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Especial filmin: Fantasmas en Hollywood

Publicado el 30 junio 2012 por Fimin

30 de Junio del 2012 | etiquetas: Fantasmas, Hollywood, Manel Carrasco Twittear especial-filmin-fantasmas-en-hollywood

En filmin tenemos de todo, incluso fantasmas. En realidad hay unos cuantos, aunque el inquilino más reciente es también una de las comedias del año: Promoción fantasma (Javier Ruiz Caldera, 2012). El cine de por sí ya tiene algo de espectral, ningún arte se acerca más en su forma a este tipo de relatos, con sus personajes translúcidos que parecen flotar contra la gran pantalla, en el ambiente cerrado de una sala oscura. Luego está Mickey Rourke, pero eso ya es otro tema.

Hollywood es campo abonado para leyendas e historias trágicas, y en semejante entorno no puede faltar su ración de apariciones paranormales y casas encantadas. A ellos les chifla, hasta el punto de que lo han integrado en su paisaje turístico, con visitas guiadas y puntos de interés que hasta aparecen en los mapas. A la derecha, la casa de Justin Timberlake, a la izquierda, el actor secundario acribillado a balazos, que vaga eternamente esperando que lo llamen al plató. Como muestra de esta tendencia, Nicolas Cage (que juega en la liga de Mickey Rourke) quiso casarse hace unos años con Lisa Marie Presley. Hasta aquí nada raro, aunque hemos de tener en cuenta que Presley sabe mucho de fantasmas (estuvo casada con Michael Jackson). Lo remarcable del tema es que Cage quiso pedir la aprobación del padre de Lisa Marie, que es, ejem, The King, el hombre a una pelvis pegado: Elvis Presley. Así que la feliz pareja decidió hacer… una ouija. Y parece ser que el Rey del Rock dio su aprobación porque se casaron al poco tiempo, y se divorciaron al cabo de tres meses en la mejor tradición de Hollywood.

Os proponemos un pequeño viaje por las calles de Los Ángeles, buscando algunos de los casos paranormales más famosos del séptimo arte. Muchos pertenecen a la primera época de Hollywood, que por alguna razón es especialmente proclive. Hay de todo, desde apariciones de actores famosos que salen de noche (además de Lindsay Lohan) hasta relatos de verdadera enjundia, que parecen dignos de un melodrama de Greta Garbo o de Douglas Sirk. Allá vamos: Sacad el kit de espiritismo que nos vamos de paseo por Hollywood.

Casas encantadas: Las estrellas del cine no salen de casa ni muertos.  Y si no, una muestra:

-En el 1143 de Summit Drive se alza “Pickfair”, la mansión que construyeron Mary Pickford  y Douglas Faibanks. Tras su divorcio, “La novia de América” siguió viviendo en ella toda su vida… y más allá. Durante años, los nuevos propietarios afirmaban que de noche una mujer vestida de blanco vagaba por la casa. El fantasma permaneció en la casa hasta que fue reformada.

-En Easton Drive vivía Jean Harlow con su marido Paul Bern. Un día, Bern apareció muerto con un tiro en la cabeza. La explicación oficial se decantó por el suicidio, aunque la rumorología se disparó hacia un mundo de posibilidades que incluía asesinato, infidelidad, ambición y celos. Años más tarde, la casa fue comprada por Jay Sebring, una estilista de Hollywood. Sharon Tate se quedó a dormir en una ocasión. La actriz contó más tarde que se despertó en medio de la noche y vio a un hombre pequeño y siniestro vagando por la casa. Una descripción que encajaba con Paul Bern. Por cierto, y sin que tenga ninguna relación, Sharon Tate y Jay Sebring murieron en manos de los seguidores de Charles Manson, en otro episodio negro de la historia de Hollywood. Pero esa ya es otra historia, y bien conocida.

-Superman se suicidó en el 1579 de Benedict Canyon Drive. Allí vivía George Reeves, actor de serie B y secundario ocasional, que alcanzó la fama encarnando al hombre de acero para la televisión. El problema es que su popularidad cayó como una losa en una carrera que se encasilló fatalmente: Nadie era capaz de ver al actor en otro papel que no conllevara mallas azules, una capa y superpoderes. Reeves fue encontrado muerto en su casa, y una vez más, aunque la explicación oficial fue el suicidio su entorno insistió en que había sido asesinado. Su fantasma vaga por la casa, mientras las teorías sobre su muerte no cesan.

