Entrevista a Marcos García “The Elf”, redactor y director de revistas de videojuegos

Publicado el 24 abril 2014 por Deusexmachina @DeusMachinaEx
Corran a buscar alguna de las revistas de videojuegos que seguro aún guardan por casa. Con mucha probabilidad Marcos García habrá participado en ellas de alguna manera, bien como redactor en los inicios de la prensa especializada en España, bien como director, tarea que ha ocupado la mayor parte de su trayectoria profesional. El que para muchos es simplemente The Elf ocupa un lugar privilegiado en la historia del videojuego en España, amén de formar parte de muchos de nuestros recuerdos como lectores compulsivos de revistas.
Hoy charlamos con esta leyenda del sector para saber cómo se las apaña uno a la hora de parir una revista mensual – o varias – durante casi veinticinco años de carrera, pero también para conocer un poco más sobre sus orígenes, sus gustos y sobre todo aprender algo más sobre videojuegos.

Algo que te guste

No sé si tendremos que remontarnos mucho, pero, ¿cómo fueron tus comienzos en esto de la prensa de videojuegos?

Pues empecé en esto en mayo de 1991, que fue cuando entré a trabajar en Hobby Press. Tenía 20 años. Me seleccionaron para trabajar en el proyecto Hobby Consolas y mientras éste hacía acto de aparición realicé alguna colaboración en Micro Hobby.

No sé si mucha gente recordará que trabajaste en Micro Hobby.

Hice alguna colaboración, algún mapa de juego, Shadow Dancer si no recuerdo mal, y algún artículo. Eso sí, tengo el honor de haber hecho el editorial del último número que salió a la venta.

¿Y cómo conseguiste el trabajo? Hablamos de una época donde era casi imposible aportar experiencia en el sector porque prácticamente no existía.

En cierto número de la revista Micromanía incluyeron un anuncio: estaban buscando redactores para las revistas del grupo. Me apunté creyendo que la oferta de empleo era para Micromanía porque el anuncio iba en esa revista y también porque en aquella época estaba más metido en el mundo de los ordenadores. Yo poseía por aquel entonces un Spectrum 48K, un QL, un Spectrum +2A, un Atari 1040 ST, un Amiga 500… En la oferta no había demasiada información, pero como era para hacer algo que me atraía muchísimo, trabajar con videojuegos, pues para allá que me fui.

¿Y qué tuviste que hacer?

Presentarme en las oficinas que Hobby Press tenía en Madrid, en San Sebastián de los Reyes y hacer una prueba escrita, allí, de manera presencial. Se trataba de escribir un texto sobre un videojuego que te gustara. Me pusieron delante de un ordenador a escribir y luego imprimían tu texto con una impresora matricial de esas tan ruidosas. Escribí sobre Shadow of the Beast de Amiga. Creo que estaba tan traumatizado con ese juego que era imposible que no hablara o escribiera sobre él. Después tenías que explicar lo que habías escrito y contar tu experiencia con los videojuegos.

¿Qué experiencia tenías tú en aquel momento?

¿Profesional? Ninguna. Yo había terminado bachillerato, COU y el servicio militar. Aunque ahora suene extraño, en aquel tiempo era algo que había que quitarse de encima lo antes posible para tener más opciones de trabajar. Me tocó hacer la mili en Vitoria. Cuando terminé no tenía muy claro qué hacer, si seguir estudiando o trabajar. Quería meterme en cualquier cosa relacionada con videojuegos pero era prácticamente imposible hacer algo que no fuera informática y no me convencía del todo el tema de lenguajes de programación y esas cosas que estaban de moda recién estrenados los años 90. Ya había realizado un par de cursos de informática y programación y esa vertiente no me apasionaba tanto. Y entonces fue cuando apareció aquella oferta e hice la prueba. Posiblemente mi gran ventaja era el conocimiento sobre videojuegos para ordenadores, consolas y máquinas recreativas de aquellos años, pero todo como usuario y aficionado. Además de unos cuantos ordenadores propios, tenía buenos amigos con Amstrad CPC y Commodore 64, así que el tema comparativa y títulos exclusivos de cada máquina estaba a la orden del día. Me empollaba todas las revistas de la época, no sólo las españolas sino también las de fuera: CVG, The One, The Games Machine, Sinclair User, Amiga Action, Consoles Plus… Todos los meses me dejaba almenos 4.000 pesetas al mes sólo en revistas, así que estaba bastante al día sobre videojuegos, pero tampoco tenía claro si sabía si lo suficiente como para trabajar en esto.

¿Quién te hizo la prueba?

Recuerdo que estaban Amalio Gómez, con quien más tiempo hablé, y Juan Carlos. José Emilio Barbero y Javier de la Guardia de Micro Manía me echaron una mano con el ordenador donde escribí la prueba.

¿Y se presentó mucha gente a aquellas pruebas? ¿Hubo mucha competencia?

En su día se comentó mucho el asunto. Se hablaba de cifras muy locas y de que se había presentado mucha gente a la prueba. José Luis Sanz me confirmó hace poco que fuimos entre 40 o 50 personas, así que no está mal.

Oye, y te cogieron.

Sí, me cogieron. Poco tiempo después, hablando con Amalio Gómez, me confesó que me habían seleccionado por la experiencia que tenía con los ordenadores y recreativas de la época, por lo mucho que había jugado y por mi conocimiento sobre videojuegos. No sé si el texto que hice les gustó o les abrumó con tanta característica técnica sobre la obra de Reflections, pero bueno, parece que lo que más le llamó la atención fue eso, mi bagaje como usuario y jugador. El caso es que me cogieron y empecé a trabajar allí, en Hobby Press, como redactor.

Y empezasteis a preparar el primer número de la mítica Hobby Consolas.

El primer número de Hobby Consolas salió cinco meses después de que me incorporara a la empresa. Durante muchas semanas nos dedicamos a probar juegos y más juegos para decidir cuáles serían los primeros contenidos del número uno de la revista. Nos situaron en una zona de la redacción repleta de cartuchos de NES, Master System y Mega Drive, junto a otras rarezas como Amstrad GX4000 o Atari Lynx, y nos pidieron que los probáramos todos para decidir cuáles saldrían en las primeras revistas de la cabecera. La idea era salir con un número muy fuerte y por eso había que ser cuidadoso con lo que se incluía. Así que nos tiramos meses jugando, capturando pantallas, probando trucos y escribiendo sin parar. Además aprendimos a utilizar Photoshop en Mac para hacer mapas y, si sobraba tiempo, echábamos una mano en Micro Hobby.

Quizá por eso muchos de los análisis del número 1 de Hobby Consolas son tuyos.

Es que las primeras Hobby Consolas la escribimos José Luis Sanz y yo casi en su totalidad. Amalio Gómez, director de la revista, y Juan Carlos, director de Micro Hobby y posteriormente Nintendo Acción, participaron escribiendo y organizando, por supuesto, pero gran parte de la revista la escribimos entre nosotros dos. Los primeros números los hicimos esas cuatro personas.

Un día vas al kiosco a comprar una revista de videojuegos y compras una que has hecho tú. ¿Cómo te sientes?

Es una sensación indescriptible. Me acuerdo cuando nos la dieron en la oficina, la mirábamos como si no nos lo creyéramos. El trabajo de meses impreso ante nosotros.

¿De qué más te encargaste en aquellos primeros números?

De todo un poco. Siempre me acuerdo de los mapas de juegos. Los hacíamos capturando y uniendo pantallas, un trabajo muy laborioso pero tremendamente gratificante al presenciar el mapeado final en toda su extensión. Si el juego tenía sólo un plano de scroll el trabajo se simplificaba, pero si había varios la cosa ya se ponía complicada. Lo peor era cuando empezabas a unir las pantallas, cuando ya habías capturado todo y de repente te dabas cuenta de que te faltaba una pantalla en el mapa… ¿cómo sabías cual era? A veces te tocaba empezar de cero ese nivel para llegar a esa zona de nuevo. Para hacer los mapas usábamos Macintosh y Photoshop. Era la leche, te quedabas alucinado viendo lo que se podía hacer con un ordenador de aquella magnitud.

