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Entrevista a Ricard Gutiérrez: “Hay que quitarle el miedo a mirar pájaros”, la revolución naturalista que propone ¿Ornitoqué?

Publicado el 14 mayo 2026 por Delecturaobligada @DelecturaOblig

Humor, divulgación científica y naturaleza para entender por qué observar aves también es una forma de cuidar el planeta

Por: Alberto Berenguer / Instagram: @tukoberenguer; @delecturaobligada

Entrevista a Ricard Gutiérrez: “Hay que quitarle el miedo a mirar pájaros”, la revolución naturalista que propone ¿Ornitoqué?

El título ¿Ornitoqué? ya juega con la sorpresa y la curiosidad. ¿Qué idea equivocada sobre la ornitología le interesaba romper desde la primera página?
En las últimas décadas ha evolucionado, y se ha diversificado, la aproximación que tiene el ser humano a la naturaleza. Hemos pasado de ser un país de cazadores y quizás alguna persona fotógrafa, a un receptor de primera magnitud de turismo ornitológico, a un país con buen personal especialista en las diferentes ramas de interacción con la naturaleza, y a que haya gente implicada en la conservación mientras que otras personas solo perciben la naturaleza como un lugar donde practicar sus juegos o colecciones. No todo el mundo és ‘ornitólogo’, mucha gente es pajarera, es fotógrafa, bimbera, listera… de ahí que haya que conocerse a uno mismo, y a las demás personas, antes de emitir juicios o quizás aproximarse a una de estas visiones, la mayoría de ellas perfectamente compatibles o lícitas de entrada.

El libro combina divulgación, humor y guía práctica. ¿Cómo encontró el punto justo entre enseñar y entretener sin perder rigor científico?
Soy zoólogo de profesión, trabajo en conservación de la naturaleza –lo que implica un necesario rigor, pero también buenas dosis de divulgación de lo que haces- y llevo 47 años seguidos mirando pájaros. Es evidente que en este tiempo has ido viendo cosas, las dificultades que pueda tener la gente para aproximarse a la identificación de las aves (que podría ser lo mismo – o más difícil- para mariposas, odonatos, mamíferos o plantas vasculares…). También desarrollando métodos, y testándolos, para intentar comunicar y ‘quitar miedos’ para pasar a ser ‘uno de los nuestros’ como reza –parafraseando un título cinematográfico- el capítulo dos del libro. Son abundantes las charlas, cursos, pero también artículos intentando explicar cómo identificar una pardela en el mar o descifrar la naturaleza materna y paterna de un híbrido de pato. Si no es con un poco de buen humor, hay aspectos áridos que pueden resultar indigestos para parte del público. Y a estas alturas de la vida creo que me puedo permitir el lujo de dejar ir algun ‘easter egg’ solo para iniciados o alguna pincelada de humor más o menos absurdo o acertado. De hecho, esta es una de las diferencias de un libro hecho aquí, por un talante mediterráneo, de una obra árida septentrional, a lo prospecto de medicamento, de las que puedan correr por ahí.

Habla de “tipologías” de personas en el campo, desde fotógrafos hasta listeros. ¿Cree que etiquetar estas formas de vivir la naturaleza ayuda a unir a la comunidad o a evidenciar sus diferencias?
Hace unos años casi toda la gente que iba al campo a disfrutar de la naturaleza parecían intentos de clones del difunto Félix Rodríguez de la Fuente. Naturalistas con conocimientos de etología y algo de ecología y mucho sentimiento conservacionista. Se fue diversificando la aproximación a la naturaleza una vez a esas primeras generaciones nos tocó lidiar con la necesaria conservación de espacios naturales y especies hasta establecerse la red de espacios protegidos, y legislación, hoy día vigentes. Sucesivas generaciones probablemente no sintiesen esa llamada ‘ecologista’ sino que pudieron dedicarse bien a estudiar especies a fondo, o a viajar a otros lugares, incluso a coleccionar especies observadas como el que hacía un álbum de cromos. De hacerse de acuerdo con unas mínimas directrices de respeto al medio natural – también apuntadas en el libro – cualquier forma de aproximársele respetuosamente es igualmente lícita. Aunque algunas puedan ser algo incompatibles entre ellas: no lleves de excursión juntas a una persona que quiera examinar cualquier rastro, mariposa o canto de ave con alguien que tiene poco tiempo y que quiere maximizar su lista diaria de aves. En realidad, es raro que existan tipologías ‘puras’ sino que todos somos una mezcla de aficiones, cada persona en proporciones variables. Un poco como los cavas o champagnes con los que empiezo introduciendo el capítulo correspondiente, que es la verdadera ‘guía de campo’ del libro, donde al final podéis probar y crear vuestra propia fórmula, vuestro ‘cupaje’, quizás ‘brut nature’, que evolucionará con los años porque, como dice su título ‘en la mezcla está el gusto’.

