Revista Salud y Bienestar

Evitar la deshidratación en bebés y niños pequeños durante una ola de calor

Por Mrsrosaperez @mrsrosaperez

Vamos a hablar de un tema que preocupa mucho a las familias cuando llegan las altas temperaturas, es importante cómo evitar la deshidratación en lactantes y niños pequeños.

Durante una ola de calor, los bebés y los niños y niñas menores de 4 años son especialmente vulnerables. Y muchas veces, los primeros signos de deshidratación pueden pasar desapercibidos.

Para saber cómo prevenirla, cómo detectarla a tiempo y cuándo debemos consultar con urgencias, sigue estos consejos.

Lo primero que quiero que recuerdes es esto: un niño o niña necesita hidratarse más que una persona adulta.

¿Por qué?

  • Porque su cuerpo tiene una mayor proporción de agua.
  • Porque regulan peor la temperatura.
  • Porque sudan menos, especialmente los menores de 4 años.
  • Y porque muchas veces no saben pedir agua o no reconocen bien la sensación de sed.

Además, los bebés dependen completamente de nosotros para mantenerse frescos e hidratados. Por eso, en los días de mucho calor, no debemos esperar a que pidan agua o a que lloren.

¿Los bebés necesitan agua? Esta es una de las dudas más frecuentes.

Menores de 6 meses: si el bebé toma lactancia materna o fórmula, no necesita agua adicional. Lo que sí debemos hacer es ofrecer el pecho o el biberón con más frecuencia durante los días de calor. Y un detalle importante para las madres lactantes: vosotras sí debéis aumentar la ingesta de agua y de alimentos ricos en agua, porque una buena hidratación materna ayuda a mantener la producción de leche. Desde los 6 meses ya podemos ofrecer agua de forma frecuente, aunque el niño no la pida.

Vamos con las medidas que más ayudan a prevenir la deshidratación.

1. Mantenerlos en lugares frescos

  • Busca sombra o espacios climatizados.
  • Evita salir en las horas centrales del día, especialmente entre las 12 y las 18 horas.
  • Y recuerda: no cubras el carrito del bebé con una tela. Aunque parezca que protege del sol, la temperatura dentro del carrito puede aumentar mucho.

2. Ropa adecuada

  • Usa tejidos naturales, como algodón o lino.
  • Ropa ligera y holgada.
  • Y deja parte de la piel descubierta para facilitar la pérdida de calor.

3. Ofrecer agua con frecuencia

A los niños mayores de 6 meses debemos ofrecerles agua muchas veces al día, incluso si están jugando y no la piden. Evita bebidas azucaradas, refrescos y zumos. El agua es la mejor bebida para hidratar.

4. Vigilar el pañal

En los lactantes, una señal muy útil es comprobar que mojan al menos 5 o 6 pañales al día. Si el pañal permanece seco durante muchas horas, debemos estar atentos.

5. Alimentos con mucha agua

Ofrece frutas frescas como:

  • sandía,
  • melón,
  • pera,
  • melocotón,

y también sopas frías o purés suaves.

Y quédate conmigo, porque en la siguiente parte te voy a enseñar cómo reconocer los primeros signos de deshidratación en un bebé y en un niño o niña pequeña, y cuáles son las señales de alarma por las que debemos consultar con urgencia.

Ahora viene la pregunta más importante: ¿Cómo podemos saber si un bebé o un niño o niña se está deshidratando?

Porque la mayoría de las veces la deshidratación no aparece de repente. El cuerpo suele ir dando pequeñas señales antes de que el problema sea grave. Y cuanto antes las detectemos, más fácil será actuar.

En los lactantes menores de seis meses, hay algunas señales que debemos vigilar especialmente.

Por ejemplo:

  • que mame menos de lo habitual,
  • que esté más irritable o, por el contrario, demasiado adormilado,
  • que tenga la boca seca,
  • que moje menos pañales de lo normal.

Un bebé bien hidratado suele mojar entre cinco y seis pañales al día. Si pasan muchas horas sin hacer pipí, es una señal de alarma que no debemos ignorar.