¿Tenías secciones fijas?

Al principio yo llevaba Teléfono Rojo, y también la sección de trucos, además de The Game Master con la que disfruté tremendamente contando cosas diferentes. Teníamos libros americanos e ingleses llenos de trucos y lo que había que hacer era probar los que venían. Esto se hacía porque había algún truco que no funcionaba debido al cambio de versión de NTSC a PAL. Bueno, también había trucos que eran auténticas patrañas y no funcionaban nunca, ni en una versión ni en otra. Aun con eso algunos acababan publicados en alguna otra revista de la época, qué cosas. Recuerdo que Sega nos mandó documentación exclusiva sobre trucos, un archivo privado donde se explicaban muchas cosas de los juegos de la casa. Nosotros probábamos todos y si no funcionaban no se sacaban en la revista, eso era seguro. Además explicábamos a la gente cómo pasarse los juegos o partes del mismo que eran un poco más complicados de la cuenta, cómo matar a los jefes finales y cosas así.

¿Estuviste desde el numero uno de Hobby Consolas hasta el…?

Empecé en Zeta en mayo de 1993, así que el número de marzo – abril de 1993 fue el último número de Hobby Consolas que hice. Tendría que echar un ojo a las revistas para confirmarlo.

Dime con qué número de la revista te quedas, cuál es el que más recuerdas de tu etapa allí.

El primer número, sin duda. Lo recuerdo siempre por muchas cosas buenas y por una mala. ¿Las buenas? Pues porque fue el primero, prácticamente por todo, era el trabajo soñado por mí. La mala fue el mapa-póster que se regalaba en ese número. Hice el mapa de Ghouls’n Ghosts de MegaDrive, un juego que era y sigue siendo muy jodido. Por un problema con los discos ópticos que usábamos para almacenar en aquel entonces la información se perdió y nunca se pudo publicar el mapa después de la currada que me metí. Ajustar los planos de scroll al mapeado y redibujar zonas inexistentes fue muy laborioso. Por un lado iba a ir el mapa de Batman de NES y por el otro el de Ghouls’n Ghosts, pero como no se pudo recuperar incluimos un póster de Sonic en esa cara. Recuerdo también el número en el que publicamos el análisis de Super Mario World. El análisis llevaba ocho o diez páginas. Iba a salir un mes antes pero por un tema publicitario o de fechas, no me acuerdo, se paso al número siguiente.

¿Qué es lo que más recuerdas de Hobby Press? ¿Qué es lo que más les agradeces?

Siempre les agradeceré lo mucho que me enseñaron. Me enseñaron muchas cosas. Lo primero a trabajar, ya que fue mi primer trabajo. Tienes que adaptarte a tener horarios, a desplazarte, a estar una hora y media en el autobús o el metro con tu discman y tus auriculares… Me enseñaron a trabajar en grupo, a ser minucioso en el trabajo, y a trabajar con pasión. Es cierto que la pasión ya la traía yo de serie, pero es que aquella gente era capaz de inculcársela a quien no la tenía tan a flor de piel. Trabajaban de manera muy apasionada. Bueno, y también aprendí a manejar entorno Mac y a usar el ordenador como herramienta profesional, no sólo como herramienta para jugar.

¿Y por qué cambiaste de trabajo? ¿Fue por dinero, por el proyecto… por qué fue?

Se juntó un poco todo. La oferta de Zeta era jugosa, me doblaban el sueldo y me ofrecían el puesto de redactor jefe. Cuando hablé con ellos percibí que no estaban contentos con Super Juegos, que no les convencía lo que hacían en la revista en aquel momento. La verdad es que no era para menos porque la revista en sus primeros números era tremendamente cutre. Las capturas de los juegos eran fotos que hacían directamente a la pantalla del televisor, y tenían una mascota infernal. La persona que me contactó buscaba un cambio radical para la revista. Yo estaba bien en Hobby Consolas, el trabajo me gustaba, la revista iba como un cohete, pero aquello que me propusieron me llamó mucho la atención. La gente de Hobby Press intentó que me quedara, pero ya había decidido que me iba a ir, aunque me costó mucho llegar a esa decisión. Que ya no estuviera en el equipo José Luis Sanz también me influyó, ya que pasamos momentos memorables por allí.

Y entonces pasas a ser director. ¿En qué cambia tu trabajo?

Después de algún tiempo como redactor jefe y director en funciones, el paso a director no fue muy difícil, la verdad, ya había tenido práctica suficiente. En Grupo Zeta contrataban a quienes creían que iban a hacer un buen trabajo y les dejaban hacer con bastante libertad. Aunque el puesto de director suena a gestión pura y dura yo siempre he querido escribir. Cuando lo has hecho y te gusta es muy difícil desprenderte de ello. Por ejemplo, los juegos de importación era algo que me apasionaba, me encantaba escribir sobre ellos, así que cuando podía me encargaba de unos cuantos títulos en esa sección, además de análisis, previews y alguna sección de RPG’s.

Claro, siendo el director si quieres hacer un texto lo haces y punto, ¿no?

Bueno, en esos puestos siempre hay que tener mano izquierda y sobre todo conocer muy bien a la gente que trabaja contigo. Si ves que alguien tiene verdadera pasión por escribir sobre un juego, lo mejor que puedes hacer es dejarle que lo haga, eso es lo que debería hacer un buen jefe. Ahora bien, ser el director también hace que haya pocos enfrentamientos de este tipo, pocos se atreven a discutir en exceso… (risas). En serio, recuerdo pocos problemas por cosas como ésta. Date cuenta de que la gente que trabajábamos allí éramos verdaderos amigos y buenos compañeros, así que todo era muy fácil.

Háblanos del famoso planillo.

Una de las principales tarea de un director es gestionar en el planillo. Es el diseño de los contenidos de la revista, la guía que dice lo que lleva cada página. Ese fue el mayor cambio en mi trabajo. Al principio, cuando era redactor, yo me ocupaba de escribir mis textos y hacer mis artículos y luego otros decidían dónde y cuándo se publicaban. Tú te despreocupabas una vez habías entregado el texto. Ahora la cosa cambiaba porque me tocaba a mí decidir sobre eso. He de decir que es un trabajo pesado pero bonito. Configurar una revista no es sencillo. Si entra un juego a última hora y lo quieres sacar en ese número, o se te ha caído algo al final y hay que rellenar ese hueco la cosa se pone tensa, al igual que a la hora de colocar las páginas de publicidad. Tienes que decidir qué quitas, qué pones, qué modificas, para que al final encaje todo. Y cuando todo encaja es un placer. Te sientes padre de algo, en este caso de una revista que luego la gente va a comprar y leer. Y aunque puede parecer sencillo organizar los contenidos porque todo va por secciones y tal, ese orden que las revistas tienen es muy importante. Yo pienso que hay que encontrar ese camino oculto que va a guiar al lector para que se lea la revista de principio a fin.

Pero no sólo cambian tus funciones, sino que se te acumula el trabajo porque en Zeta trabajas en muchas más revistas.

Durante muchos años hicimos Súper Juegos y PlayStation Revista Oficial de manera paralela. Añádele guías especiales de consolas y de videojuegos, revistas de PSP, guías de juegos y de compras de navidad, especiales varios… La plantilla de profesionales y amigos con la que contaba fue muy larga durante muchos años y todos estábamos especializados en videojuegos, así que era relativamente sencillo sacar las publicaciones adelante. Ahora sería imposible hacer aquel trabajo, al menos hacerlo de la forma en la que se hacía.

Te olvidas de Mega Sega.

