La Terapia de Solución de Problemas sociales de D’Zurilla y Nezu (1982) es una de las que más atención ha recibido, siendo también una de las más utilizadas y más aceptadas. En ella se distinguen tres niveles distintos:Nivel de cogniciones de orientación al problemaLa forma cómo una persona percibe el problema, las causas que le atribuye, la valoración que hace del mismo, las creencias que tiene sobre su capacidad para controlar el problema y su grado de compromiso en cuanto al tiempo y el esfuerzo que piensa dedicar en su resolución.Nivel de habilidades de solución de problemas específicasSon las secuencias de tareas específicas dirigidas a la resolución del problema. Incluyen la definición y la formulación del problema, la generación de una lista de soluciones alternativas, la toma de una decisión, la implementación de la solución y la evaluación de los resultados. Nivel de habilidades de solución de problemas básicosIncluyen la sensibilidad hacia los problemas (reconociendo que el problema existe), el pensamiento alternativo, el pensamiento medios-fines (habilidad para conceptualizar que medios se precisan para llegar a una meta), el pensamiento consecuencial (habilidad para anticiparnos a las consecuencias de nuestras decisiones) y la toma de perspectiva (capacidad de ponernos en el lugar de otra persona y mirar nuestro problema desde su mismo ángulo de visión).Para afrontar un problema con una mínima garantía de éxito, primero hemos de reconocer que el problema existe y dejar de escondernos bajo almohadones, alas o caparazones.A veces, basta poner en palabras lo que nos sucede o lo que nos preocupa para empezar a sentir cierto alivio. Ponerle nombre a lo que nos pasa nos ayuda de alguna manera a entenderlo mejor y a comprender cómo nos sentimos.Aplazar esa verbalización para seguir negando la evidencia es como consentir internarnos en un laberinto en el que la única salida posible es la que tanto estamos evitando.La creatividad ha tenido mucha influencia en las terapias de resolución de problemas, pues ha permitido abrir más puertas, contemplar nuevas posibilidades.De hecho, a la hora de estudiar cualquier materia, lo que mejor recuerdan los alumnos son los ejemplos que el profesor o la profesora han utilizado para hacerles la clase más amena. Muchos de esos ejemplos son analogías. Se compara el problema que se está estudiando, ya sea una ecuación, la invasión de Polonia por los nazis o los enigmas que esconden los jeroglíficos del Antiguo Egipto, con situaciones muy distintas, pero que guardan alguna relación. Esas comparaciones generan sorpresa, risas, perplejidad, etc. En definitiva, nos provocan emociones que ayudan a conservar mejor los recuerdos para que se acaben consolidando en la región de nuestro cerebro en la que atesoramos todo lo aprendido.Cuanto más creativa logre ser una persona, tantos más recursos tendrá a la hora de buscarle soluciones a sus problemas. Cuanto más lea, más viaje, más explore dentro y fuera de sí misma, más segura se hallará cuando se vea en la tesitura de tomar determinadas decisiones.Hemos de aprender a no ponernos palos en nuestras propias ruedas, a no juzgarnos antes de conocer el resultado de nuestras acciones y a dejar de culpabilizarnos en caso de creernos equivocados.La vida es un continuo problema en el que nos ponemos a prueba todos los días. Cada día superado nos hace más fuertes, más sabios y más ricos. Son los problemas los que nos mantienen vivos. Su continua manera de retarnos, de obligarnos a seguir estrujándonos las neuronas para descubrir nuevos itinerarios que nos conduzcan a salidas desconocidas y sorprendentes. No temamos los días que amanecen turbios. Son el preludio de los soleados días que están por venir.
Estrella PisaPsicóloga col. 13749
Bibliografía consultada:
Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta- Francisco J. Labrador, Juan Antonio Cruzado y Manuel Muñoz- Psicología Pirámide- 2002