También podemos fijarnos en el llanto. Si llora con pocas lágrimas o incluso sin lágrimas, y además tiene la boca seca, probablemente está perdiendo más líquido del que está recuperando.

En los bebés pequeños incluso puede apreciarse que la fontanela, esa zona blandita de la cabeza, está algo hundida cuando la deshidratación es importante. Ese es un signo que requiere valoración urgente.

En los niños un poco más mayores las señales cambian un poco. Ellos ya pueden decirnos que tienen sed, aunque muchas veces no lo hacen porque están entretenidos jugando. Por eso no debemos esperar a que nos pidan agua.

Hay otros signos que nos pueden indicar que empiezan a deshidratarse.

Observa si:

  • está más cansado de lo normal,
  • tiene menos ganas de jugar,
  • está irritable,
  • tiene dolor de cabeza,
  • se marea,
  • o le cuesta concentrarse.

Y muy importante, fíjate en la orina. Si la orina es muy amarilla, muy concentrada o hace muchas horas que no hace pis, probablemente necesita beber más líquidos. También puede aparecer estreñimiento o heces más secas porque el organismo intenta ahorrar toda el agua posible.

¿Qué hago si creo que mi hijo se está deshidratando?

Lo primero, no esperar. Cuanto antes empecemos a reponer líquidos, mejor. Si el niño está despierto, activo y puede beber sin problemas, debemos ofrecerle agua en pequeñas cantidades y de forma frecuente. No hace falta que se beba un vaso entero de golpe. Es mucho más efectivo ofrecer pequeños sorbos cada pocos minutos.

En el caso de un bebé menor de seis meses, lo que debemos hacer es ofrecer el pecho o el biberón con más frecuencia. No sustituimos las tomas por agua. Simplemente aumentamos la frecuencia de las tomas. Y aquí hay un error muy frecuente: pensar que cualquier bebida hidrata igual y no es así.

Las bebidas azucaradas, los refrescos, los zumos o las bebidas energéticas no son una buena opción para hidratar a un niño. De hecho, el exceso de azúcar puede favorecer aún más la pérdida de agua. La mejor bebida sigue siendo la misma de siempre: el agua.

Además del agua, también podemos ayudar con alimentos ricos en agua. Frutas como la sandía, el melón, el melocotón o las fresas. Verduras frescas. Gazpacho o sopas frías, según la edad del niño. Todo suma. Porque hidratar no es solo beber. También es bueno comer alimentos con mucha agua.

Pero hay una situación diferente. Si el niño o niña tiene vómitos o diarrea, en ese caso no siempre es suficiente con darle agua, porque no solo pierde agua, también pierde sales minerales y electrolitos. Por eso, en estas situaciones, la recomendación es utilizar soluciones de rehidratación oral que podemos comprar en la farmacia y que están preparadas específicamente para reponer esas pérdidas.

Y si el niño vomita todo lo que bebe, está muy decaído o no consigue mantenerse hidratado, no esperéis en casa. Debe ser valorado por un profesional sanitario porque, en ocasiones, será necesario administrar suero por vía endovenosa.

En la siguiente parte veremos cuáles son los signos de alarma que obligan a acudir a urgencias, cómo actuar ante un golpe de calor y los errores que seguimos cometiendo cada verano y que pueden poner en riesgo a los más pequeños.

Hasta ahora hemos hablado de cómo prevenir la deshidratación y de qué podemos hacer en casa cuando aparecen los primeros síntomas. Pero hay situaciones en las que no debemos esperar. Porque una deshidratación importante puede evolucionar muy deprisa, especialmente en los lactantes y en los niños más pequeños. Por eso es fundamental reconocer las señales de alarma.

Debéis acudir a un servicio de urgencias si vuestro hijo o hija:

  • está muy adormilado o cuesta despertarlo,
  • rechaza beber líquidos,
  • vomita todo lo que toma,
  • lleva muchas horas sin hacer pis,
  • respira con dificultad,
  • tiene la boca muy seca y los ojos hundidos,
  • o notáis que cada vez está peor.