Oh, sí, y Mega Sega, aunque el mérito de esta revista debe recaer en José Luis Sanz, Bruno Sol, Javier Bautista y Fernando Martín principalmente. Llegamos y revolucionamos la publicación, hicimos lo que nos dio la gana. La gente de Grupo Zeta nos dejaba trabajar con mucha libertad. Era una revista muy gamberra. Yo creo que en Zeta no se la leían con detalle, no soy capaz de explicarme cómo podíamos hacer lo que hacíamos y que nadie nos dijera nada.

Tuvisteis hasta juicios por la revista.

Tuvimos demandas por la sección “Una de gambas”. A veces nos daba por hacer gracias respecto a errores y personas de revistas de la competencia. No perdimos ningún juicio porque también nos metíamos con nosotros mismos: que si la novia de tal redactor tiene más pelo que un gorila, que si otro juega a la consola desnudo en la terraza de su casa… Las novias dieron mucho juego en la revista, y también los olores corporales. No sé, yo creo que los jueces veían que aquello era algo muy de coña, nada que atentara de verdad contra el honor de las personas. Yo tuve que ir un par de veces a declarar al juzgado. Me acuerdo que en una de las ocasiones la juez hacía grandes esfuerzos para no reírse y a mí me costó bastante mantener el tipo.

¿Y los jefes que os decían al recibir las demandas?

Nunca nos dijeron que lo dejáremos de hacer pero es cierto que flipaban un poco con todo aquello. Cuando llegaban las citaciones a juicio la cosa se tensaba, pero cuando comprobaban que aquello era tan absurdo acababan por no tomárselo en serio. En el fondo no era una cosa tan grave, una mezcla de coña y pecados de juventud.

¿Y qué pasaba con la gente con la que os metíais? Algunos eran excompañeros, a otros seguro que os los encontrabais en eventos del sector.

Durante un tiempo las relaciones se tensaron bastante, eso es obvio. Yo lo entiendo porque aunque era simple cachondeo quizá llego un momento en el que alguien pudiera sentirse ofendido. Pero no había maldad en aquello, es la pura verdad. En el fondo hablábamos de ellos y eso era hacerles publicidad, ¿no? Pero vamos, cuando coincido en la actualidad con estas personas no hay problema, nos llevamos bien.

En esta línea, hablemos de Mega Golfo. Resolvámoslo de una vez por todas. Tú como jefe de todos ellos puedes decirnos quién fue. ¡O quiénes fueron!

No voy a decir nada. El que haya sido Mega Golfo que lo diga. Yo sólo diré que no lo fui nunca. Fui Yen en Hobby Consolas durante algunos números, eso sí lo puedo decir.

Cuéntanos algo feo del trabajo de director.

He tenido la suerte de hacer una revista con mucha libertad. En Grupo Zeta te dejan trabajar así que no había demasiadas cosas feas que lidiar. He tenido muchas peleas con los gerentes de turno, sobre todo cuando había que convencerles para sacar determinada promoción, determinado especial, determinado regalo o aumentar páginas. Había que hacerles ver que aquello era una herramienta comercial para vender más en los kioscos, para subir las ventas. Eso costaba, a veces demasiado. En algún lío sí que me he metido, diría que en bastantes, la verdad. Como esto lo hacía con mucho cariño y mucha pasión en alguna ocasión la he liado subiendo la numeración de páginas de la revista por no dejar fuera ningún contenido. Y sí, alguna vez he oído eso de las películas de “¡Estás despedido!” pero al final nunca lo hicieron. Bueno, hasta esta última vez que sí que me despidieron. (risas).

¿Y con la gente que tenías a cargo?

Con la gente con la que he trabajado nunca he tenido problemas serios mas allá de los roces que existen entre personas que trabajan muchas horas juntas. Hubo un caso, un colaborador que nos denunció, pero fue más un problema a nivel empresarial que personal con nosotros. Como se suele decir en estos casos, y es verdad, creo que siempre he trabajado con el mejor equipo de profesionales, compañeros y a la vez amigos del país.

Super Juegos y Revista Oficial PlayStation han sido dos de las revistas más importantes de los últimos años.

Sí, era un trabajo muy importante pero la recompensa era grandísima. Eran dos publicaciones que se vendían fenomenal, hacían unos números tremendos. Además la editorial nos dejaba hacer la publicación que nosotros queríamos y resultaba que lo que nosotros pensábamos era lo que a la gente le gustaba, por eso compraba la revista. Fueron unos años magníficos en lo personal y en lo profesional.

¿Qué secciones de Super Juegos eran las favoritas de os lectores?

Las reviews eran bastante exhaustivas y a la gente le gustaban mucho. Metíamos muchas pantallas, a veces demasiadas porque hubo una etapa en la que publicábamos hasta las escenas del final del juego y todo. La sección de juegos de importación también era muy alabada, date cuenta de que en aquel entonces eso no lo hacía nadie con tanta profundidad y cobertura. Secciones como Retroviews también pasaron a la historia.

¿Cómo conseguíais aquellos juegos de importación? ¿Los comprabais vosotros?

Si tenías buena relación con Sony, Sega o Nintendo y les llegaba alguna cosita interesante se ponían en contacto contigo y te la daban o te la dejaban. Si lo hacían era porque sabían que lo ibas a sacar en la revista, sabían que le ibas a dar cobertura al material que te estaban dejando. Pero lo habitual era que nosotros compráramos los juegos de importación de los que queríamos hablar. Íbamos a Chollo Games, una tienda muy famosa de Madrid con la que teníamos un acuerdo publicitario. Elegíamos y pedíamos los juegos que interesaban y a cambio ellos obtenían publicidad en la revista. Pero a veces ese intercambio comercial no cubría todos los juegos que encargábamos, así que había que conseguir más dinero. Me tocaba subir a ver al gerente y decirle que había que gastarse ese mes unas 150.000 pesetas en juegos de importación. Imaginaos la cara que ponía. Había que explicarle la importancia que tenía todo aquello. Ellos querían saber si con esa inversión la revista iba a vender más. “¿Pero vamos a vender más?” “Que sí, que sí, que esto la gente lo está esperando, que va a salir en portada…”. No paraba hasta que podíamos comprarlos. Así lo hacíamos. Y con las consolas de importación igual.

Tienes la oportunidad de explicar el porqué de Japanmania, porque mira que era un suplemento raro, ¿eh?

Lo de Japanmania era algo que hacíamos para reírnos, principalmente. Nos inventábamos los nombres de las modelos y las historias absurdas sobre sus vidas. En eso hay que darle las gracias a Javier Bautista y su infinita imaginación. Aprovechábamos esas historias locas para meternos con los compañeros de redacción, no perdíamos la oportunidad. Si alguien se sintió ofendido que nos perdone, pero lo hacíamos por la coña, de verdad. De ahí me encantaba la sección de juegos de importación y participaba siempre que podía. Poder hablar de juegos que acababan de salir en Japón y que no iban a aparecer en España hasta dentro de muchos meses, o años, o nunca, era tremendo. Y nosotros podíamos jugarlos antes que nadie y escribir sobre ellos. Era un verdadero lujo para todos nosotros.

¿Hay diferencia entre hacer una publicación multiplataforma y otra solo centrada en una máquina y sus juegos?

En lo que a trabajo se refiere no, pero sé que lo preguntas por otra cosa. Dejaré claro esto: PlayStation Revista Oficial era una licencia adquirida por Grupo Zeta. Era un contrato entre Sony y Grupo Zeta en el que todos salíamos beneficiados, ambas partes. Además nos unía una muy buena relación con ellos, algo que ayudó a que este proyecto saliera adelante. Nos daban total libertad para elegir las portadas, los reportajes, los artículos… era una revista que no trataba sólo de juegos, sino que tenía secciones de estilo de vida, tecnología y otros ocios. No nos obligaban a poner juegos de Sony ni nada de eso, como alguna vez he leído por ahí. Y mucho menos se modificaban notas.

