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Entrevista a Glenn Close: "Las mujeres pueden ser muy feroces"

Publicado el 15 agosto 2011 por Lilik

Fueron miles de mujeres y niños occidentales, prisioneros de los japoneses durante la II Guerra Mundial, Sudeste de Asia. "Camino al paraíso", estrenada este fin de semana y protagonizada por Glenn Close, relata la historia real de un prodigio: mujeres cautivas en un campo de Sumatra afrontan el horror haciendo de sus voces una orquesta. Su memoria ve la luz después de cuarenta años de silencio.
Para hacer justicia a la realidad, habría que decir que lo mejor de la entrevista con Glenn Close fueron los sándwiches que ofrecieron a la prensa mientras esperaba turno. En el Hotel L'Europe, frente al mercado de flores, Amsterdam. Vegetal con queso, salmón marinado y otros de especies cárnicas. También, la víspera, en la premier europea de Camino al Paraíso, actuó brevemente una orquesta vocal de damas, las damas todas de negro, Malle Babbe Women's Choir, herederas del horror que dulcemente narra la película. Autoras, por cierto, de su banda sonora. Una joya. En el coro sobrevive una prisionera de los campos japoneses en el sudeste asiático: ni siquiera fue presentada en la tan parroquial velada del Teatro Tuschinski. Igualmente desapercibida fue la presencia de la autora Helen Colijn, cuyas memorias de adolescencia y juventud son crónica de una historia reciente y curiosamente ignorada: Song of survival, base argumental de la película.

Por lo demás, la entrevista fue consabida. Nada que no se sepa cabe en los planes de un día de promoción. Se entra a contrarreloj y se sale con el reloj en contra, antes incluso de que la cuenta acabe: siempre hay prisa. En el medio, una enorme sala blanca, espejos subiendo al techo blanco, ora espejo ora panel blanco, estucos dorados, arañas de cristal, y una mujer lánguida, aparentando serenidad, contagiada de cierto aire de monja misionera.

Glenn Close va vestida de riguroso negro y Calvin Klein, blusón flojo sobre pantalón pitillo, que no favorece pero que está muy propio. Y guarda la actriz ademanes piadosos, como ese de juntar las palmas en actitud beata, o este otro de palmadita en la espalda con susurro al oído. Lleva las uñas granates, muy cortas y cuadradas, granates y oscuras. Más tarde se sobrepone una toquilla, para dar calor a sus forzadas tertulias con la prensa europea: "Una está a merced de lo que otros escriban". Ella mareada, actuando, aparentando aún serenidad: "Me maravilla lo grandes actores que somos todos. Yo sólo dejo de actuar con mi hija".

Nació rodeada de bosques, Connecticut, 1947, en el seno de una familia bien bien. Creció en el rancho familiar, soñó con ser el caballo que montaba y un día su padre cirujano marchó al Congo a abrir una clínica pública. Así que los cuatro vástagos Close fueron dispersados en severos internados de la aséptica Suiza. Volvió a Estados Unidos, terminó estudios en otro internado para señoritas distinguidas, Greenwich natal, y se enroló en el grupo musical del momento, Viva la gente, hasta que cierto sentido del ridículo le hizo abandonar aquel intento feliz por una carrera de Antropología en Virginia y, más tarde, por el arte dramático. El teatro sigue siendo su pasión, que ahora comparte con la de ser madre: el teatro y su hija. Entretanto tuvo una larga carrera cinematográfica y amatoria: cinco nominaciones al Oscar, dos maridos y cinco compañeros que se sepa. Debutó en el cine con 35 años y fue madre a los 42. Habla contra el machismo del cine americano y desde su empresa produce sin parar películas para Hollywood. Una mujer sentimental y además inteligente. Vean.

Pregunta.-Close, ¿por qué tiene usted un nombre masculino?
Respuesta.-Me llamaron así por una mujer, la prometida de mi tío, que murió en la Segunda Guerra Mundial. Pero es verdad que nunca he conocido a ninguna otra Glenn: normalmente es un nombre masculino.

P.-Como la guerra, ¿por qué la guerra es un asunto de hombres?
R.-No entiendo bien la pregunta.

P.-Sí, ¿se imagina un ejército dirigido por mujeres?
R.-Creo que sí, las mujeres pueden ser muy muy feroces. Lo que sí me parece improbable es un ejército conducido por madres. Hay una gran diferencia. Una vez que se tiene un hijo, la guerra se convierte en una amenaza real. Espero que el papel creciente de la mujer en el mundo sea alzar la voz cada vez con más fuerza contra la guerra, ni más ni menos que para preservar la seguridad de sus hijos.

P.-¿Cree que si hubieran sido hombres los prisioneros en el campo de Sumatra, habrían sobrevivido con música en lugar de alimento y medicinas?
R.-Bueno, la música no alimentó a aquellas prisioneras, de hecho muchas de ellas murieron pese a la música. La música les ayudó a aguantar la terrible situación que vivían, les daba la esperanza de que tal vez mañana ocurriera algo. Me gustaría creer que algunos hombres habrían hecho lo mismo que ellas, pero nunca he escuchado el relato de nada parecido. No, no habría sido así.