-En 1924 el director y productor Thomas Ince murió en el yate de William Randolph Hearst. El episodio pasó a la historia de Hollywood por méritos propios. En su momento se dijo que Ince había sufrido una indisposición que se había complicado, pero la versión más aceptada es más jugosa: Hearst celebraba una fiesta en su yate con la flor y nata de la industria, y las cosas se salieron de madre. El millonario creía que la actriz Marion Davies, su amante, tenía una relación con Charles Chaplin, que también estaba a bordo. Loco de celos, salió de su camarote con una pistola… pero se equivocó de hombre y mató a Ince. Hearst era uno de los hombres más poderosos de los EEUU, y un trato con la periodista Louella Parsons le permitió salirse de rositas. Thomas Ince pasó a engrosar la lista de historias trágicas del cine, y su fantasma se puede ver en el 9336 de Washington Boulevard, donde se encuentran los Culver Studios que él mismo construyó. Este espectro es especialmente curioso, porque se pasa el día atravesando paredes y quejándose de la gestión de los actuales propietarios. Imaginaos tener al jefe apareciéndose por todas partes sólo para pegaros un susto de muerte  y criticar lo que hacéis…

-En el 17531 de Posetano Road la actriz Thelma Todd abrió un café. Habitual del cine cómico, Todd alternaba con los Hermanos Marx, con BusterKeaton o con Oliver y Hardy. Su cuerpo fue encontrado en su coche, en el aparcamiento del café. Primero se habló de suicidio, luego de asesinato, y la historia no se aclaró. El café sigue ahí, y los trabajadores aseguran que el fantasma de ThelmaTodd aparece bajando las escaleras, y que en el antiguo aparcamiento aún se huelen los gases del tubo de escape.

-En Rexford Drive vivía el actor Clifton Webb, popular por interpretar a Mr. Belvedere, aunque su talento merece que le recordemos también por su cine y sus dos nominaciones a los Oscar. Webb se pasea por su casa, pero también por el Hollywood Memorial Cemetery, donde fue enterrado. Los que lo han visto dicen que va vestido con traje, que se oyen susurros y un aroma de colonia invade el ambiente. También se lo oye silbar, incluso gritar para llamar la atención de los visitantes.

Roosevelt Hotel: En el 7000 del Hollywood Boulevard se alza uno de los escenarios más emblemáticos de la ciudad, de esos que se merecen foto, postal y visita. El enorme cartel que corona la azotea es todo un emblema, y también lo son las historias que se cuentan de sus famosos moradores.El hotel acogió la primera ceremonia de los Oscar, y se conoce que algunos le cogieron el gustillo y decidieron quedarse. El mitómano que quiera codearse con las estrellas puede pedir la habitación 229, en cuyo espejo se aparece la mismísima Marilyn Monroe, a quien también se puede ver bailando en el salón de fiestas o posando para los fotógrafos. Y en la misma tradición de estrellas trágicas, en la 928 podemos encontrar a Montgomery Clift, aunque también se habla de un hombre vestido con traje y sombrero de copa, que se sienta a mirar a través de la ventana en medio de la noche.En realidad, toda la planta 9 parece embrujada, llena de apariciones y ruidos extraños.Unos pisos más abajo, la 213 es una de las más famosas. Sus inquilinos coinciden en que no se sienten cómodos en ella, en que la televisión se enciende y se apaga sola, la cafetera se pone en marcha, un hombre sin cabeza se pasea por la estancia, y se oyen gritos avisando que alguien murió en ese lugar y que los ocupantes tienen que irse. En la sala de fiestas, también se puede ver a gente bailando (fantasmas, se entiende), se oyen voces y se captan zonas de la habitación más frías que otras.