¿Cómo se convierte Super Juegos en Xtreme? Empieza siendo una especie de suplemento en el medio de la revista y acaba fagocitándolo todo.

Nosotros queríamos darle un aire nuevo a la revista y estábamos viendo cómo hacerlo. Aprovechamos que acababa de entrar un director editorial nuevo en el Grupo Zeta y resultó que él también venía con esa idea. Nos recomendaron a Pedro Berruezo, más conocido como John Tones, para darle un aire distinto a la revista. La idea era hacerla un poquito más gamberra. Me entrevisté con Pedro porque no le conocía en persona, aunque tenía muy buenas referencias de él. Es un tío que sabe muchísimo de videojuegos y de otras muchas cosas, y que escribe de una manera muy especial. Entró a trabajar con nosotros en Super Juegos como redactor jefe centrándose en la revolución que iba a ser Xtreme. Nos echó una muy buena mano en la revista y aproveché para descargarme un poco de trabajo, porque teníamos mucho jaleo en la Revista Oficial PlayStation. Xtreme empezó como suplemento dentro de Super Juegos pero a la gente le gustó la idea y la revista empezó a repuntar. Como buscábamos un nicho de lectores donde la revista se situara bien, gente que buscara algo distinto, más profundo, decidimos que Super Juegos se convirtiera en Xtreme.

¿Y se consiguió?

Xtreme no tenía unas ventas exageradas pero funcionaba bien. El mérito de Xtreme es mucho, ya que tuvo que cambiar de imagen totalmente y superarse a base de trabajo. Cuando ocurre una cosa así es muy difícil repuntar si no es a base de promociones o de cambios radicales muy bien pensados. Nosotros nos centramos en lo segundo y salió muy bien, el tiempo que duró.

Os dio tiempo a montar otra revista, GamesTM.

Llevábamos tiempo buscando licencias atractivas y la de GamesTM era muy interesante. Peleamos mucho por conseguirla, no fue trabajo fácil y menos después del cierre de Super Juegos. Nos gustaba mucho la versión inglesa. Afrontar un proyecto así con la reducida plantilla que teníamos de aquella era algo complicado. No fue fácil lanzarla. Hablamos de 180 páginas con muchos artículos propios y muy poca traducción. Nos dejamos la piel en hacer una revista que no se hubiera visto nunca en España, que llamara mucho la atención.

Vivir los videojuegos

¿Qué generación de videojuegos es la que más te ha impactado?

La de los 32 bits, sin duda. El salto más grande se produjo cuando llegaron aquellas consolas. El CD lo cambió todo, bueno, no todo, porque alguno siguió usando el cartucho. Los 32 bits marcaron el futuro del mundo del videojuego, lo que los juegos son ahora mismo ya se definió allí, en aquel momento. PlayStation y Saturn fueron dos consolas que me llamaron mucho la atención en su momento. Ambas proponían convivir momentáneamente con las 2D, sobre todo Saturn, que tanto nos habían hecho disfrutar, pero planteaban el necesario salto a las 3D, sobre todo PlayStation. Fue una pena porque en realidad los juegos en dos dimensiones seguían y siguen siendo geniales, de hecho los echo mucho de menos a día de hoy. También coincidió con que los recreativos estaban muriendo. Etapa apasionante pero que a la vez se iba desligando poco a poco del auténtico origen de todo. El mundo se estaba haciendo poligonal y había que estar bien preparado para ello.

¿Cómo fue tu primera experiencia con aquello?

La primera consola de 32 bits que probé fue PlayStation. Cierta persona de una compañía competencia de Sony me invito a ver la PlayStation que les acaba de llegar de Japón. La tenían unos días antes de que se lanzara oficialmente en ese país, no sé qué contactos tendrían para conseguirla con esa antelación pero la tenían. Yo fui a verla a sus oficinas, me acuerdo que era pleno mes de diciembre. Me metieron en una sala donde estaba la consola enchufada a una televisión y alguien estaba jugando a Ridge Racer. En cuanto lo vi me faltó poco para que se me saltaran las lágrimas. Aquellos gráficos, esa fluidez en la generación de polígonos, la música… aquello parecía una recreativa. La persona que me invitó se me acercó y me dijo: “¿Qué? Está bien, eh, pero tampoco es la hostia, ¿no?” Decía que la vista externa era ingobernable, algo que era cierto, pero a mí el juego me pareció y me sigue pareciendo una auténtica maravilla. Jugué un rato al primer circuito, un trazado súper sencillo que te aprendías rápidamente. Disfruté muchísimo. Lo peor llegó al día siguiente: te costaba mucho ponerte a jugar otra vez a juegos de Super Nintendo o MegaDrive. En ese instante ya eran otra cosa, ya pertenecían al pasado aunque no quisiéramos.

¿Te gustan los videojuegos para móvil o tablet?

Confieso que me crean incertidumbre aunque los consumo habitualmente. Presenciar los R-Type, la recopilación de Raiden, Battle Squadron, Blazing Star, los shooters de Cave, alguna cosita de Square Enix o Taito, o el emulador de Spectrum de Elite o el de Vectrex en mi iPad me produce nostalgia, un deseo irrefrenable de tenerlos otra vez y recordar tiempos mejores. Al resto, las novedades, puedo jugar un rato pero no más de cinco o diez minutos. Son juegos sin profundidad que apenas otorgan recompensa al jugador. Para mí son pasatiempos más que juegos de verdad.

Pues se están comiendo el mercado de las portátiles.

Sí, y no sé por qué. Yo tengo muchos juegos para iPad, sobre todo matamarcianos, y es difícil jugar con ellos, aunque el control ha mejorado respecto a los títulos iniciales. Siempre digo que no compro juegos de móvil, que compro nostalgia, como por ejemplo el emulador de Vectrex. Pago porque creo que hay que apoyar a la causa, compro recuerdos del pasado, pero lo cierto es que jugar en un móvil es incómodo. Una portátil es mejor máquina para jugar, te permite un control perfecto de la situación. Mira PlayStation Vita, que es una pasada de máquina y no ha vendido tanto como merece. La pantalla es alucinante, es increíble cómo se ve. A ver si con PS4 tiene una segunda vida, el juego a distancia es una pasada.

¿Acabarán los videojuegos siendo películas?

Para mí Beyond o Heavy Rain son videojuegos. Será más juego o menos juego, te dejará hacer más o menos cosas, pero son juegos que transmiten muchísimo, que generan una intensidad y una emotividad que muchos otros, mucho más interactivos no son capaces de alcanzar. Heavy Rain es una pasada porque puedes llegar a sentir lo que siente el protagonista. Que sí, que ya sé que gran mayor parte del jugo son secuencias QTE una detrás del otra, pero hay que reconocer que un juego así te tenga pegado al mando hasta que lo acabas tiene mérito. A nivel emocional e intensidad, pocos títulos alcanzan a Heavy Rain o Beyond. Otra forma diferente de jugar, pero con mucha calidad.

¿Entonces no vale eso de que un juego es más o menos juego dependiendo de su interactividad?

En los primeros juegos lo que te condicionaba era el control, la dificultad y la jugabilidad, como pasaba en el primer Donkey Kong, que es una maravilla. Podrías estar jugando años seguidos y no te cansarías. Su control es tan perfecto que la jugabilidad no te agota y la curva del nivel de dificultad es impecable. Creo que la interactividad no es lo que marca a día de hoy el tipo de juego, eso lo hace la libertad de acción. Dishonored o Thief son juego perfectos en esta línea. Te permiten acometer las misiones montando mucho ruido o usando el sigilo, te da un escenario algo limitado pero con los recursos justos para que decidas qué quieres hacer. Tienen las medidas y proporciones ideales para este esquema. Es un juego abierto pero en su justa medida. Los juegos muy, muy abiertos e inmensos pueden acabar agobiando. A mí me pasa. Yo me agobio jugando a Skyrim o Grand Theft Auto porque quiero verlo todo, coger todas las cosas, hablar con todos los personajes, y no se puede. Son tan gigantescos que es imposible abarcar todo, prefiero las proporciones más recatadas de Dragon’s Dogma, por ejemplo. No digo que no me atraigan ese tipo de juegos, me encantan y me pierdo en ellos durante semanas, pero me agobian porque quiero hacer todo. Aunque si tengo que hablar de juego perfecto, me vale cualquiera de la saga Souls, para mí los tres mejores títulos de la pasada generación y auténticos regalos plenos de originalidad, frescura ,inmersión, sensaciones y adicción.

