. No obstante, seguiré con atención las políticas que pongan en práctica algún partido que a todos nos trae a la memoria épocas tristemente vividas en Europa.

Tomad este texto como el tímido canto de un canario que baja a la mina.

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