Especial filmin: Fantasmas en Hollywood

Graumann’s Chinese Theater: Otro emblema de la ciudad, con sus fantasmas de rigor. El Chinese es famoso por albergar estrenos de películas, algunas ceremonias de los Oscar, y por dar el pistoletazo de salida a la moda de las huellas de manos y pies de los famosos en el cemento húmedo de la acera. Además de oír ruidos extraños, sentirse observados y ver luces extrañas, los trabajadores y propietarios del teatro tienen que convivir con algunas apariciones más concretas. Para empezar, el teatro presenció un asesinato en su más inmediato vecindario, cuando el actor Victor Killian fue asaltado en su propia casa y muerto por un desconocido al que nunca se detuvo. El fantasma de Killian aún busca a su asesino, siempre enfrente del Chinese. Entre bambalinas se percibe la presencia del Fritz, un tramoyista que se colgó años atrás, y que también mueve el telón del escenario. Otros ven a una niña llamada Annabelle vagando por los mismos lugares.

-La bella y el monstruo: En los primeros tiempos del cine mudo, los comediantes del slapstick eran auténticas estrellas. Muchas pasaron a la historia por sus logros en un arte que contribuyeron a forjar y a hacer popular. Hubo uno, en cambio, que ha sido más recordado por un episodio funesto: Roscoe “Fatty” Arbuckle era una de las caras más queridas de Estados Unidos cuando conoció en 1921 a Virginia Rappe. El 5 de septiembre de ese mismo año Fatty estaba en el punto álgido de una fiesta organizada por él mismo, y que ya duraba varios días. Entre los invitados estaba Rappe, una actriz principiante que había trabajado con Rodolfo Valentino y Lloyd Hamilton. Hacia las tres de la madrugada, en medio del frenesí, Fatty se la llevó a la habitación 1221, y lo que ocurrió allí dentro debió ser horrible. Virginia Rappe acalló con su grito de dolor a los 50 invitados de la fiesta, y un Fatty tambaleante salió por la puerta, dando órdenes y hablando de ella con desconsideración. La pobre chica tuvo que ser trasladada a un hospital, y murió al cabo de cinco días. Pese a los intentos por tapar el crimen, el escándalo fue mayúsculo, y FattyArbuckle se enfrentó a los focos de una manera que no conocía. Procesado por la justicia, las peores andanadas las recibió de la misma prensa que aplaudía sus películas y hablaba de los ecos de sociedad. Virginia Rappe también fue vilipendiada por unos medios que negaron su condición de víctima en una jugada tan puritana como machista.

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El crimen cambió la imagen de “gordo divertido” por la de “retorcido criminal sexual”, y en ese momento Fatty quizá imaginó que estaba acabado. Y no le faltaría razón: tras varios juicios, fue declarado inocente por la acumulación de testimonios confusos, pero las manifestaciones en su contra, las portadas en los periódicos y el sentir general del público fueron menos magnánimos. Hubo hasta disparos en algunas salas ante la proyección de sus comedias. “Lynch Fatty”- clamaban. La Paramount canceló su contrato, y retiró todas sus películas. Con el paso del tiempo, la gente dejó de pensar en colgarle de un árbol y empezó a burlarse de él. El fantasma de su crimen lo persiguió toda la vida, y lo consumió tanto como el alcohol, hasta su muerte en 1933. Con semejante antecedente, la historia de fantasmas estaba cantada. En el cementerio del Hollywood Memorial Park los visitantes pueden oír una voz que llora al lado de la tumba de Virginia Rappe, como si 90 años más tarde la actriz aún viviera el drama de aquellos hechos. Ésta sí es una de las historias más tristes del primer Hollywood.

La chica del cartel: Otra actriz del cine mudo en busca de fortuna era Peg Entwhistle. Tras unos inicios en Broadway más que prometedores, la joven se instaló en Los Ángeles, en el bungalow de su tío. Pero nada salió bien.Peg encadenó una serie de malas experiencias profesionales: obras de teatro fallidas, películas mal recibidas, papeles que se recortaban en montaje… Cuando la productora RKO no le renovó el contrato, la actriz empezó a considerar que era una fracasada. Una noche salió a pasear por las afueras de la ciudad; llegó al gran cartel de Hollywood del Mount Lee, subió por la escalera de la letra H, y sencillamente saltó. Si los rincones más emblemáticos de la ciudad tienen su fantasma, el más famoso de todos no podía ser menos. El gran signo que corona las colinas era un poco diferente en aquella época: Cuando Peg Entwhistle decidió saltar de él  los turistas podían leer “Hollywoodland”, pero el tamaño era el mismo. En un giro trágico del destino (y muy cinematográfico), el tío de la actriz encontró, dos días más tarde, una carta de una productora que la contrataba para un papel protagonista. El mensaje se mandó el día antes de que Peg saltara del cartel más emblemático de la historia del cine.

