Espectros republicanos

Publicado el 23 junio 2013 por Cronicasbarbaras

Inauguraba hace unos días el AVE Madrid-Alicante el Príncipe de Asturias, y en la ciudad mediterránea decenas de manifestantes enarbolaban banderas de la II República como repulsa contra la Corona, y este sábado parte del público que asiste a los conciertos en el Auditorio Nacional abucheaba a la Reina.

Las protestas de todo origen, laborales o culturales, incluso las que carecen de signo político, como las deportivas, se dirigen ya contra la Constitución, y están siendo colonizadas por gente que aparece con esas enseñas, lo que logra que se disgusten y se marchen muchos indignados disconformes con ellas.

Pese a que originalmente era unionista, esa tricolor la agitan ahora los militantes del PCE, y de Izquierda Unida, que acaban de aceptar formalmente la ruptura de España demandada por los secesionistas.

El poscomunismo cambia así simbología e ideología, cuando su antiguo líder, Santiago Carrillo, había aceptado en 1978 la monarquía y la bandera constitucional: sabía que era suicida rememorar la infortunada República.

Los poscomunistas desprecian o ignoran que pocos españoles ven ejemplares aquellos años 1931-1939 que a cambio de avances sociales y educativos, tuvo sobre todo pistoleros, de tiroteos por las calles, revueltas con miles de muertos, como la del 34, fascismos, colectivismos y, finalmente, la guerra civil.

Una guerra declarada por militares, que crearon una dictadura que sólo murió con Franco, de reacción contra partidos predemocráticos con demasiados dirigentes totalitaristas asilvestrados.

Presentar como envidiables aquellos tiempos explica el limitado éxito popular de quienes enarbolan la bandera con banda morada.

Siendo desconfiados, diríamos que, en realidad, esos abanderados son ocultamente monárquicos: como su emblema no atrae simpatías generales, sino desconfianza, objetivamente favorecen a la Monarquía.

Cuyas torpezas son preferibles a que los supuestos demócratas que exaltan la patética España de la banda morada.

El republicanismo triunfaría, simplemente, rechazando la corona real de la bandera bicolor, como hizo la I República.

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SALAS