Las formas, colores y tamaños de las setas es proporcional al número de hongos que las producen. Podríamos decir que no hay dos setas iguales. Las setas más conocidas por todos son las que tienen un pie y un sombrero, pero aparte de estas las hay gran cantidad de formas: redondas, achatadas, planas, filamentosas y dentro de cada una de estas con multitud de colores: rojas, blancas, verdes, azules, etc.
Y por si esto fuera poco, muchas son comestibles, lo que ha hecho que haya muchas personas que se hayan aficionado a recogerlas. Pero no todo es así de bucólico, entre las muchas especies comestibles hay otras muchas que son tóxicas e incluso pueden llegar a ser mortales, como la Amanita phalloides, que es la que ha causado más muertes en nuestro país ya que se suele confundir con otras especies. Esta seta ha pasado a la historia por ser la causante de la muerte de algunos personajes muy famosos, como el emperador Claudio que murió después de que su esposa, Agripina, le sirviera un plato de ellas en la cena. También Carlos VI de Habsburgo, murió al consumirlas, no se sabe si por error o también porque alguien cercano lo invitó a una cena indigesta.
Pero aparte de recoger unas pocas especies, me entretuve fotografiando a la mayoría de ellos, que no conocía o que si las conocía, sabía que eran tóxicas o como mínimo insípidas y no recomendables para su consumo. Algunas de ellas, como la Amanita muscaria, seguramente la más reconocible por todos, porque nos la imaginamos con un par de gnomos viviendo en ella, es una seta preciosa que
Esta seta es una de las más bonitas y más fotogénica, sobre todo cuando después de abrirse aún conserva las manchitas blancas características, que son restos de la cobertura externa que se suelen caer después de un tiempo o tras una lluvia copiosa.
El mejor consejo que se puede dar si salís estos días a buscar setas es que solo cojáis aquellas especies de las que estéis completamente seguros de que son comestibles y ante la menor duda, lo mejor es dejar la seta donde estaba. Hay numerosas guías e incluso varias aplicaciones móviles donde podréis entrenaros en su reconocimiento, pero lo mejor es acudir a una sociedad micológica donde nos identificarán cualquier ejemplar o mejor aún salir acompañados de alguien experto.
Y si no recogéis ninguna no pasa nada, siempre os podréis fotografiarlas o simplemente disfrutar de un paseo por el bosque, en la que sin duda es la estación más bonita del año.