¿Compras juegos descargables?

Hay auténticas maravillas en las tiendas digitales y me gusta explorar ese mercado. Journey o Rain me han parecido absolutas maravillas, así como Limbo, Outland o Fez. Además tienen una gran ventaja, tengo tan poco espacio en casa ya que agradezco que algunos juegos solo existan en formato descargable. También me ayudan a conservar mi colección. Si salen juegos clásicos en formato descargable los suelo comprar, aunque tenga el original en cartucho o CD ya en la estantería. Si son juegos de alguna consola incómoda de instalar o si se trata de un título que tengo en lo más alto de la estantería o que toquetearlo se vuelve delicado lo compro sin dudar. He invertido bastante dinero en las tres tiendas virtuales. Es verdad que al no tener referencia física del título, con el paso del tiempo hasta te puedes olvidar que lo tienes, pero forma parte del presente y el futuro, así que hay que acostumbrarse.

Entiendo entonces que esta moda retro actual te gustará.

No creas que me hacen especial ilusión los juegos nuevos que se hacen con apariencia añeja. Sí, se hacen con mucho cariño y muchos los compramos en mayor o menor medida, lo que demuestra que siguen teniendo tirón, pero no es lo mismo. Yo opino que para jugar a un buen juego en 2D es casi mejor desempolvar una Super Nintendo, una NES, una MegaDrive o una PC Engine y probar los juegos de esa época como se merecen, con su mando original y, si es posible, con una tele de tubo. Son la esencia, el caldo de cultivo primigenio y hay que saborearlos así.

¿Qué opinas de la emulación?

La emulación está bien a modo referencial, emuladores como MAME están bien para ver cómo eran determinadas recreativas… pero yo pienso que no tiene gracia ver un juego de ese tipo y fecha en un monitor de ordenador. Darius Alpha de PC Engine es un juego que vale unos mil euros de segunda mano, es un juego que regalaban si comprabas otros dos Darius y por eso hay muy pocos en el mercado. La emulación permite poder ver ese juego que de otra forma no podría ni verse, pero de ahí a decir que si tienes la ROM de Darius Alpha tienes el juego va un trecho. Si no tienes la Hu-Card no tienes ese juego.

Es normal que un coleccionista como tú afirme eso.

En los periodos de inactividad me he puesto en modo coleccionista total. Estoy haciendo inventario de todo lo que tengo y el problema que estoy encontrando es que me he dado cuenta de que me faltan más cosas de las que creía.

¿Lo tienes controlado? ¿Sabes todo lo que tienes?

Estoy a medias. Sé que debo hacerlo porque tengo tantas cosas que a veces me compro juegos que ya tengo. Tengo controladas algunas cosas, y otras no. Por ejemplo, las colecciones de PC Engine, Super NES, NES, MegaDrive, PSone, Dreamcast o Saturn las controlo al detalle. Sin embargo de PlayStation 2/3 y Xbox 360, por ejemplo, tengo tantos juegos que no soy capaz de listarlos. He empezado mil veces a hacer una lista, dejaba el trabajo a medias, lo intentaba retomar tiempo después y cuando lo hacía ya no sabía dónde me había quedado. Ahora estoy haciendo obras en casa para tenerlo todo bien ordenado y de paso meter una recreativa.

¿Cuántas consolas tienes?

Tengo muchas maquinas pero no me hace falta tener todas las que han salido, prefiero centrarme en las que me llaman la atención de verdad. Por ejemplo, Master System es una consola que en su día no me llamó nada la atención cuando probé y comenté sus juegos en Hobby Consolas y la he adquirido hace pocos meses. Tengo todas las de Nintendo y casi todas las de NEC, son máquinas que me apasionan. Bueno, me falta la PC Engine LT pero la acabaré consiguiendo porque la busco habitualmente. Lo que pasa es que la quiero en el mejor estado posible y eso es difícil. Hace poco conseguí una Vectrex que también me faltaba.

¿Qué es lo más raro que tienes en tu colección? ¿Qué destacarías?

La FM Towns Marty de Fujitsu quizá sea la consola más rara que puedo tener en casa. Tengo alguna cosa especial como la última NES que salió al marcado sin estrenar, la Virtual Boy japonesa, o la unidad de disco de Famicom, alguna WonderSwan rarita, la Turbo Duo americana, una CD32, la Colecovision… Y miles de cosas que me traje de los viajes a Japón como los numerosos mandos de Densha De Go!, el simulador de metro y tren, o un espectacular reloj Seiko de Final Fantasy VIII.

¿Cómo se llega a tener una colección así? 

Al principio cuando no tienes ingresos gracias a tus padres, como nos ha pasado a todos. Papá Noel, Reyes, cumpleaños… les pides que te regalen las máquinas y juegos de tus sueños. A mí me regalaron un Spectrum en el año 1984, así que por ahí empecé y se lo agradeceré eternamente. Luego, con el paso del tiempo, poco a poco he ido comprando máquinas y juegos que de pequeño y ya joven no pude tener. Trabajar en el sector y tener contactos también hace que puedas conseguir muchas cosas, muchos videojuegos o consolas.

¿Venderías tu colección?

No, no querría. Si fuera por una situación grave a lo mejor tendría que hacerlo, pero me dolería mucho, te lo aseguro. Pienso que cuando sea mayor y mis sentidos no estén en buenas condiciones podría vendérsela a alguien que la apreciara como lo he hecho yo. También me planteo donarla a algún museo, si es que lo hay alguna vez. Mi futuro económico no está ahí, no colecciono videojuegos y consolas para vender o especular. Mis juegos son parte de mi vida, si me los quitan es como si me quedara sin la articulación del codo, así que no cabe en mi cabeza deshacerme de ello. Sí es cierto que hay algunas cosas de las que me voy desprendiendo, juegos repetidos o algunos a los que no les tengo cariño o son de géneros que no me apasionan. No son muchos, pero creo que es mejor cambiarlos por algo que quieres o dárselos a alguien que los aprecie de verdad.

¿Dónde te gusta comprar?

A nivel general me gusta ir a FNAC cuando tengo que comprar algo en tienda física. Por Internet suelo adquirir en Amazon, Xtralife, Game… En eBay o en tiendas inglesas retro y japonesas compro cosas más concretas, de coleccionista.

¿Y eres manitas? ¿Te las apañas arreglando maquinas rotas y tal?

Qué va, sé hacer lo básico, abrir, limpiar, soplar… A nivel de electrónica no tengo ni idea, prefiero no hurgar por si lo rompo. Algún día lo intentaré, pero no con mis consolas.

Has estado en Japón varias veces. Cuéntanos qué te trajiste de allí, que seguro que no fue poco.

De Japón me he traído maletas y maletas de cosas siempre que he tenido la oportunidad de ir. Como íbamos varios días nos daba tiempo a recorrernos todas las tiendas. La primera vez que fui compré una maleta gigante y la llené entera, y no precisamente de ropa, además de utilizar las que llevaba ya. Me gasté una cantidad desorbitada casi sin darme cuenta. Tuve que llamar a mi padre para pedirle que me ampliara el límite de la tarjeta de crédito porque me lo había fundido casi en un solo día. La persona que me acompañaba tuvo que pagar con su tarjeta. Compré una Virtual Boy, una GT, dos PC Engine blancas, un centenar de juegos de PC Engine, PlayStation, Super Famicom, MegaDrive… ¡Era imposible ver todo aquello y no traérselo!

