Estrategia de formas

Publicado el 04 octubre 2016 por Pelearocorrer @pelearocorrer

Diez meses después de las primeras elecciones de este ciclo extraño, la postura del PSOE sigue sin definirse con claridad. Hay una edad, frisando la adolescencia, en la que la sexualidad no termina de poner los dos pies en una orilla u otra, a veces uno se queda en perpetuo equilibrio entre ambas. ¿Será este el caso del PSOE? Sus dudas abonan cada vez más la idea que sembró Podemos: ambos partidos (PP – PSOE) son la misma cosa. En esta puesta en escena que ahora protagoniza un mesurado Javier Fernández veo las mismas dudas con una diferencia: ya no hay alternativa. Gobernará el Partido Popular, la cuestión es saber cómo.

Hay algo que va quedando claro: Podemos lo tendrá muy difícil para llegar a la Moncloa, así como cualquiera que trate de acercarse a él. Pareciera un asunto de la mafia. Los amigos de los apestados serán señalados. Javier Fernández ya ha dejado claro que el problema de Sánchez fue que podemizó el partido. Podemos es el problema. Las dudas del PSOE son en realidad una coartada para dejar que el tiempo opere y no se note mucho que su abstención facilitará un Gobierno de su eterno rival. Mientras el partido socialista deshoja la margarita los populares esperan con el hacha de unas terceras elecciones sobre la cabeza de los de Ferraz. Todo el mundo sabe desde hace tiempo que el PSOE se abstendrá, lo que también está por ver es cómo lo hará, bajo qué términos.

La política se ha convertido en una estrategia de formas. Un postureo hipócrita donde gana el que mejor finge ser lo que no es. No importa qué clase de verdad digas, importa cómo lo digas. En un mundo carente de significado el significante es el mensaje, o como diría McLuhan el medio es el mensaje. En la misma entrevista que cité más arriba asegura Javier Fernández que la esencia del PSOE no es liderar la izquierda si no ser un partido de mayorías, esto es, tener siempre opciones de gobernar. Ya no importa qué mensaje emite el PSOE, importa únicamente ver cómo el partido se ha enfangado en una guerra de la que nadie quiere responsabilizarse. La desintegración del PSOE está inscrita en su ADN, una especie de autodestrucción similar a aquellos mensajes del inspector Gadget que avisaban antes de explotar.

Es curioso ver cómo el problema de la formación de Gobierno se ha trasladado a los partidos que en puridad no tienen la responsabilidad de formar Gobierno (porque no han recibido el encargo por parte del Rey). Es el partido popular el encargado de negociar un Gobierno que sume los suficientes apoyos para que se garantice un mínimo de estabilidad en un plazo de tiempo razonable, un Gobierno que pueda al menos aprobar unos presupuestos generales y alguna ley que justifique el sudor del parlamento, pero hemos visto más ajetreados al resto de partidos que a los populares. La presión no la debe asumir el PSOE, la debería asumir Rajoy, los de Ferraz no han sabido interpretar el momento y tienen cada vez más voces y menos acuerdo. En ese ruido se va desangrando el histórico partido, perdido en su multicefalia.


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