Pronto la prensa la llamó “La chica del cartel de Hollywood”, pero su historia no acaba aquí. Más de un visitante del Mount Hill asegura haber visto a una mujer de blanco, vestida de los años 30, seguida por un aroma de gardenias, rubia y triste. En el cartel desde donde saltó hay instalados detectores, precisamente para evitar que otros sigan su camino (y a los vándalos, de paso), pero a menudo éstos se activan sin motivo, avisando de que en lugar hay algún tipo de presencia, aunque no se vea a nadie en toda la zona.

-El galán y la mujer de negro: Para la historia del cine, el primer galán de todos los tiempos es un italiano de Castellaneta llamado Rodolfo Alfonzo Rafaelo Pierre Filibert Guglielmi di Valentina d'Antonguolla. Ahí es nada.

Por suerte, alguna lumbrera del márqueting decidió llamarlo Rodolfo Valentino, y con ese nombre causó auténtico furor entre el público femenino (y masculino también, dejémoslo claro) allá por los años 20. Vestido de jeque árabe, aristócrata francés o torero español, la verdad es que Rodolfo se las llevaba de calle. Otra cosa eran los rumores y comentarios que suscitaban sus aficiones, su manera de vestir, y su tormentosa y un poco ambigua vida sentimental.  Las habladurías acompañaron al pobre Valentino hasta su muerte por peritonitis, ocurrida prematuramente cuando sólo contaba 31 años. Su funeral fue de los que hacen historia, desatando una corriente de histeria general en todo el mundo que acabó con cuadros de ansiedad, lloros inconsolables, shocks varios y algunos suicidios entre las (y los) fans más incondicionales.

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Poco tiempo después de su muerte empezaron a surgir las leyendas.La más conocida habla de una mujer vestida de negro, con la cara tapada por un velo, que cada año depositaba flores en la tumba del galán en el aniversario de su muerte. Unos dicen que podía tratarse de June Mathis, guionista de cine, descubridora de Valentino y gran amiga. De hecho, Mathis murió un año más tarde, y su tumba está al lado de la de su amigo y protegido. Otra teoría sobre la identidad de la misteriosa mujer habla de Ditra Flame, y parece la más probable. Ditra era una joven enferma a quien el famoso actor dio ánimos para superar su dolencia. Sólo le pidió una cosa a cambio: que si él moría antes lo visitara en su tumba para no estar tan solo. La joven habría cumplido su promesa a rajatabla, porque lo que es seguro es que una mujer de negro visitaba la tumba cada año y cambiaba las flores. El problema es que Ditra Flame murió en 1984, y algunos visitantes del cementerio aseguran que una mujer de negro sigue visitando la tumba, y cada año hay flores frescas. La leyenda de la mujer de negro es de las más famosas de la galería de apariciones de Hollywood, pese a que está más o menos claro que simplemente otras mujeres han adoptado el rol de la original, y se lo han ido pasando de una a otra con los años… En realidad, ahora se puede ver a más de una cumpliendo con la tradición.Ya son ganas de estropear una bonita historia de fantasmas.

Cuando Valentino murió, empezó a correr también la historia de un anillo que pertenecía al actor, y que estaba marcado por una terrible maldición que afectaba a todos sus propietarios. En los siguientes cuarenta años, enfermedades, robos, accidentes y muertes por disparos se cruzaron en el camino de los poseedores del anillo. La joya se puede ver en El Rajá de Dharmagar (Phil Rosen, 1922) y en El hijo del Caíd (George Fitzmaurice, 1926), y lo llevaba puesto cuando sufrió el ataque de peritonitis. Valentino se ha convertido en uno de los fantasmas que más veces se ha aparecido, y en más sitios diferentes. El exponente más importante del mundo de fantasmas que caminan por el imaginario popular del cine norteamericano.


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