En un lactante pequeño también debemos preocuparnos si la fontanela está hundida, pierde peso rápidamente o presenta un llanto muy débil o sin lágrimas.

Y hay tres síntomas que nunca debemos normalizar.

Si un niño presenta:

  • pérdida de conocimiento,
  • convulsiones,
  • o está muy confuso,

hay que llamar inmediatamente al 112 porque estamos ante una emergencia.

Muchas familias piensan que una deshidratación y un golpe de calor son lo mismo, y no exactamente. La deshidratación es la pérdida excesiva de agua y sales minerales. El golpe de calor ocurre cuando el cuerpo deja de ser capaz de controlar su temperatura y esta aumenta de forma muy importante. Pero sí están muy relacionados. Un niño deshidratado tiene muchas más posibilidades de sufrir un golpe de calor. Y cuando ambos problemas aparecen juntos, la situación puede ser muy grave.

¿Cómo podemos sospechar un golpe de calor?

Si el niño o niña tiene:

  • una temperatura corporal muy elevada,
  • la piel muy caliente,
  • está confuso,
  • muy somnoliento,
  • o incluso pierde el conocimiento.

debemos actuar inmediatamente.

Lo primero es llevar al niño a un lugar fresco o con aire acondicionado. Retirar el exceso de ropa. Refrescar la piel con paños húmedos o agua fresca. Nunca con agua helada. Y llamar al 112. Si está despierto y puede tragar con normalidad, podemos ofrecer pequeños sorbos de agua. Pero si está confundido o ha perdido el conocimiento… No debemos darle nada por la boca, porque podría atragantarse. Y si pierde el conocimiento pero respira, lo colocaremos en posición lateral de seguridad mientras esperamos la llegada de los servicios de emergencia.

Antes de terminar, quiero compartir con vosotros cinco errores que sigo viendo cada verano y que podemos evitar muy fácilmente.

Error número uno.

Esperar a que el niño o niña tenga sed. Cuando un niño dice que tiene mucha sed, su organismo ya ha empezado a perder agua. Lo ideal es ofrecer agua frecuentemente, aunque no la pida.

Error número dos.

Cubrir el carrito del bebé con una muselina o una manta para protegerlo del sol. Parece una buena idea… pero ocurre justo lo contrario. El aire deja de circular y la temperatura dentro del carrito aumenta rápidamente. Es mucho más seguro utilizar la capota y buscar siempre la sombra.

Error número tres.

Pensar que los zumos o los refrescos hidratan igual que el agua. No, la mejor bebida para hidratar sigue siendo el agua. Y en los lactantes menores de seis meses, el pecho o el biberón.

Error número cuatro.

Salir a hacer deporte o jugar al parque durante las horas de máximo calor. Siempre que sea posible, evitad la actividad física intensa entre las doce del mediodía y las seis de la tarde durante una ola de calor. Y recordad ofrecer agua antes, durante y después del ejercicio.

Y el error número cinco.

El más peligroso. Dejar a un niño solo dentro de un coche, aunque sea solo unos minutos, aunque el coche esté a la sombra, aunque las ventanillas estén abiertas. La temperatura del interior del vehículo puede aumentar de forma muy rápida y poner en peligro su vida.

Si tuviera que resumir todo este vídeo en una sola idea sería esta: La deshidratación se puede prevenir. Y la mejor herramienta que tenemos no es ningún medicamento. Es crear buenos hábitos. Ofrecer agua con frecuencia. Buscar lugares frescos. Evitar las horas de más calor. Vestir a los niños con ropa ligera. Y estar atentos a las primeras señales que nos envía su cuerpo. La mayoría de las deshidrataciones graves pueden evitarse actuando unos minutos antes. Y eso está en nuestras manos.

Si este vídeo te ha resultado útil, compártelo con otras mamás y papás. Estoy segura de que puede ayudarles a proteger mejor a los más pequeños durante este verano. Y si quieres seguir aprendiendo sobre primeros auxilios, urgencias pediátricas y educación para la salud basada en la evidencia, te espero en El Blog de Rosa.

Detectar deshidratación en el recién nacido. Del Hospital de Sant Joan de Deu

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