Revista Religión

Evangelización y control social en la doctrina de canta

Por Joseantoniobenito

LEÓN FERNÁNDEZ, Dino Evangelización y control social a la doctrina de Nuestra Señora de la Limpia, Purísima e Inmaculada Concepción de Canta. Siglos XVI y XVII Fondo Editorial: Unidad de Post Grado de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNMSM. Lima 2010 304 pp

El autor es director de la prestigiosa revista sanmarquina de Historia “Ukupacha”. El trabajo es fruto de cuatro años de investigación para su maestría. Este es su segundo trabajo voluminoso sobre evangelización, tras su tesis de licenciatura “Organización, desarrollo y realidad de las parroquias indígenas en el arzobispado de Lima colonial. El caso de la doctrina de Cañete. Siglos XVI y XVII”.

Como afirma el Doctor Waldemar Espinoza en la presentación del libro: “Dino León Fernández conoce las fuentes primarias y secundarias de la historia de la doctrina de Canta: las existentes y dadas a luz en España y el Perú, las enumera sin faltar prácticamente nada. Su consulta le ha permitido delinear íntegramente el proceso estructural de los siglos XVI y XVII. Nuestro deseo es que avance esta temática, pero ya no a nivel local ni regional, sino virreinal”. (p.12)

La obra se articula en cuatro capítulos: En el primero, Manejo del espacio geográfico, la demografía y la evangelización, se ubica el territorio y se destaca su rol protagónico en la época prehispánica en torno al señorío de Los Atavillos con ocho ayllus gobernados por el curaca Libia Guaranga. El capítulo segundo, se centra en las visitas pastorales y eclesiásticas a la doctrina de Canta, dando cuenta del perfil del visitador, el proceso, los participantes como el prelado, el juez visitador, el doctrinero, el visitador, para darnos a conocer cuál es el estado del adoctrinamiento de la población, las rentas, el ornato de la iglesia matriz, el comportamiento del sacerdote en la administración de los sacramentos; se incluyen las visitas de Mogrovejo, Lobo Guerrero, Gonzalo de Campo. El autor agota la documentación del AGI de Sevilla y del Archivo Arzobispal de Lima, así como la bibliografía peruana y española existentes, ensayando síntesis y pareceres como cuando nos habla de Santo Toribio: “En suma, fueron visitadas cuatro doctrinas y sus veintiocho anexos. Es decir, 32 pueblos o reducciones…con 6.333 habitantes, de los cuales recibieron la confirmación 2.142” p. 102

El tercer capítulo estudia el funcionamiento y las realidades la Iglesia y de la economía, en especial la administración socioeconómica de la doctrina, dando cuenta del salario de los doctrineros, las quejas de los indígenas contra sus párrocos.

Por último, el cuarto, trata de las visitas de idolatrías a la doctrina de Canta, mostrando el magisterio conciliar y sinodal acerca de la idolatría, la atención de los prelados, las funciones del juez visitador y sus contradicciones internas, las denuncias anónimas de hechicerías y los castigos de los idólatras.

Como conclusión fundamental destaca el autor el protagonismo de la Iglesia Católica en la colonización. Dentro de esta institución, los “sacerdotes canteños, aparte de dedicarse a la evangelización, funcionaban como eficaces extractores del excedente indígena, apropiándoselo por diversos medios o mecanismos extraeconómicos e incorporándolo en su mayor parte al expansivo mercado urbano colonial” (p.231) y al interno comunitario. Las visitas sirvieron de control y constituyeron una suerte de encuestas socioeconómicas que verificaban in situ el grado de adoctrinamiento de la población de Canta, así como la vida y costumbres de los curas doctrineros con una minuciosidad extrema. Queda, así, “escaneada” toda la práctica religiosa, unas veces como inventario, otras como denuncia. Sorprende de este modo cómo por ejemplo Santo Toribio visitó su inmensa diócesis de acuerdo con el mandato tridentino sin que se ocupe de acusaciones antiidolátricas, pero tres años más tarde, con su sucesor Lobo Guerrero, en medio del pleito del cura doctrinero de Huarochirí y sus feligreses, se organizan las visitas de idolatrías en el arzobispado de Lima y “la palabra se vuelve denuncia y acusación” (p.233)

Se ofrece al final una rica bibliografía y un valioso apéndice documental en el que se transcriben las declaraciones de varios indios en la visita de Pedro de Quijano Benellos, cura de Canta y Pariamarca, en 1656, y la causa criminal contra varios indios acusados de hechicería en la visita de Nicolás Rodríguez, en la doctrina de San Juan de Lampian, 1659, en el Archivo Arzobispal de Lima.

Estudios como el presente nos ayudan –más allá de sus prescripciones jurídicas o buenas intenciones- a conocer el entramado real y cotidiano de una doctrina de indios, unidad sobre la que se estructuró la evangelización en América y, en particular, en el Perú.


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