A los padres nos suele obsesionar el futuro de nuestros hijos. Los atiborramos de conocimientos, como si éstos fueran el salvoconducto que les abriera la puerta de un trabajo seguro, y con él de la felicidad. Pero la felicidad no va de trabajos seguros: éstos a veces nos esclavizan. Va de la capacidad de conducirse por la vida con plena libertad. Y para ello la obsesión no debe ser lo laboral sino lo conciencial.
A los padres nos suele obsesionar el futuro de nuestros hijos. Los atiborramos de conocimientos, como si éstos fueran el salvoconducto que les abriera la puerta de un trabajo seguro, y con él de la felicidad. Pero la felicidad no va de trabajos seguros: éstos a veces nos esclavizan. Va de la capacidad de conducirse por la vida con plena libertad. Y para ello la obsesión no debe ser lo laboral sino lo conciencial.