En el libro insiste en que observar aves es también una forma de conservar la naturaleza. ¿En qué momento la observación deja de ser pasiva y se convierte en activismo?
Hoy día el grado de conservación de las especies, y de las aves en particular, se mide de acuerdo con la evaluación de la variación en su distribución y población a lo largo de periodos dilatados, al menos diez años en España. De algunas especies se pueden efectuar seguimientos específicos o censos coordinados, como el de aves invernantes en enero. Pero la mayoría de tendencias interanuales se obtienen mediante censos y observaciones coordinadas y canalizadas por portales de ciencia ciudadana o entidades que desarrollan protocolos específicos como el SOCC en Catalunya o el SACRE en muchos lugares de España. La contribución activa con observaciones propias a portales como eBird, ornitho u observado genera un volumen de información contrastada sobre fenología, tendencias relativas y su evolución, que han servido para incluir en catálogos de especies amenazadas, especies cuya disminución hubiese pasado desapercibida. Hay diferentes programas para variables grados de conocimiento, desde los censos de aves comunes en un jardín, a recuentos de nidos de golondrinas o aviones, a otros ya más especializados de censo de rapaces migrantes o incluso conteos nocturnos de reclamos. Hay para no aburrirse y para ayudar a salvar la naturaleza. Para las personas más veteranas, una garantía de jubilación entretenida y sin aburrimiento. Para las más jóvenes y aventureras, un reto para conocer todo el mundo natural que atesora este planeta. Comenzando por tu ventana, balcón o jardín cercano.

La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías aparecen como herramientas de apoyo. ¿Ve algún riesgo de que la tecnología sustituya la experiencia directa en el campo?
Como todo lo que tenga que ver con el ser humano hay riesgos. Solo hace falta leer el diario cada día. Algunos de estos riesgos quedan apuntados en el libro en el capítulo ‘el lado oscuro’, también de evidente referencia cinematográfica. Las herramientas de desarrollo de imágenes digitales, incluso cada vez más de video, van a poner en jaque a más de una persona que haya de verificar si aquella observación es real o fruto de alguna imaginación ‘calenturienta’. Hasta la fecha se han descubierto numerosos engaños, muchos burdos, producto del afán de notoriedad rápido y la busca de ‘likes’ en redes sociales. Pero veremos cómo evoluciona todo en el futuro y en el libro se repasan las motivaciones que pueden llevar a algo tan inimaginable para el no iniciado como la necesidad de inventarse que has visto un pájaro, que casi nadie conoce, en determinado sitio. En este país estuvo operativa durante siglos la inquisición y aún queda algún remanente de aquella práctica como es el que te cuelguen un ‘sambenito’, cosa que estos infractores del código ético de la naturaleza parecen no recordar.  Ya sin llegar al extremo del engaño premeditado hay una cierta tendencia, preocupante, de fiarse de lo que alguna aplicación existente de identificación de cantos y voces de aves en el campo te diga, sin contrastarlo adecuadamente. Hay que recordar que dichas aplicaciones, de momento, no son aún infalibles. Han de ser útiles como apoyo, jamás como substituto de la experiencia propia acumulada.

El libro invita a “salir” y descubrir la naturaleza desde cero. ¿Qué es lo primero que debería de aprender alguien que empieza en la ornitología hoy en día?
Bueno, en primer lugar, saber todos los recursos que tiene disponibles, el material mínimo que necesita y todas las ’reglas del juego’ establecidas, que primordialmente pasan por el respeto a lo que estamos observando, normalmente especies protegidas y amenazadas, al resto de personas que también estén ahí disfrutando del campo y sus habitantes, así como a las limitaciones mínimas establecidas por normativa de protección o del respeto a la propiedad privada. De todo ello hablo en la primera parte del libro que ya tiene el explícito título de ‘Antes de salir’. Con unos prismáticos y algunas aplicaciones de móvil, o guía de campo (y obviamente ‘¿Ornitoqué?, ese curso acelerado para convertirse, o mejorar, como naturalista) podemos empezar.

Y, aprovechando esa mirada más amplia, tras el impulso que supuso la pandemia para reconectar con la naturaleza, ¿cree que hoy ese interés se ha mantenido o ha vuelto a quedar en un segundo, o incluso tercer, plano en la vida cotidiana?
Me viene siempre a la memoria, al hablar de este tema Dory. el pez cirujano, de color azul, que aparecía en la película ‘Buscando a Nemo’ de Disney, que, pobre, tenía pocos segundos de memoria. Parece apreciarse cierta convergencia evolutiva del ser humano hacia dicho pez tropical, no en el colorido azulado, sino en la falta de memoria a medio plazo y el no recordar que, de planeta habitable en el sistema solar, y resto del espacio conocido, solo hay este. Os lo dice un aficionado a Star Trek y padre de una astrónoma. Y que o lo cuidamos o ‘kaputt’ como se diría en alemán. No se ha mantenido ese necesario respeto, sino que se ha quizás evolucionado hacia un incremento del sentimiento de ‘Carpe Diem’ o ‘aprovecha mientras puedas’, lo que pese a ser lícito, de ser mal gestionado puede ser incluso un peligro para la conservación de la naturaleza. De ahí la llamada que hago, especialmente a jóvenes y mujeres – hacen falta más y que el público masculino las entienda mejor -, para incrementar el número de personas dedicadas a la conservación de la naturaleza, ni que sea apuntando las aves que ves en algún portal de datos.