"Observo mucho los comportamientos humanos: somos grandes, grandes actores; me fascina lo mentirosos que somos"

P.-¿Por qué estos campos japoneses de prisioneras aliadas no se han dado a conocer hasta ahora, exceptuando una serie de la televisión británica?
R.-Creo que la razón fundamental es que cuando estas mujeres, la mayoría holandesas, vuelven, se encuentran un país que acaba de sufrir la ocupación de los nazis: se enfrentan a una terrible pesadilla, y nadie quiere oír sus historias. Y ellas tienen que seguir adelante siendo madres y esposas, y no pueden permitirse la indulgencia: reprimen sus memorias para poder vivir. Cuando algo tan terrible sucede, la mente humana tiene un mecanismo que te hace casi negarlo. Y al mismo tiempo, la verdadera curación no es posible a menos que uno reconozca lo que le ha sucedido. Por eso ahora muchas de estas mujeres han empezado a escribir aquellas memorias.

P.-Es tiempo, han pasado cuarenta años.
R.-Había una mujer en nuestra compañía, que además está en el coro, que fue una niña en uno de esos campos. Para ella resultó una experiencia curativa participar en la película. También para su familia, porque al ver los campos, aunque no fueran exactamente lo mismo, empezaron a entender lo que ella había sufrido. A veces es muy difícil vivir con un superviviente, porque es un ser herido por una memoria que nadie más comparte, y puede ser muy destructivo. Al principio del rodaje tuvimos una fiesta, y vinieron los actores japoneses, que son americanos japoneses; cuando entraron observé el rostro de ella: tuvo una reacción física... y han pasado cuarenta años.

P.-Las atrocidades nazis se consideran lo más terrible en la Historia reciente del mundo, ¿cree que fue peor la crueldad de los japoneses?
R.-La crueldad es la crueldad, puede manifestarse de formas diferentes, pero es difícil clasificarla. La guerra destapa lo peor de un ser humano, pone a la gente en situaciones insanas.

EL RUGIDO JAPONES
Tantas generaciones habían pasado que apenas recordaban su tierra de origen. Las costumbres, sí: en las Indias Occidentales, holandeses y británicos celebraban la Navidad. Diciembre de 1941. Cuatro siglos y 30 años celebrando la Pascua allende océanos y tierras, disputando el comercio del té, la seda, otras especias. Había estallado la II Guerra. Singapur concentraba las fuerzas británicas en la defensa colonial: un fuerte imbatible. Tanto, que desperezó el ingenio del imperio durmiente. Fue el rugido japonés que hundió la flota estadounidense en Pearl Harbour al tiempo que desembarcaba en Malasia y Tailandia y se lanzaba en un feroz ataque aéreo sobre Singapur. 620 aviones surcaron el cielo y fue tal su virulencia que los británicos capitularon en 24 horas, las mismas que los japoneses tardaron en agotar su munición. El juego había funcionado. Hombres rendidos, y mujeres y niños evacuados a bordo de barcos que en su mayoría sucumbieron al ataque del cielo. Los supervivientes que lograron alcanzar la costa fueron concentrados en campos de prisioneros hasta el fin de la guerra. La crueldad insondable del verdugo japonés, sobre mujeres y niños, ha tardado 40 años en cicatrizar. Camino al paraíso es testimonio de las víctimas.

P.-Si no peor, tal vez sí más incomprensible, por la diferencia cultural.
R.-Eso sí. En la cultura tradicional japonesa, la mujer ocupa un lugar tan tan bajo: es una sirviente. Y de hecho, yo creo que los japoneses no sabían qué hacer con estas mujeres: las metían en los campos, las cambiaban de lugar, a muchas las mataban en los traslados, porque eran muy duros.

P.-Hablaba antes de la reacción de la mujer holandesa al ver un rostro japonés, ¿podría suscitar algo similar en determinada audiencia?
R.-No. Para ella el perdón es difícil, y es comprensible cuando uno ha sido ultrajado de ese modo: es fácil hablar de perdón cuando uno no ha sufrido como ellas sufrieron en los campos. Pero nosotros tenemos que tener en cuenta que los japoneses fueron atacados en la guerra, que su cultura fue pisoteada.

P.-¿Usted siente hacia ellos exactamente lo mismo ahora que antes de conocer su historial de guerra?
R.-Todos los pueblos tienen capítulos oscuros en su Historia. Los yanquis exterminaron a los indios, ¿quién soy yo para juzgar a nadie por algo semejante? Hemos sido esclavistas, exterminadores: los americanos también tenemos terribles atrocidades sobre nuestras conciencias. Pero ahora que queremos ser una comunidad mundial, debemos dar a conocer lo que ocurrió, y tenemos que estar por encima de ello: mira lo que sucede en Bosnia: ¿vamos a ser esclavos de la Historia?