¿Cuál es el juego por lo que más has pagado?

Por el View Point de Neo Geo. Me costó 45.000 pesetas en su día, nuevo, precio de salida. La consola me había costado ya unas 70.000 pesetas.

¿Eras más de bares o de recreativos?

Yo vivía en aquel momento en Móstoles, allí había varios salones y bares con recreativas, a veces nos recorríamos todo Móstoles buscando recreativas por los bares. Pero iba frecuentemente a Madrid a jugar en los salones de Iglesia, Plaza España y los de Gran Vía o Sol. Lo cierto es que tampoco me he gastado muchas monedas jugando a las recreativas, sabía que me tenía que controlar porque cuando eres jovenzuelo no tienes mucho dinero y tienes que saber dónde gastarlo.

¿A qué juegos te gustaba jugar? ¿De cuáles guardas buen recuerdo?

Jugaba mucho a Pole Position. Recuerdo que iba con mi tía y ella me pagaba las partidas. Donkey Kong, Galaxian, Pac-Man, Defender o Bagman eran algunos juegos que me encantaban de mi primera etapa recreativa. Más adelante llegaron clásicos como Gradius, R-Type, Rygar, Outrun,… o juegos de dobles para disfrutar con amigos como Golden Axe, Double Dragon o Prehistoric Isle.

Lo de que tu juego favorito de todos los tiempos es Shadow of the Beast no es ningún secreto, ¿no?

Sí, está claro, es el que me hizo ver que los juegos podían evolucionar técnicamente y que superaba a muchas recreativas de la época. Acabó con el reinado conformista de Atari ST y catapultó al Amiga a cielos con trece planos de scroll. Eso sí, en tema de jugabilidad es más que cuestionable, pero no nació como juego, nació como ejemplo de superación tecnológica. Tengo todas las versiones menos una, me falta la de FM Towns Marty. Bueno, la tengo piratilla, pero algún día compraré el original, lo prometo.

¿Y qué versión es la mejor?

La versión de Amiga. Era un prodigio técnico en colores, tamaño de enemigos, tasa de frames, banda sonora… Me quedé loco con su colorido, apartado audio y sus planos de scroll. El juego tenía trece: que si la montaña, las vallas, la hierba, las piedras, el cielo…  El resto de versiones son bastante buenas pero la versión de Amiga es la versión con mayúsculas. Y eso que es bastante injugable y muy difícil.

¿Tú te lo has acabado?

Lo he terminado pero con trucos, es tremendamente difícil e injusto. En Master System por ejemplo es más fácil, más razonable en dificultad. El de Mega Drive japonés era más fácil también, pero la versión de PC Engine y la de Amiga son prácticamente imposibles.

¿Y Shadow of the Beast II?

Hombre, no es lo mismo. David Whittaker, el compositor del primero, ya no participaba y eso se notaba. El esquema del juego ya no me atraía tanto y técnicamente le considero peor. El primero era un arcade puro, un juego de avanzar dando puñetazos y patadas, con poquitos ítems y puzles que resolver. Pero el segundo Shadow of the Beast ya tiene un poco de aventura, que no estaba mal, pero ese cambio ya hacía que fuera un juego diferente, aunque sigue siendo un tormento de dificultad y el apartado audio también es brillante. Con la tercera parte pasaba lo mismo. Si se hubieran llamado de otra manera no habría pasado nada. Como pasa muchas veces se utilizó el nombre y el argumento primigenio porque era una franquicia de éxito, para seguir vendiendo, pero para mí son juegos prácticamente diferentes. En realidad para mí no son una trilogía.

Además de éste, ¿qué otros juegos metes en tu podio personal?

Hay muchos, es difícil elegir. En mi súper podio estarían Final Fantasy VI, Final Fantasy VII, Super Mario World, Donkey Kong, R-Type, The Hobbit para Spectrum, Wild Arms, Valkyrie Profile… Las sagas Resident Evil y Silent Hill también me han marcado mucho. Además metería Ridge Racer, Metal Gear Solid, Castlevania: Symphony of the Night, el Zelda de Super Nintendo… lo voy pensando ahora y añadiría tantos, es imposible elegir. De la actualidad me quedo con Demon’s Souls, Dark Souls I y II, Dishonored y Thief.

¿Y géneros?

El género que más me ha marcado, el que más horas de juego me ha quitado es el RPG japonés, sin duda. Y sin embargo ahora mismo le tengo bastante olvidado. Quizá me haya saturado un poco, pero seguro que me pongo delante de la pantalla una hora y media con uno y me acabo enganchando. De hecho tengo pendientes los últimos Tales Of. Antes devoraba el género. Cuando había un nuevo lanzamiento me compraba la versión japonesa, jugaba 10-15 horas a ciegas, después me compraba la NTSC americana y lo jugaba en inglés, y luego para rematar la faena jugaba a la versión PAL que era la que comentábamos en la revista. Me compraba los juegos por triplicado y no me importaba. Ahora no tengo un género definido, aunque el cuerpo me pide más Survival Horror y desarrollos tipo Dishonored o Dark Souls II. Si el juego es bueno me da igual el género.

¿Juegas con el PC?

Soy usuario de Mac y no lo utilizo para jugar. Nunca he tenido PC, bueno sí, tuve un Amstrad pero solo para escribir. En la época dorada de Amiga veía los juegos de PC y me parecían una basurilla. ¿Quién podía soportara esos juegos CGA o EGA con 4 o 16 colores y paletas de color súper limitadas? Gráfica y técnicamente los juegos de Atari ST y Amiga les daban mil vueltas. Luego el PC evolucionó rápidamente y es la referencia en calidad gráfica para el desarrollo de juegos, pero prefiero las consolas, son más cómodas y dan menos problemas.

Dinos tus máquinas favoritas de todos los tiempos.

Me quedaría con el imperio consolístico de NEC y su docena larga de máquinas, ampliaría con NES, Super Nintendo, ColecoVision y Mega Drive. Como ordenadores elegiría Spectrum y Amiga. El sonido y los gráficos de Amiga eran tremendos, era como tener una recreativa en casa, o por lo menos lo más cercano a tenerla. Yo era al principio de Atari. Casi todos los grupos de programación utilizaban Atari para desarrollar los juegos, ambos usaban procesadores Motorola 68000 y luego convertían a Amiga añadiendo un canal de sonido más, y como mucho, haciendo el marcador un poco más pequeño para mostrar más pantalla de juego o mejorando el colorido. Pero cuando empezaron a dominar los múltiples procesadores de Amiga los juegos fueron mucho mejores así que tuve que cambiarme. Disfruté mucho con Atari ST pero Amiga se convirtió en algo muy especial para mí hasta que me pasé a las consolas. Hasta la llegada de PC Engine y Mega Drive los gráficos de consola apenas me impactaban. Los juegos de NES y Master System eran juegos muy jugables, muy resultones, muy hogareños, pero a la consola le faltaba potencia en todos los apartados para acercarse a las recreativas, que eran la vara de medir del momento. A mí siempre me ha traumatizado el tema de las maquinas recreativas, siempre lo he tenido como referencia absoluta. Ese era el nivel, cualquier cosa peor que un juego de recreativa no era un juego del todo… De las consolas más recientes me quedaría con la primera PlayStation como heraldo de verdadero cambio de ciclo.

Marcos es The Elf

¿Cómo defines tu estilo al escribir?