Reúne colaboraciones de especialistas de todas las comunidades autónomas. ¿Qué le ha enseñado este enfoque coral sobre la diversidad de formas de entender la naturaleza en España?
Muchas de estas personas son colegas, conocidas o compinches de afición, en variantes como la observación de territorios pajareros locales, la guía de grupos ornitológicos, el turismo de naturaleza, la conservación de especies o el simple disfrute del campo. Desde las comunidades más grandes como Castilla y León o Andalucía a los 12 km2 de Melilla, hay aves en todos lados. Hay también iguales ganas en todas las personas colaboradoras de darlas a conocer, de que la gente disfrute de los lugares donde estas amistades pajarean, donde se emocionan al descubrir o recordar una especie rara o inusual, o se sienten orgullosas de acoger aquella especie endémica, o casi, de ese rincón del país. Quienes mejor que ellas para transmitir esa emoción contagiosa, esas ganas de salir, ver, conocer y descubrir. En todos los sitos hay algo interesante que ver: un enclave eurosiberiano (ahora es cuando hay personas que no saben lo que quiere decir eurosiberiano), un endemismo insular, una especie (¿o subespecie?) norteafricana colonizando territorio estatal. Y es una suerte, y les estoy enormemente agradecido, de reunir desinteresadamente para una finalidad como esta a tan brillante conjunto de personas.

¿Qué le gustaría que cambiara en la percepción general de la ornitología: que se vea como un hobby, como una ciencia o como una forma de compromiso con el entorno?
Es imprescindible, por el necesario compromiso con aquellos seres de los que disfrutas, que se mantenga esa implicación de colaboración –más o menos indirecta- con la conservación. Sería ideal que todo el mundo pudiese participar en programas de seguimiento, censos o simplemente anotando listas con cifras y recorridos cuantificables y creíbles. No hace falta ser un profesional para ello. Es lógico que con el incremento de personas atraídas por la naturaleza haya aquellas que solo quieran sacar una foto, y coleccionarlas, o tan solo ‘tachar’ lo que han visto en una competición no oficial, pero que se la toman en serio, para ver el mayor número de aves en un año, lugar o país. Sin embargo, hay que reclamar que todos respeten y sean incluso embajadores de la legislación y unas mínimas normas de respeto a la naturaleza y prójimo. Es la manera de, en la línea de lo que pretende el libro, haya una deseada tolerancia, comprensión, sinergia y, al fin y al cabo, mejora del estado de la naturaleza que nos necesita. ¿Difícil? Solo depende de todas y todos nosotros.

Para terminar, ¿qué acogida está teniendo ¿Ornitoqué? entre los primeros lectores y qué tipo de comentarios le están llegando? ¿Tiene en mente un nuevo proyecto?
Bueno, es un proyecto que acaba de salir al mercado y el feedback es parcial de momento, pero está gustando. Capto que hay grandes expectativas, hay ‘hype’. Mi intención es que no deje a nadie indiferente. Además del capítulo descriptivo de la biodiversidad estatal, el correspondiente a ‘Pros, contras y cosas que arreglar’, se ha beneficiado de las aportaciones de un grupo de amigas y colegas a las que quiero agradecer su input femenino en un texto escrito por un ya maduro ornitólogo sin embargo abierto de mente y con ganas de sumar y crear sinergias. Estas personas leyeron este capítulo y aplaudieron el enfoque después de una digestión dilatada del tema para poderlo abordar en su justa medida. Era necesario. Otras partes se beneficiaron de consejos sobre óptica o anécdotas del pasado que han mejorado el texto. Un lujo contar con tanta gente que ha querido colaborar.
Sobre nuevos proyectos, la verdad – y eso comentaba hace poco – jamás hubiese pensado recién salido de la universidad que escribiría tanto (¡!). De momento tengo la suerte de haber podido canalizar todo aquello que quería explicar en base a mi experiencia laboral, académica y vital, para sumar personas adeptas a la comprensión y conservación de la naturaleza. Sin duda, conociéndome un poco, seguramente surja algún tema nuevo, o rescate temas del tintero, para seguir luchando, con optimismo y humor, por este planeta azul nuestro, de quizás equívoco nombre ‘Tierra’. 


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