Siempre es un gustazo encontrarse a este precioso paseriforme, tan escaso en Asturias, adonde arriban en otoño e invierno un pequeño puñado de ejemplares, antes parece que llegaban más. El hábitat invita además, ya que el brezal de Cabo Peñas se asemeja a los páramos del norte donde la especie es más frecuente.
Son ejemplares algo distintos, parecen una hembra y un macho no del todo adulto, ya que la mancha blanca no es demasiado extensa.