Lo he dicho ya alguna vez, lo defino como pasional, emocional y sensorial. Me gusta que el lector sienta que tengo pasión por lo que escribo. Además de eso suelo aportar información adicional: especificaciones técnicas, diferencias entre versiones, historial de los programadores o de la saga, número de fases/niveles/mundos… en suma estas dos cosas conforman mi estilo al escribir. Siempre me ha gustado aportar datos técnicos a mis artículos. Esto último está muy bien pero lo importante de verdad es explicar qué te hace sentir ese videojuego. La vida son sensaciones y emociones, ya sea con los videojuegos, con una persona, con un paisaje, con un libro o con una comida. Te pones delante de un juego, sientes, te lo acabas, te acuerdas de lo que te ha gustado, si ha durado mucho, si te has divertido, qué sensaciones te ha proporcionado antes, durante y después… Y entonces tienes que describir ese cúmulo de emociones y situaciones que han recorridos tus sentidos y tu cerebro durante horas, sean buenas, malas o normales. Y si logras transmitir algo a la persona que te lee, entonces misión cumplida.

Suena más a filosofía de trabajo que otra cosa.

No es distinto a lo que les pasa a la gente que hace los juegos. Los grafistas, los guionistas, los programadores, los músicos… lo que hacen les sale de muy adentro. Todo nace de sus sensaciones y emociones. Yo pienso así, pero oye, es como pienso yo.

¿Qué otras aficiones tienes, aparte de jugar?

Me apasiona el fútbol, nacional e internacional, pero me hace sufrir demasiado. Otra de mis pasiones, que muy pocos conocen, es el modelismo ferroviario, las maquetas de trenes. Lo que pasa es que no he podido desarrollarla convenientemente.

No tienes una afición que ocupe poco espacio, por lo que veo.

Necesitas mucho espacio para dedicarte a esto, imagínate. Tengo circuitos de vías, locomotoras y vagones guardados. Creía que si me metía a fondo en ello ya no saldría, que me quedaría enganchado como un vagón para siempre y en exclusiva así que no lo hice. También me gustan mucho los coches. Compraba revistas de coches, catálogos americanos, franceses, alemanes…. Con cuatro o cinco años iba por la calle con mi abuelo y jugábamos a adivinar las marcas de los coches que veíamos. Me las sabía todas. Los temas paranormales también me atraen. Me gusta el programa de radio de Iker Jiménez, Milenio 3.

The Elf: ¿por qué ese apodo?

No elegí ese apodo expresamente para la revista. Yo ya era The Elf antes de llegar a Hobby Consolas. Me había leído El señor de los anillos y El hobbit a muy temprana edad y me impactaron los elfos. Estaba en un grupo de música formado por amigos y todos teníamos apodo. Allí ya era The Elf y lo trasladé a la revista. Creo que acerté porque The Elf me parece un apodo serio hasta cierto punto. Lo puedo seguir usando a día de hoy y no suena raro ni grotesco.

¿Un grupo de música? Eso lo tienes que explicar.

Se podría hasta demostrar porque hay pruebas audiovisuales de ello, pero no os compliquéis la vida buscándolas porque me he asegurado de que nunca salgan a la luz. El grupo se llamaba The Grove, la arboleda en inglés. Yo cantaba, o mejor dicho lo intentaba. El grupo lo formábamos seis amigos. Estaba Roberto Serrano, veterano redactor que me ha acompañado siempre y que ahora trabaja en Koch Media y Javier Rodríguez, antiguo colaborador que posteriormente ha trabajado en Virgin, Activision y Sega. Los otros tres eran buenos amigos ajenos al sector. Tocábamos rock ligerito y cantábamos en inglés.

¿Y tuvisteis éxito?

Nuestro gran momento fue nuestro único momento. Solo tuvimos una actuación, un concierto que dimos en las fiestas de Móstoles, que era donde vivíamos. Imagínate allí, delante de gente conocida. Yo me metí un buen número de tragos de sidra para el cuerpo antes de salir al escenario, me puse unas gafas de sol sin importarme que fuera de noche y a intentar cantar algo. La cosa no salió mal del todo, no nos tiraron nada contundente y algunas chicas nos miraron con deseo.

¿Quién es el mejor profesional con el que has trabajado?

Digo cuatro pero me dejo a muchos en el aire: Ana Márquez, Bruno Sol, Roberto Serrano y José Luis Sanz, en cualquier orden.

¿Por qué?

Son muy buena gente, apasionada e implicada, amigos y compañeros, con estilos y creencias muy dispares pero sin los cuales a lo mejor no estabais entrevistándome.

¿Cómo seleccionabas a la gente que ha trabajado contigo en estos años? ¿Qué tenían que aportar?

Al principio era difícil encontrar gente para trabajar en esto, así que cuando entré en Zeta lo que hice fue traerme a gente que trabajaba en Hobby Consolas y otras personas que conocía que les apasionaban los videojuegos. Ya tenían experiencia y a algunos ya los conocíamos personalmente. A partir de ahí cuando queríamos fichar a gente nueva siempre precisábamos que hubieran hecho algo en el sector. Eran otros años, no era como cuando empezaba yo, ya había mucha gente que podía aportar algo de experiencia. El perfil era sencillo: gente a la que le apasionaran los videojuegos y que supiera transmitir a la hora de escribir. Parece una obviedad pero es que hay gente que sabe mucho de videojuegos pero luego es incapaz de transmitir algo. No todo el mundo sirve para escribir por mucha sapiencia que tenga. Lo matizo si quieres: más importante que escribir perfectamente es que la persona en cuestión sepa expresar algo, transmitir algo. Eso es más importante que ponerse a juntar frases, algo que más o menos podemos hacer todos. Si no tienes a gente así en tu publicación te conviertes rápidamente en un catalogo de videojuegos. Hay gente que escribe bien pero no transmite nada por mucho que los videojuegos sean su máxima pasión.

Muchos grandes profesionales han pasado por tus manos, casi todos diría.

He trabajado con tanta gente… Algunos trabajan ahora en otras publicaciones, otros son jefes de producto en grandes empresas de videojuegos, también hay gente que se metió posteriormente en áreas de marketing… Hay de todo, pero casi todos siguen unidos al sector, eso es bueno.

¿Es un paso natural el pasar de la prensa especializada a compañías de videojuegos?

No sé si es natural o no, pero es algo que se da mucho.

¿Y a ti que te parece?

Más que una evolución, lo veo como un cambio horizontal. Saber de videojuegos y tener muchos contactos ayuda en ese cambio.

¿A ti te lo han ofrecido alguna vez? ¿Te han tentado con eso?

No, nunca.

¿Y si lo hubieran hecho habrías aceptado?

No, seguro. Esto es un pensamiento particular. No creo que especializarte en una compañía y sus productos sea apropiado para la idea que tengo sobre el videojuego. Al final acabas trabajando para una empresa y lo que vende, y te quedas aislado un poquito de lo demás. A mí me gusta empaparme de todo. Es verdad que hay tantas cosas, tantos juegos y máquinas que difícilmente puedes verlo todo, pero trabajar en una compañía de videojuegos te da un poco menos de libertad para crearte una visión más global. Repito que es una opinión mía, y quizá tampoco cumpla los requisitos para llevarlo a cabo. Además en esos puestos se trabaja muchísimo… (risas).

Si ojeas las revistas que hacíais se nota fácilmente que en la redacción teníais buen rollo.

Lo pasábamos muy bien, había buen rollo y nos gustaba mucho hacer bromas entre nosotros.

Cuéntanos alguna que recuerdes.

Las había más light, como esconderle la chaqueta a alguien para que a la hora de la salida no la encontrara, aunque una vez a uno se la escondimos tan bien que no la encontró hasta bien entrada la madrugada… Luego ya había otras más salvajes, como aquella vez que le colocamos un palet a uno encima de su coche, o cuando metíamos petardos en los cigarrillos de los fumadores y cosas por el estilo. ¡Ah sí! Y todos los días a las 19:30 más o menos había guerra de diapositivas. Nos las tirábamos a la cabeza, las de plástico y también las de cristal. Éramos jóvenes e impetuosos. También había mucho cachondeo con el director de arte de la revista. Era porque trabajaba medio desnudo. No era algo que hiciera porque sí, era porque en la oficina hacía un calor tremendo en verano. No estaba loco, no, sabía que trabajar sin camiseta no era lo más normal del mundo pero ¿qué iba a hacer? Le hicimos unas estrellitas para los pezones, como si fuera una stripper, y el tío era tan cachondo que se las ponía.

