Revista Cultura y Ocio

Elegir el orden de los apellidos de los hijos ¿por qué no?

Publicado el 14 mayo 2017 por Antonio Alfaro De Prado @genealogiah

Desde la creación del Registro Civil hasta el año 1999 todos los españoles con padres conocidos hemos sido inscritos con los apellidos paterno y materno, por este orden. Nuestros padres únicamente tenían capacidad para elegir el nombre de pila. Pero es a partir de este año cuando se introdujo en el Registro una novedad sustancial: los padres serían quienes decidirían también el orden de los apellidos de sus hijos. Una medida que pretende equiparar a los progenitores y que ha dado lugar a cierto revuelo y comentarios muy diversos en prensa.

En la reforma se recogía que en última instancia, cuando no hubiera acuerdo, regiría el orden tradicional. Ello creaba obviamente una situación de ventaja para el progenitor partidario del sistema “clásico”; no tenía más que oponerse a la inversión para que prevaleciera su opción. Para corregirlo, en 2011 nuestros políticos plantearon nuevas fórmulas tan pintorescas como la de recurrir, ante el desacuerdo, a que se optase por el orden alfabético o incluso se produjera un sorteo de apellidos. Finalmente, se aprobó otra opción también discutible pero razonable: “el encargado acordará el orden de los apellidos atendiendo al interés superior del menor”. En el fondo, lo que se pretende es que los padres sean suficientemente responsables como para elegir un orden y, si no lo son, que la administración supla esta incapacidad para evitar que un hijo quede sin su incuestionable derecho a tener reconocida una identidad plena.

Ahora bien, desde la perspectiva de la tradición española en cuanto al uso de apellidos podemos plantearnos varias cuestiones. ¿Debería seguir prevaleciendo el apellido paterno por ser una tradición inmemorial de nuestro país? ¿dará lugar al caos el hecho de que cada familia opte por un orden de apellidos? ¿tendrá inconvenientes de algún tipo para los hijos? ¿y si éstos no están de acuerdo con el orden elegido? Y podemos añadir, pensando en clave de historia familiar ¿será un problema para los genealogistas del futuro?

Pues bien, analizando la cuestión, tan sólo he podido encontrar razones a favor de la libre elección del orden de los apellidos:

  1. La tradición española ha sido precisamente defensora de que los individuos escojan su apellidos, algo que cambió a lo largo del XIX cuando el Estado fue imponiendo un sistema obligatorio para mayor control de los ciudadanos. Que los padres puedan decidir sobre los apellidos de sus hijos, aunque solo sea en cuanto al orden, nos devuelve parcialmente una libertad que nos había sido confiscada. Este nuevo derecho de los padres se extiende a los hijos al facilitar que éstos, al alcanzar la mayoría de edad, pueda alterar el orden mediante un sencillo trámite administrativo.
  2. En España siempre hemos otorgado un papel muy significativo al linaje materno y prueba de ello es nuestro sistema de doble apellido, surgido como costumbre y posteriormente incorporado al sistema legal. La elección del orden es el paso adelante definitivo para garantizar la plena igualdad. Sin olvidar que en cualquier caso nuestros hijos siempre portarán ambos apellidos, paterno y materno, ninguno queda excluido.
  3. Podrá favorecer una mayor diversidad de apellidos en nuestro país. Aunque la elección la realizarán libremente los padres, es previsible que en muchos casos éstos optarán por anteponer el apellido menos común de los dos. Una tendencia que contribuirá tanto a evitar que se pierdan apellidos en vías de extinción como a que disminuya la abrumadora presencia que tienen los apellidos más comunes en España.
  4. Alterar el orden de los apellidos no causará problemas administrativos a nuestros hijos ya que desde hace décadas las Administraciones nos identifican mediante un código fiscal personal, siendo el nombre y apellidos unos datos accesorios a efectos de control, sobre los que siempre prevalecerá la numeración impuesta. En los demás ámbitos no tengamos duda de que se normalizará la inversión de apellidos y pasaremos a asumir con naturalidad que cada persona puede llevar sus apellidos paterno y materno en diferente orden.
  5. No será un problema significativo para los genealogistas del futuro. Si hemos sido capaces de elaborar genealogías en los siglos pasados donde los apellidos variaban de forma impredecible, que desde 1999 las personas puedan heredar sus dos apellidos en diferente orden será un obstáculo insignificante. Teniendo en cuenta que nuestras vidas actuales están siendo registradas en decenas y cientos de registros de todo tipo, el problema en el futuro podrá ser, si acaso, la abundancia de información.

Por tanto, evitemos prejuicios infundados y afrontemos esta cuestión desde la racionalidad y la equidad. Cierto es que si acordar los nombres de pila ya podía generar estrés, esta novedad de la elección del orden añadirá otro debate familiar más, pero podríamos decir que forma parte de la responsabilidad que se asume trayendo al mundo un nuevo ser. Como resultado, habremos conseguido que los padres podrán, a partir de ahora, sentirse aún más vinculados con algo tan esencial para sus hijos como es el nombre y los apellidos.

Antonio Alfaro de Prado


Volver a la Portada de Logo Paperblog