P.-Close, usted siempre dice que sus personajes le hacen cambiar, ¿cómo le ha influido ser la líder de este campo de concentración?
R.-Intentar encarnar a la mujer que fue Nora Chambers ha sido una lección de humildad. Y al mismo tiempo me ha hecho replantearme el valor de la dificultad: después de conocer cómo sobrevivieron estas mujeres, cualquier cosa parece posible: mi vida no es tan mala.

"Los yanquis hemos sido esclavistas, exterminamos a los indios, ¿quién soy yo para juzgar a los japoneses?"

P.-Espero que le dure mucho, la lección.
R.-Sí, yo también.

P.-Pero imaginaba que se habría apuntado usted a algún movimiento pacifista o antiracista o parecido.
R.-Muchos de mis familiares cayeron en la Segunda Guerra Mundial, y nunca ha habido historias de odio en mi familia hacia los pueblos que los mataron. Yo confío en la capacidad de curación de las mujeres, que es muy grande, porque tienen que estar por encima, porque tienen que pensar en sus hijos: ¿vas a perpetuar ese odio en tus hijos?

P.-Close, en su carrera sólo ha habido bien heroínas bien demonios, ¿no tiene termino medio?
R.-¿Qué es el término medio?

P.-No sé, supongo que la "normalidad".
R.-¿Ser una persona aburrida? ¿Qué es normal?

P.-¿Con cuál de los dos, ángel o demonio, se encuentra más cómoda?
R.-Yo no soy muy fuerte, pero sí muy luchadora: me defiendo, no puedo quedarme callada. Pero no creo que la interpretación tenga que ver con la psiquiatría. Estoy muy orgullosa de mi fuerza dramática: la mayoría de mis personajes vienen de mi imaginación, entonces no busco facetas de mi carácter para transmitirles. Yo observo mucho los comportamientos humanos: somos grandes, grandes actores. A lo mejor acaban de darte una noticia fatal y mira, vienes a hacerme la entrevista y no dejas traslucir nada: me fascina lo mentirosos que somos. Yo sólo siento muy profundamente lo que tenga que ver con la infancia, porque soy madre de una niña que adoro: entonces no tengo que actuar, sólo pensar en mi propia hija.

P.-Close, todo el mundo le pregunta por los hombres, como si fuera usted una gran experta, ¿la apreciación se debe a sus personajes o a la vida real?
R.-¿Hombres? (ríe). Es una apreciación que tiene que ver con los papeles en que me han visto, nada que ver conmigo. La gente no me conoce en el plano real, es imposible conocerme en una entrevista. ¿Sabes cuál es una de las mayores dificultades que tiene una "celebridad"?: que está básicamente a merced de lo que escriban otros con quienes sólo ha estado un rato. ¿Cómo puedes conocer a alguien en tan poco tiempo, si ni uno mismo se conoce? Yo me lo tomo como un chiste.

P.-¿Una profesional de éxito es necesariamente una mujer sentimentalmente débil? Lo dijo usted de sí misma.
R.-No, depende sólo de lo equilibrada que una esté. Mira, yo ahora tengo una niña y una relación amorosa y un trabajo, y mi vida es un ejercicio de equilibrio entre mis sentimientos hacia estas tres parcelas. Para mí ha sido un proceso de aprendizaje.

"vivir con un superviviente es muy difícil, porque nadie comparte su memoria herida: puede ser muy destructivo"

P.-Close, nació y creció usted en el campo, en una atmósfera aparentemente muy libre...
R.-No necesariamente libre, ¿qué te hace pensar así?
R.-El rancho, las praderas, caballos, aire libre... Y de repente la enviaron a un internado en Suiza, ¿fue un shock?
R.-No realmente. Estuve en Suiza sólo dos años, cuando mi padre se marchó a África. No creo que fuera un colegio especialmente bueno, pero lo sobreviví.

P.-¿Es ésa la razón por la que no se desprende de su hija, viajando de un lado a otro, por no delegar su educación?
R.-No, es ella quien no quiere ir al colegio. Durante todo el rodaje de la película estuvo conmigo, como siempre, viéndonos trabajar, mezclándose con la gente: para ella es un juego. Acabó haciendo una pequeña aparición, pero ahora no quiere ver la película; tampoco quiere ser actriz.

P.-Ahora que ha cumplido usted los cincuenta, ¿empieza lo mejor?
R.-Sí, absolutamente.

P.-¿Será capaz entonces de interpretar el papel más difícil: el de esposa sentimental?
R.-Sí, espero que mi relación funcione. Pero no quiero hablar de eso.

P.-Déjeme entonces preguntarle por el Oscar pendiente.
R.-Yo creo que no me lo dan porque en Hollywood piensan que ya me lo han dado, se confunden.

P.-¿Habrá llegado el momento?
R.-¿Con esta película? A los americanos les espanta esta película, porque es incómoda. En Hollywood sólo premian las cosas agradables.

P.-El final de la película...
R.-Sí, es verdad, lo es. El Mundo

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