También jugaríais a videojuegos entre vosotros, ¿no?

Los juegos de fútbol tenían mucho éxito en la redacción. Había mucho pique al ISS de Super Nintendo, y también a Sensible Soccer o al Pro Evolution Soccer más adelante. Cualquier juego de fútbol que saliera nos servía. ¡Si hasta jugábamos a Soccer Shootout! A lo mejor acabábamos de trabajar a las siete y no salíamos de allí hasta las diez, jugando un partido detrás de otro. Y nuestras novias esperando: “No cariño, ahora voy, se ha complicado el cierre…”

¿Te gusta el cine?

No voy mucho al cine, le saco más partido al iPlus y a la taquilla. Yo veo una película y si es mala, a los diez minutos ya se me ha olvidado. Lo que me pasa con el cine es que es una cosa que no me marca. Me gusta, me divierte, pero no me influye demasiado. Para mí es un pasatiempo, una afición momentánea. Bueno, menos Blade Runner. Si hablamos de Blade Runner retiro lo dicho.

¿Y qué series de la tele son las que siempre recomiendas?

Me pasa como con el cine con el problema añadido de que hay muchas y no da tiempo a verlas todas. De las últimas que he visto me ha gustado y me gustan mucho Fringe, The Black List, The Walking Dead, Juego de Tronos, Banshee… Si hablamos de series clásicas me quedo con Twin Peaks, Friends o CSI Las Vegas. Pero si tuviera que quedarme con una serie para ver una y otra vez esa sería Expediente X. De esa no me cansaría nunca.

¿Y la literatura?

Me gustan los libros de fantasía, de misterio, de ciencia ficción, técnicos… Mis favoritos: todo lo de Tolkien, Asimov, Jean Ray, Scott Card o Edgar Allan Poe por poner algunos ejemplos. Hace mucho que no cojo un libro. El último fue el Maestro del Prado de Javier Sierra y es algo que debo solucionar cuanto antes. Últimamente me leo un sello antes de dormir.

¿Qué haces cuando sales por ahí?

Me gusta comer bien. Llevo bastantes años viviendo por la zona de Chamberí y me gusta salir por ahí de cañas, tapas y copas. De noche suelo moverme por esa zona y por Malasaña principalmente.

Siempre me ha sorprendido lo poco que usas Twitter.

No lo uso porque considero que lo que puedo publicar no es relevante y hago auténticos esfuerzos para poner algo de vez en cuando. ¿Qué pongo? No me sale de dentro, aunque hay gente que lo hace y tiene mucho éxito de esta manera. Creo que lo que me pasa es que como yo no tengo tiempo o inquietud de prestar atención a todo lo que escriben los demás, pienso que a los demás les sucede lo mismo conmigo. Entre Twitter y yo no hay amor.

¿Y tu recreativa, cómo va?

Pues la tienen casi lista ya. Es que he pedido que me la decoren por un lateral con Gradius y por el otro Salamander y tengo que aprobar los bocetos. Una vez hecho eso pasan a la fase final de montaje.

Antes comentabas que comprabas revistas extranjeras de videojuegos. ¿Te costaba mucho encontrarlas en aquel entonces?

No era fácil encontrarlas pero al final siempre aparecían. Era mucho más complicado encontrar algún número atrasado, alguno que se te hubiera pasado comprar. Te tocaba recorrerte todo Madrid, kiosco por kiosco, preguntando si tenían la revista en cuestión. Bueno, no hacía falta preguntar en todos los kioscos, sólo en los que eran algo grandes y tenían prensa y revistas internacionales, porque si ibas a uno pequeñito y le preguntabas al dependiente por esas revistas te miraba de una forma muy rara. Eran unas revistas maravillosas, algunas venían con demos, diskettes… Lo que más recuerdo de ellas era cómo se centraban en la comparativa del momento, Atari ST vs. Amiga. Analizaban gráficos, música, jugabilidad… y acababan diciéndote qué conversión era la mejor. Eran revistas hechas con pasión, ganas y mucho rigor.

¿Compras Games TM desde que dejaste Zeta?

No.

¿Por algo en especial?

No, la verdad. Tampoco guardo otras revistas en las que he trabajado y algún día me arrepentiré. Tenía todas las Micro Hobby, todos los números de Micromania, miles de revistas inglesas, americanas, francesas… mi casa estaba llena de revistas. Las que más aprecio las he almacenado en el trastero, pero sobre todo son de las primeras etapas. Yo creo que he comprado tantas revistas en mi vida que llegó un momento en que me cansé y decidí casi sin darme cuenta que ya no compraba más. Ahora mismo solo compro Retrogamer, la versión inglesa y los bookazines de videojuegos de Imagine Publishing.

¿Qué webs sigues habitualmente?

De juegos veo las típicas de noticias a nivel nacional e internacional para perseguir alguna novedad pero no profundizo. No tengo manías, ni webs preferidas, me da igual ver una un día que otra al siguiente. Algunas de deportes, de editoriales inglesas, del mundo del misterio… y de tiendas online. Un poco de todo.

Consolas nuevas, el PC repuntando… ¿vamos hacia una situación mejor en lo que a videojuegos se refiere?

Yo siempre espero todo con mucha alegría e ilusión, soy un tío muy optimista. He jugado a los primeros títulos de esta nueva generación y las sensaciones han sido bastante positivas, teniendo en cuenta que es el inicio. Yo lo veo bien encaminado, quizá se ha adelantado unos meses y tengan poco disco duro, pero es cierto que esta nueva generación es una evolución técnica, los juegos son similares a los de anterior generación. Se juega prácticamente igual. Todo va muy orientado al online. He de reconocer que no me gusta mucho jugar online, pero un partido de futbol cerrado, entre amigos, o una batalla en Call of Duty es divertido, así como el entorno online persistente de Dark Souls II. Jugar con gente que no conoces no me llama la atención, pero es una sensación mía, millones de usuarios opinan lo contrario. Para mí jugar es como un viaje iniciático e individual, de mayor o menor envergadura dependiendo del título. El online no es para mí un argumento importante de venta, pero mira cómo funcionan los juegos que basan sus argumentos de venta en modo de juego online… Ahí está el futuro de la industria, o eso parece al menos. Interconexión total, aunque el futuro no puede ni debe conformarse sólo con eso.

Profesionalmente hablando, ¿qué futuro crees que te espera?

Me encantaría poder decir una frase de esas, como que quiero encontrar mi lugar en el mundo o algo así, pero ya estoy mayor para eso y en realidad soy más básico. Si pudiera participar en un proyecto profesional bonito, interesante, con gente de la que he conocido estos años, me daría por satisfecho.

Si alguien se quisiera dedicar a lo que tú haces, ¿le dirías que tirara para adelante o no?

Le diría que sí, que lo hiciera. Si es lo que le gusta que lo haga. Si trabajas en lo que te gusta y lo haces con pasión siempre llegas a algo, aunque sea estar feliz contigo mismo.

¿Y qué consejo le darías?

Le diría que no intentara destacar en los primeros diez minutos, que propusiera o manifestara algo diferente pero apasionado y que utilice correctamente las redes sociales, ahora todo depende de eso. Hay que llamar la atención pero hay que hacerlo con cabeza y con el buen hacer.

Si en el futuro no pudieras hacer lo que has hecho siempre, ¿en qué te gustaría trabajar?

Fácil: en algo que me dejara tiempo para seguir viviendo y sintiendo los videojuegos.

La entrada Entrevista a Marcos García “The Elf”, redactor y director de revistas de videojuegos es 100% producto Deus Ex Machina.